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Más que un grupo de autoyuda en Los Monegros contra la violencia de género 

El proyecto, que nació en Los Monegros y que está siendo exportado, forma a mujeres maltratadas ya en fase de recuperación para que ayuden a otras desde su experiencia.

Encarna Palma, Elena Sánchez y Elena Planas, las trabajadoras del Centro Comarcal de Servicios Sociales implicadas en el proyecto.
Encarna Palma, Elena Sánchez y Elena Planas, las trabajadoras del Centro Comarcal de Servicios Sociales implicadas en el proyecto.
P.P.

Ana (nombre ficticio) creía que los celos de su expareja eran una señal inequívoca de verdadero amor. Sentía que era una evidencia de lo mucho que la quería y durante años disculpaba sus comportamientos. "Me parecía lo normal y además, creía que era feliz", explica. Al principio, era algo sutil y después, evidente, hasta dar el salto a las agresiones físicas diarias.

Hace ya seis años, Ana se separó de forma definitiva de su agresor y en la actualidad, es una de las seis mujeres que forman parte de un proyecto pionero desarrollado en Los Monegros, ‘Tejiendo Sororidad’, que está impulsado por el Centro Comarcal de Servicios Sociales y que ya ha sido exportado a otras comarcas del Alto Aragón. Su objetivo es empoderar a las mujeres que como Ana se encuentran en una fase avanzada de recuperación, formándolas y dándoles la posibilidad de ayudar a otras víctimas a través de su testimonio y experiencia. Se trata de algo más que un grupo de autoayuda. De hecho, el fin último es que lleguen a intervenir de forma individualizada y puntual en el protocolo comarcal de actuación contra la violencia de género, siempre a propuesta de las profesionales.

El proyecto se inició en 2021 y se desarrolla por fases. En la primera de ellas, las seis mujeres recibieron formación básica sobre violencia de género y ahora, han sido incluidas en el proceso de difusión del proyecto. Hace unos días, dos de ellas aportaron su testimonio en una charla dirigida a alumnado de un curso específico de detección y actuación en violencia de género impartido por el Inaem en Huesca. De forma paralela, han seguido en estrecho contacto, afianzando el grupo creado, y ahora, van a recibir formación más específica, con el fin de completar su preparación y llegar a formar parte del proceso de intervención. El camino está siendo muy beneficioso.

Hablar y compartir

"Nos ha dado la oportunidad de hablar y compartir muchas cosas, y eso nos ha ayudado", indica Ana. Y es que, tal y como explica la trabajadora social del Centro Comarcal de Servicios Sociales de Los Monegros, Elena Planas, las sesiones formativas "han cubierto una doble vertiente, la pedagógica y luego, la terapéutica, ya que resulta sanador verse en la teoría y, al mismo tiempo, en el espejo en el que se convierten tus compañeras". "La teoría les ha permitido poner palabras a aquello que habían vivido y, al mismo tiempo, han podido entender y validar sus propias emociones o acciones", añade. También tiene el mismo efecto su participación en las acciones de difusión.

Además de ello, al llegar a convertirlas en agentes activas contra la violencia de género, el proyecto permite reconocer su valía, "reforzando su autoestima y bienestar", explica la psicóloga de la Comarca, Encarna Palma. También van a ser el mejor ejemplo de que "existe otro camino y un futuro" y, al mismo tiempo, su experiencia ayudará a otras mujeres a sentir mayor confianza en el sistema y en las profesionales.

La implicación de estas mujeres puede ser fundamental en momentos claves del proceso de recuperación de una víctima de violencia de género. El primer paso suele ser muy complicado, ya que la mujer está atenazada por sentimientos de vergüenza, culpa o miedo que son fruto de los desprecios, amenazas o agresiones de su maltratador. Ana es un ejemplo. "Durante mucho tiempo, tuve la sensación de que era la única a la que le sucedía y además, sentía miedo y vergüenza", dice. "Nuestra relación comenzó cuando tenía 13 años y cuatro después, me quedé embarazada. No conocía otra cosa", sostiene. En su caso, todo se aceleró cuando quiso ampliar su círculo de amistades y tomó la decisión de comenzar a trabajar. "Él sintió que perdía el control y trató de recuperarlo a golpes", explica.

Al límite

Ana tuvo que verse en una situación límite para reaccionar: molida a golpes en una cama de hospital y con la posibilidad de perder la custodia de sus tres hijos. La mujer tuvo que poner tierra de por medio e inició una nueva vida en Los Monegros, con el máximo nivel de protección. El camino fue difícil. De hecho, asegura que "sin la ayuda recibida hubiera vuelto con mi agresor, por culpa y por miedo". "Me hubiera ayudado mucho hablar con otra persona que hubiera pasado por lo mismo y por ello, formo parte de este grupo. Me gustaría llegar a tener la oportunidad de ayudar a otras, escucharlas y decirles que existe otro camino", concluye.

Tania (nombre ficticio), vecina de Los Monegros, es otra de las mujeres implicadas en el proyecto ‘Tejiendo Sororidad’. A ella, esta iniciativa le ha ayudado a sanar, al verse comprendida, ya que "nadie te entiende mejor que aquella que ha pasado por la misma situación".

A esta joven monegrina le costó mucho reconocerse como una víctima y romper con su agresor. Durante los primeros meses, la relación con su expareja parecía casi perfecta. A los ojos del resto, era un novio detallista y atento. "Al principio, todo es tan sutil que ni siquiera le das importancia. Después, intuyes que algo va mal e intentas compartirlo, pero tu entorno minimiza lo que ocurre y te convence de que es lo habitual; así que aguantas y sigues, ya que comienzas a creer que eres tú quién tienen una imagen equivocada de la realidad", explica Tania. Su expareja llegó a violarla y durante un tiempo, arrinconó aquel traumático episodio en su mente, sin llegar a identificarlo ni verbalizarlo. También fue objeto de un continuo maltrato psicológico.

Tania valora mucho los conocimientos adquiridos a través del proyecto ‘Tejiendo Sororidad’, ya que, según explica, ahora se siente "capaz" de identificar situaciones similares en su entorno y considera q’a ayudar a las víctimas. "Sé cómo se sienten, qué decir y dónde pueden acudir", indica.

‘Tejiendo Sororidad’ nació al amparo del proyecto Concilia y en la actualidad, está financiado con fondos del Pacto de Estado.

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