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Jaime Santirso, periodista: "Mientras China mantenga su arquitectura política, no sabremos el origen del covid"

Fue uno de los siete periodistas extranjeros en Wuhan cuando cerraron la ciudad, una cobertura que narra en 'Los primeros días'.

"Estar en Wuhan esos primeros días fue una suerte y una desgracia", asegura el periodista Jaime Santirso.
"Estar en Wuhan esos primeros días fue una suerte y una desgracia", asegura el periodista Jaime Santirso.
R. P.

Al contrario de lo que muchos piensan, a los periodistas, como al resto de los mortales, no nos gustan las catástrofes. Pero, si ocurren, queremos estar allí los primeros. Con menos de 30 años, Jaime Santirso vivió la "cobertura soñada" de todo reportero: hallarse justo en el epicentro de una tragedia mundial.

Nacido en Gijón en 1990 y graduado en Periodismo por la Universidad de Navarra, Santirso lleva en China desde 2014 y se ha incorporado a la corresponsalía de 'ABC' en Pekín. El 23 de enero de 2020 fue uno de los siete periodistas internacionales que estaban en Wuhan cuando fue cerrada por el coronavirus, una cobertura que le brindó el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid al Mejor Periodista Joven del Año. Fruto de aquella experiencia ha escrito 'Los primeros días' (Altamarea Ediciones).

¿Qué ha supuesto esta cobertura para su carrera y su vida?

Estar en Wuhan esos primeros días fue una suerte y una desgracia. Desde el punto de vista personal, fue verse atrapado en el epicentro de una pandemia de la que, en enero de 2020, no se sabía prácticamente nada. Pero, desde una perspectiva profesional, tener la oportunidad de formar parte de un grupo tan reducido de periodistas y ser testigo de ver cómo cambia el mundo es un privilegio.

¿Qué fue lo que más le marcó?

Fueron muchas cosas porque la incertidumbre era absoluta. Cada momento era único. Me impresionó mucho entrevistar a la madre de una de las primeras infectadas a las puertas de un hospital, buscando a su hija. También a otra persona que estaba tosiendo en la puerta de otro hospital y luego no he podido encontrar.

¿Pasó miedo?

Sí. Pero, una vez allí, el miedo pasa a un segundo plano ante la exigencia profesional.

¿Qué le contaba la gente en Wuhan?

Hablar con la gente en China es complicado, sobre todo si te presentas como periodista e intentas recabar la opinión ciudadana. Por muchos motivos, como el escepticismo hacia la prensa extranjera que han fomentado las autoridades. La gente sabe que habla con un periodista extranjero y adopta el discurso oficial. La mayoría de las personas que entrevisté apoyaban el cierre y al Gobierno central, dejando sus críticas solo para las autoridades locales y regionales.

¿Cuál es el objetivo de 'Los primeros días'?

Este libro pretende retratar cómo el mundo cambia de repente, desde la perspectiva de una persona en primera línea del frente. Primero con una visión histórica general que tiene un interés especial por ocurrir en un país como China, donde todo está sometido a los designios del Partido Comunista y se convierte en una herramienta ideológica. El único contrapeso que tiene es la prensa extranjera, que puede contar lo que ocurre de acuerdo a criterios informativos.

¿Se sabrá algún día el origen del coronavirus?

Mientras China mantenga la arquitectura política actual, no lo sabremos. Si algún día el sistema político se liberaliza. No sé si la respuesta está en algún cajón de Zhongnanhai (residencia del presidente Xi Jinping). Pero lo que no hay son las circunstancias para investigar lo que ocurrió en Wuhan a finales de 2019 y, mientras ese entorno político continúe, la pregunta permanecerá sin respuesta.

¿Cuál es la situación ahora en el país?

China ha optado por un modelo cerrado para gestionar la pandemia y tiene muchos menos casos porque se ha aislado. Así se han salvado muchas vidas, pero este planteamiento tiene presupuestos propagandísticos, como demuestra el hecho de que solo se usan vacunas chinas y no extranjeras pese a ser más efectivas. La apuesta por ese modelo indica que la distancia con el mundo se está agrandando. Su única defensa es el aislamiento, no las vacunas. China lleva ya casi dos años cerrada y eso no es sostenible. En Occidente se intuye que la transición a una situación endémica está próxima y en China no.

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