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Pandemia de residuos: ¿qué hacemos con las mascarillas?

Nacen las primeras iniciativas para reciclar este producto sanitario en nuevos materiales.

El viaje de una mascarilla covid hasta el vertedero.
El viaje de una mascarilla covid hasta el vertedero.
Javier Belver

Al final del día, un mínimo de dos mascarillas por ciudadano, 5 gramos de plástico, acaban en el cubo de la basura de restos que van al vertedero. Si sumamos el uso que en todo el mundo se da a estos productos de higiene personal, cada mes el medioambiente asume la presencia de 350 toneladas de este desecho no reciclable.

Esto, con suerte. Porque desde que irrumpiera la pandemia de la covid-19, no es raro ver mascarillas olvidadas en cualquier parte: en el suelo, en el mar, en cualquier parque. Son un objeto más de la basura, conviviendo con chicles, latas de refresco y excrementos de perro. Se puede afirmar que las mascarillas son las nuevas colillas.

La OMS ha realizado un estudio sobre el impacto que esta pandemia está teniendo en la generación de residuos, teniendo en cuenta también la proliferación de equipos de protección personal y test de antígenos.

Según sus cálculos, solo entre marzo de 2020 y noviembre de 2021 se compraron en todo el mundo 87.000 toneladas de equipos de protección personal (EPP) a través de una iniciativa conjunta de Naciones Unidas.

Además, se han enviado más de 140 millones de kits de pruebas, que podrían generar 2.600 toneladas de desechos no infecciosos (principalmente plástico) y 731.000 litros de desechos químicos (el equivalente de una tercera parte de una piscina olímpica).

Solo las vacunas (más de 8.000 millones de dosis) suponen 144.000 toneladas de desechos en forma de jeringas, agujas y contenedores de seguridad.

Reciclar un material sensible

En nuestro país existen diferentes protocolos y normativas que tratan la recolección, tratamiento y recuperación de estos residuos. Pero según la OMS, el 30% de los establecimientos de atención de salud (el 60% en los países menos adelantados) no están equipados para manejar los montones de residuos existentes, y mucho menos los montones de desechos adicionales generados por la covid-19.

En nuestro país, los centros sanitarios son los encargados de recoger estos materiales y separarlos por categorías (dado que no es lo mismo una mascarilla que una aguja o una gasa manchada de fluido corporal). Algunos de estos residuos deben ser guardados en contenedores especiales. Todos los centros deben tener un almacén autorizado para guardar, de manera temporal, esta basura.

Estos residuos son posteriormente recogidos y transportados (según la normativa por empresas especializadas y autorizadas. Su destinos son instalaciones de transferencia o plantas de tratamiento final, donde se aplican diferentes métodos para eliminar estos residuos biosanitarios, cumpliendo criterios como inocuidad, asepsia y salubridad. El fin último no es solo eliminar cualquier rastro de gérmenes, sino que no se acabe generando un problema para el medio ambiente.

Destino: el pavimento de la ciudad

Para lograr este reto, se suelen utilizar técnicas como la incineración y/o esterilización.

Sin embargo, las mascarillas han pasado de ser un producto de uso exclusivo por el personal sanitario a estar presente en todos los hogares, por lo que la pregunta inevitable que surge es cómo podemos eliminar este residuo.

Los científicos han llevado a cabo estudios e investigaciones para intentar dar respuesta a esta pregunta. El objetivo es conseguir un enfoque colaborativo multidisciplinario para luchar contra la pandemia y reducir los riesgos ambientales asociados con la eliminación de equipos de protección personal (EPP) usados.

Algunas propuestas mantienen que el reciclaje de las mascarillas usadas con otros materiales de desecho en las construcciones civiles puede ser una medida efectiva y que puede permitir crear pavimento más resistente. En esta investigación, por primera vez, se realizaron una serie de experimentos que incluyeron pruebas para su aplicaciones de base y subbase de carreteras.

Los autores del estudio aseguran que introducir mascarillas trituradas no solo aumentó la resistencia y la rigidez del material, sino que también mejoró la ductilidad y la flexibilidad de las mezclas.

Como fuente de energía

No es la única propuesta de dar una nueva vida útil a las mascarillas que ya hemos usado. La empresa Nantek ha ideado un sistema por el que se puede transformar este residuo en combustible.

Carlos Uraga, fundador de esta compañía, explica que su empresa desarrolló un sistema químico que permite convertir el plástico en combustible de segunda vida e hidrógeno. El resultado se vende principalmente a la industria del transporte, así como a la de gas y generación de combustibles. "Es introducir una segunda vida a los plásticos y reducir el problema de contaminación que supone. En lugar de que acabe en los vertederos, lo convertimos en materias primas de segunda vida y hacemos economía circular", detalla.

Con la llegada de la covid, Nantek se planteó si también podían usar las mascarillas, "que son plástico puro y duro, de un solo tipo, y de una sola capa" para generar este combustible de segunda vida. "Hicimos una prueba y vimos que se podía, y que el resultado logrado era un combustible de buena calidad".

Así, las mascarillas que recogen se mezclan con el resto del plástico y se meten en un reactor que funciona a 450-500 grados de temperatura y a mucha presión. "Esto garantiza que cualquier bacteria y virus que pudiera ver en las mascarillas se eliminen", subraya Uraga.

El reto de la recogida

Situados en Bilbao, Nantek asegura que recoge mascarillas de toda España, especialmente de grandes empresas que puedan recoger mucha cantidad de unidades al cabo del día.

Además, también tienen instalados contenedores especiales en algunos hospitales para recoger aquellas que no vienen de quirófano. "Los hospitales están muy acostumbrados a separar todos los residuos, así que con ellos es muy fácil este proceso", asegura.

Según sus cálculos, hasta ahora han recogido más de 60 toneladas de mascarillas. Teniendo en cuenta que cada una de ellas pesa unos 23 gramos, son cientos de miles de unidades.

Por cada kilo de mascarillas, esta compañía es capaz de obtener un litro de combustible, aproximadamente. Nantek asegura que está preparada para poder reciclar las mascarillas que, diariamente, usamos todos.

Para eso, el escenario ideal sería que se eliminasen en el contenedor de los plásticos, pero en una bolsa independiente del resto de elementos, a fin de evitar posibles contagios e infecciones. Una vez en las plantas de reciclaje, las empresas deberían ser capaces de separar las mascarillas y enviarlas a estas plantas de tratamiento especial.

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