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Tercer Milenio

Emociones espaciales en torno al telescopio James Webb, contadas por un ingeniero de la ESA zaragozano

Verá el universo como nunca lo hemos visto. Es el mayor telescopio enviado jamás al espacio y protagoniza una emocionante misión. Un ingeniero aragonés retransmitió su lanzamiento.

Begoña Vila y Julio Monreal, listos para comentar el lanzamiento.
Begoña Vila y Julio Monreal, listos para comentar el lanzamiento.
Julio Aprea

“El potente y fiable lanzador europeo Ariane 5 acaba de lanzar, para dar servicio a científicos de todo el mundo, un útil único para explorar los confines más remotos del universo y los exoplanetas. Buena suerte a Webb en su camino hacia el punto Lagrange 2. ¡Felices fiestas y próspero año nuevo!". Con estas palabras despedía Julio Monreal Híjar la retransmisión en español del lanzamiento del telescopio James Webb, el observatorio espacial más grande y complejo jamás construido. 

Era el día de Navidad. Un ligero retraso trastocó los planes familiares de todas las personas involucradas en esta misión, incluido este ingeniero que pensaba estar el 25 en Zaragoza y se vio muy lejos de allí, en el Puerto Espacial Europeo de Kourou (Guayana Francesa). Pero "así son este tipo de operaciones: hay que hacerlas cuando hay que hacerlas, incluso si es el día de Navidad".

Estaba previsto lanzar el 24 por la mañana, y el consultor de Transporte Espacial para la Agencia Espacial Europea (ESA) hubiera llegado a tiempo de comer el 25 con los suyos, pero la ‘meteo’ dictó otra cosa. "Tienes que tener la base ‘go’, lista, pero también influyen elementos externos, y los vientos en altura no eran favorables para lanzar". Que todo saliera según lo previsto fue "el mejor regalo que podíamos esperar", reconoció en la conexión en directo desde el centro de control Júpiter Begoña Vila, ingeniera jefa de Sistemas del Webb en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA.

Pocas cosas hay más emocionantes que una cuenta atrás. A lo largo de su carrera, Monreal ha asistido a más de cien lanzamientos desde Kourou y comenta: "Siempre me preguntan si me estresan, pero no es estrés lo que se vive en un lanzamiento, sino concentración". En este caso, "quizás tensión, porque era una misión especial, única, había que hacerlo todo bien y asegurarse, como de costumbre, por otra parte. Al final, todo salió como estaba previsto".

Colaboración internacional

Tres agencias espaciales han participado durante 25 años en la construcción de este enorme observatorio: la NASA –que lidera el proyecto–, la europea ESA y la canadiense CSA. 

Convenientemente plegado, como un barco dentro de una botella, el telescopio despegó a bordo de un cohete europeo Ariane 5. "Un lanzador con muchísima experiencia, de los más fiables del mundo. La NASA lo sabe –afirma Julio Monreal–. Y de los más potentes: puede llevar, como llevó a la Estación Espacial Internacional (ISS), hasta 20 toneladas". Ahora cargaba 6, pero debía llevarlas mucho más lejos. A casi 1.000 kilómetros, hacia el segundo punto de Lagrange, o L2, que se encuentra más allá de la órbita de la luna, concretamente, a un millón y medio de kilómetros de distancia, cuatro veces más lejos de la Tierra que la luna. Tan lejos que si algo se estropea, no podremos ir a repararlo, como se ha hecho con el telescopio Hubble.

El día de Navidad se lanzó, plegado, el telescopio espacial James Webb, a bordo de un cohete Ariane 5 desde el puerto espacial europeo en Kourou (Guayana Francesa).
El día de Navidad se lanzó, plegado, el telescopio espacial James Webb, a bordo de un cohete Ariane 5 desde el puerto espacial europeo en Kourou (Guayana Francesa).
Bill Ingalls / NASA

Julio Monreal ha trabajado más de 30 años en la ESA, la mayor parte del tiempo en París, "sobre todo en transporte espacial: con los lanzadores Ariane –en el caso del Ariane 5 desde la fase de desarrollo a la operacional– y anteriormente en el vehículo autónomo de transferencia (ATV) de la ISS, en Holanda". Técnicamente jubilado desde hace un año, ahora reside en el sur de Francia, en Aix-en-Provence y la ESA le llama en ocasiones especiales, como el lanzamiento del James Webb. "Necesitaban a un ingeniero que conociera bien los Ariane para comunicar con el público de habla hispana" que siguió la retransmisión del lanzamiento. Y regresó a Kourou, la pequeña ciudad donde, como director de Operaciones del centro espacial, vivió cinco años junto a su mujer y donde nació su hija. Un lugar especial porque su cercanía al ecuador confiere a los lanzamientos una velocidad inicial igual a la velocidad de giro de la Tierra –"eso no lo tienes en Florida", comenta–, y supone un 10% más de carga útil.

Aunque la celebración en Kourou fue pequeña y en grupos reducidos, como marcan el sentido común y la pandemia, sí era enorme la alegría, "como siempre después de un lanzamiento tras años y años preparando la misión de un vehículo espacial y con toda la industria europea trabajando en un lanzador". Hubo buen tiempo, terrazas al aire libre, sabrosos platos de pescado con salsa de leche de coco y arroz en torno a un brindis por la misión cumplida junto a representantes de la NASA y la ESA y con industriales de Ariane Group y Arianespace.

29 días al límite

Misión cumplida... o empezada a cumplir, porque aún quedan muchos momentos de emoción hasta que el nuevo telescopio espacial pueda empezar sus operaciones científicas. La NASA ha sacado un vídeo titulado ‘29 días al borde del abismo’, ya que sus piezas deben abrirse muy despacio durante las primeras semanas, de camino a su punto de destino.

Su espejo de 6,5 metros y su enorme parasol, aún más grande, se han tenido que doblar en un cohete de 5 metros de diámetro. "Este telescopio es muy importante para la ciencia, pero también para la ingeniería espacial", subraya la astrofísica gallega Begoña Vila a Sinc, "porque hasta ahora estamos limitados por el tamaño del cohete y no podemos mandar nada más grande: es el primero que vamos a enviar con el espejo y el parasol doblados, y hay que demostrar que los podemos desplegar en órbita. Se abre un campo nuevo para futuras misiones".

Es la secuencia de despliegue más difícil y compleja jamás intentada en el espacio. Una vez insertado en su órbita en torno a L2, el telescopio espacial más grande y potente de la historia abrirá su óptica, un nuevo ojo para observar el universo en luz infrarroja. Esas ondas electromagnéticas que no vemos pero cuyo calor podemos sentir. Como esta longitud de onda permite ver a través de las nubes de polvo y gas, Webb proporcionará "imágenes inéditas porque va a ver luz que viene de muy lejos, será la visión más lejana y antigua de lo que creemos que fue el principio del universo", anticipa Monreal.

Además de observar las primeras galaxias y estrellas que se formaron tras el Big Bang, las observaciones infrarrojas y espectroscópicas del Webb ayudarán a estudiar exoplanetas. Con una precisión inusitada podremos descifrar la composición de sus atmósferas, en busca de marcadores asociados a la vida.

Una de las adaptaciones del Ariane 5 a esta singular misión evita que este telescopio, muy sensible al calor, se perturbe durante su viaje. "Para que no se caliente por un lado al estar expuesto al sol, asciende girando, en lo que llamamos una trayectoria ‘en barbacoa’", explica el ingeniero aeronáutico zaragozano.

De Luna a la luna

Las noches de verano pasadas en Luna están en el origen de su pasión por el espacio "desde pequeñito". "Me sentaba en el jardín a mirar las estrellas, sobre todo en agosto, cuando hay tantos meteoritos, y aquello me apasionaba, sentir el universo encima de ti", recuerda. Su pasión terminaría de despegar cuando su madre le regaló un telescopio con el que descubrió la luna al detalle. Era el tiempo del Apolo XI y, "con mucho cuidado", empezó a hacer sus propios cohetes. Incluso "mandaba cartas a la NASA y su servicio de comunicación me respondía, me mandaba cosas y documentos que yo traducía; y también me contestaron desde la agencia espacial rusa..., así comprobé que allí había gente motivada que contestaba la carta de un niño de España". 

Y empezó a soñar con una profesión "apasionante", marcada por el trabajo en equipo, en ambientes entusiastas e internacionales y en la que, pensando "en los jóvenes que lean este artículo", destaca que no solo hacen falta ingenieros: "El espacio también necesita abogados, contables, médicos... y gente dispuesta a intentar lo que se cree imposible", como los dinámicos fundadores de la empresa PLD Space, que ensaya en el aeropuerto de Teruel el Miura 1, el primer cohete de fabricación española que se lanzará al espacio el año que acaba de comenzar.

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