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Cosas de la vida

Charles Baudelaire, el poeta… ¿maldito?

Genialidad, misterio, provocación y enfermedad, el gran profeta de la poesía moderna pasó su último año de vida articulando una sola expresión: “Maldita sea”. ¿Cuál fue realmente su maldición?

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Étienne Carjat.
Cuando, por un decreto de las potencias supremas, 
el Poeta aparece en este mundo hastiado
su madre espantada y llena de blasfemias 
crispa sus puños hacia Dios, que de ella se apiada:

-¡Ah! ¡no haber parido todo un nido de víboras, 
antes que amamantar esta irrisión! 
¡Maldita sea la noche de placeres efímeros 
en que mi vientre concibió mi expiación!

El 9 de abril de 1821 nació en París Charles Baudelaire, uno de esos poetas que, a pesar de su talento, fue rechazado por sus contemporáneos y acabó viviendo en la miseria. Su obra más famosa, 'Las Flores del Mal', fue rápidamente atacado, principalmente por el sector conservador, que consideró el libro como un compendio de monstruosidades. En su poesía está muy presente la tortura de verse solo en contra de todo el universo.

“La soledad es el estado propio del genio y del elegido”

Su padre falleció cuando tenía apenas 5 años y a los veinte meses su madre se casó con un general. Baudelaire vivió esto como un abandono que le produjo un gran impacto emocional. En su juventud, los enfrentamientos con su familia eran constantes debido a su vida bohemia, caracterizada por la adicción a las drogas y la frecuentación de prostíbulos.

“Hay un invencible gusto por la prostitución en el corazón del hombre, del cual procede su miedo a la soledad. Quiere ser 'dos'. Pero el genio quiere ser 'uno'... Es este temor a la soledad, la necesidad de perderse a uno mismo en la carne externa, lo que el hombre noblemente llama 'la necesidad de amar''.

Esta vida le llevó a contraer sífilis muy joven, lo que le afectó tanto física como mentalmente, aunque probablemente el abuso de alcohol y opiáceos ayudaran a acelerar su deterioro. Un doctor describió sus síntomas: “Sentirse estúpido, enfermedad del cuerpo y la mente, velo oscuro ante los ojos, ruido eterno en los oídos, debilidad de la voluntad, tristeza, dificultad para caminar, torpeza de la mano, insomnio, migraña, neuralgia sobre el ojo derecho y estupor”. Los médicos, que no podían dar sentido a todas sus quejas, le diagnosticaron histeria. Él mismo no tuvo problema en respaldar este diagnóstico.

“Moral y físicamente, siempre he tenido la sensación de estar al borde del abismo, no solo el abismo del sueño, sino también el abismo de la acción, del recuerdo, del deseo, del arrepentimiento, del remordimiento, de la belleza, de los números, etc. He cultivado mi histeria con gozo y terror. Yo siempre tengo vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862, he experimentado una inusual advertencia: sentí pasar sobre mí los vientos del ala de la necedad”.

El 21 de marzo de 1866, Baudelaire se despertó con medio cuerpo paralizado e incapaz de hablar. No es que se hubiera quedado totalmente mudo, podía gritar, reír, llorar, y cuando la frustración le invadía por su incapacidad de articular palabra exclamaba: “¡Maldita sea!” El poeta había quedado condenado a maldecir por el resto de su vida, que finalizó un año después.

“El Demonio se agita sin cesar a mi lado, flota a mi alrededor como un aire impalpable; lo respiro y siento que quema mis pulmones, llenándolos de un ansia sempiterna y culpable.”

Una grave afección

Lo que Baudelaire padeció fue afasia, caracterizada principalmente por la pérdida del lenguaje voluntario. Se puede producir por varias causas, como un ictus o un tumor cerebral, y se manifiesta de distinta manera según la zona del cerebro afectada. Algunas personas conservan completamente su lucidez y con tiempo y terapia recuperan progresivamente el lenguaje. Otras, como Baudelaire, tienen una afección más grave y no llegan a mejorar. Se desconoce si la inteligencia del poeta llegó a afectarse, el médico le dijo a su madre que con una afasia tan seria era imposible cuantificar sus sentimientos e inteligencia.

Como para la mayoría de personas con afasia, esta enfermedad le supuso una tragedia. Posiblemente, la soledad que había experimentado hasta entonces no fue nada comparado con lo que sufrió después. Maxime du Camp, un escritor amigo suyo relató: “Sentado en un gran sillón, las manos blancas, la cara con la palidez mugrienta que es el maquillaje de la demencia, párpados hinchados, ojos vacíos e inquisitivos. Ningún rastro de emoción en su rostro adelgazado; a veces parecía levantarse en un esfuerzo incomparable por responder a lo que se decía y gritaba: ¡Maldita sea!"

Unos circuitos neuronales únicos

El lenguaje es la característica cognitiva más distintiva del ser humano, nuestra identidad como especie. Las personas sordas pueden aprender lenguaje de signos, pero si padeces afasia sueles perder toda capacidad de lenguaje, incluida la escritura. Esto se debe a que los circuitos neuronales encargados del lenguaje voluntario, únicos del ser humano, quedan dañados por el derrame o el tumor.

El hecho de que las personas con afasia no puedan articular palabras, pero sean capaces de maldecir o decir palabrotas es muy interesante. Se debe a que los circuitos cerebrales encargados del lenguaje, en cierto sentido, han 'colonizado' parcialmente circuitos más antiguos y básicos implicados en la expresión emocional que no quedan dañados. Digo circuitos más antiguos porque también se encuentran en el resto de primates y, por tanto, aparecieron antes en la evolución. Son los encargados de producir las vocalizaciones de los animales y nuestra risa, gritos y llanto. Para la ira y frustración, estos circuitos toman prestadas expresiones como “maldita sea”, que soltamos de una manera más emocional y menos controlada.

Así que nuestro protagonista, lejos de estar poseído por satanás, padeció una enfermedad que afecta hoy en día a más de 350.000 personas en España. Espero que, a lo largo de su vida, entre la soledad e incomprensión, pudiera encontrar algo de belleza.

“¿Qué le importa la condena eterna a quien ha encontrado por un segundo lo infinito del goce?”.

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