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Mónica Randall: "Aragón forma parte de lo mejor de mi vida"

Barcelona, 1942. Su madre era de Gavín (Huesca). Mítica actriz de cine- ‘Mi querida señorita’, ‘Cría Cuervos’, ‘Retrato de familia’, ‘La escopeta nacional’, ‘Mi general’-, teatro y televisión, donde en los años de la Transición brilló también como presentadora y entrevistadora.

Mónica Randall con su madre, Dolores, que era aragonesa.
Mónica Randall con su madre, Dolores, que era aragonesa.
M.R.

¿Recuerda su infancia como una época feliz?

Sí. Fui una niña muy mimada: era hija, sobrina y nieta única. Tengo un recuerdo especialmente feliz de Huesca. Hasta mis 17 años pasé aquellos largos veranos de tres meses entre Jaca, Biescas y Gavín, el pueblo de mi madre Dolores. Soy medio aragonesa. Aragón forma parte de lo mejor de mi vida.

¿Qué le hizo reír por primera vez?

Mi padre Enrique. Tenía un gran sentido del humor, muy irónico.

¿Qué le hizo llorar?

El primer día que mi madre me dejó en el colegio de monjas. Recuerdo con horror el momento en el que la veía alejarse.

¿Qué era en el patio del colegio?

La tímida.

¿Se sentía especial?

Un poquito. Cuando fui al colegio ya sabía leer y escribir. Mi abuelo me enseñó a leer con La vanguardia.

¿Recibió algún castigo que le dejara huella?

Era una niña buenísima, no hablaba por no ofender.

¿Qué es lo que más le gustaba hacer cuando no estudiaba?

Era muy 'costurerita', gracias a las monjas. También me gustaba mucho disfrazarme.

¿Algún complejo que le amargara?

Tenía los dientes torcidos.

¿Cuál fue la calle de su infancia en Aragón?

En Jaca, la zona del Banco de la Salud.

¿Qué vuelve a su memoria con más frecuencia?

Los paseos con mi madre en Jaca. Eran maravillosos, por el Banco de la Salud y por encima del río Aragón, con la luz del atardecer y una gran sensación de paz. Otro episodio: con cinco años pillé en Gavín la tosferina y me pasé cinco meses allí. Se me olvidó hablar el catalán.

¿Echa de menos haber hecho algo en su infancia?

Lamento no haber aprendido a tocar el piano. Mi padre no quiso. Tenía una prima solterona y gorda que tocaba el piano y esa imagen debió ser fatal.

¿Tenía conciencia política?

Me la contagió mi padre: me llevaba en Montjuic a ver las barracas de gente pobre. Me decía: “Hija, aquí los Reyes Magos no llegan”. Me parecía algo muy injusto. Desde entonces he sido muy sensible a la injusticia.

¿Qué imagen tenía de Franco?

Pésima. Mi padre había hecho la guerra en el bando republicano. Gavín fue frente de guerra y quedó casi completamente destruido. A unos familiares nuestros los quemaron vivos en un pajar.

¿Era religiosa?

Mi madre siempre lo fue. Pero yo, hacia los diez años, ya no lo veía claro: me producía una sensación extraña hacerle daño a Dios con los dientes cuando comulgaba. Pero iba a misa: si no, las monjas te bajaban la nota.

¿De qué modo le hizo sufrir el sentido de culpa?

Recuerdo lo culpable que me sentí por responderle mal a una niña cojita. Es una culpa que todavía no me logrado sacudir.

¿Qué fobia forjó en esos años?

El miedo a las arañas. Se lo pillé en el cine, cuando vi a una araña gigante que bajaba por una pared en ‘La mujer araña’.

¿Hasta qué punto influía en su conducta el peso del “qué dirán”?

Me lo inculcaron desde que tengo memoria y me influía mucho. A mi pesar, lo sigue haciendo.

¿Cuál fue su primer contacto con la muerte?

La muerte de mi abuelo Isidro. Tenía unos siete años y me causó el primer gran dolor de mi vida. Me recuerdo mirándole por la puerta entreabierta del cuarto en el que yacía.

¿Cómo ganó su primer dinero?

Como modelo para unas fotos publicitarias. Tenía unos 17 años.

¿Hizo alguna locura o disparate que le guste recordar?

Era extremadamente sensata. Mi locura fue apuntarme al Instituto del Teatro de Barcelona, en contra de la opinión de mi madre. Para ella, ser actriz era pecado, era lo peor. Ella era muy cinéfila y adoraba a las actrices. Pero no quería que su hija fuera una de ellas. Luego, estuvo encantada, cuando comprendió que éramos gente normal, pero con otros horarios ¡¡¡ja ja ja!!!

¿Cuáles fueron las primeras estrellas de cine que le fascinaron?

La Ann Blyth de ‘El mundo en sus manos’ y la Elizabeth Taylor de ‘Mujercitas’. Y Audrey Hebpurn y Grace Kelly, tan guapas y elegantes.

¿Y la primera persona que, en la vida real, le provocó una emoción inolvidable?

Un vecinito que era monísimo. Me alteraba mucho cada vez que le veía. Pero era tan tímida que nunca le dije nada.

¿Cuál fue la primera canción que memorizó?

Alguno de los cuplés de Raquel Meller que cantaba mi tía.

¿Había alguna persona que conociera – que no fuera de su familia- a la que admirara de un modo especial?

Un amigo de mis padres al que le gustaba mucho la astronomía. Le escuchaba arrebatada. Le llamábamos ‘el astrónomo’, como es natural.

¿Qué personalidad internacional fue para usted una referencia?

Simone de Beauvoir, tras leer “El segundo sexo”. Y Jane Fonda, por su rebeldía.

¿Quiénes fueron sus grandes amistades en los veranos en Aragón?

Mis primos. Jugaba con ellos todo el rato, subíamos por las montañas, cogíamos truchas en el río y, subidos en el trillo, dábamos vueltas a la era. Era algo que me encantaba.

De todo lo que le enseñaron sus padres, ¿qué es lo que caló en usted con más fuerza?

Que nunca hiciera nada de lo que me pudiera avergonzar.

¿Hay algún defecto que detectara en su infancia y que aún no ha logrado superar?

Soy perezosa, siempre lo he sido. Detesto eso en mí.

¿Cuál fue su gran alegría? ¿Y la gran tristeza?

La gran alegría, cuando nos íbamos los veranos a Gavín, Biescas y Jaca: tres meses por delante de total libertad, la vida sin reglas. La gran tristeza, cuando descubrí quienes eran en realidad los Reyes Magos. Se me hundió el mundo. Les reproché a mis padres que me hubieran mentido, con lo que ellos me habían enseñado a despreciar la mentira.

Si pudiera viajar en el tiempo y regresar a sus primeros años en Aragón durante un día, ¿a qué día volvería?

A uno de esos días en los que subíamos a pie a Ordesa, oliendo a naturaleza, envueltos en aquella magia inolvidable.

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