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Resumen del año

2021, el año de la vacuna

Con 8.800 millones de dosis inoculadas en el mundo, las vacunas han demostrado que son seguras y protegen contra la covid-19, aunque no han acabado con la pandemia, que ha seguido marcando el año que termina y restringe el que pronto empieza.

La vacunación protege ya a todas las generaciones, desde los de más edad hasta los menores.
La vacunación protege ya a todas las generaciones, desde los de más edad hasta los menores.
Francisco Jiménez

No es una bala de plata ni una llave maestra, lo sabemos. Pero la vacunación masiva de la población ha transformado el paisaje de la pandemia y marcado este 2021. Un año que todos hubiéramos deseado que fuera más ‘normal’, esa añorada palabra que la situación sanitaria y las restricciones asociadas a su control no nos dejan pronunciar. 

Los expertos en salud pública inciden en que no hay una sola medida que funcione, sino que hace falta aplicar conjuntos de medidas, eso sí, bien coordinadas –algo que no siempre se ha cumplido este año–. 

Ante la ausencia de un tratamiento eficaz y la llegada de nuevas variantes, las medidas preventivas y la vacunación siguen siendo los pilares de la lucha contra la covid-19. Pese a ser nuestra herramienta más poderosa, las vacunas no son perfectas; no protegen del contagio, pero sí de la enfermedad grave y de la muerte. No es poco. Según un estudio del IACS, por cada siete personas completamente vacunadas se ha evitado una infección; por cada 78, se ha podido esquivar una hospitalización; por cada 1.000, un ingreso en uci; y por cada 500, una muerte.

Hemos hecho los deberes. En agosto, tal y como había prometido el Gobierno a principios de año, España se convertía en el primer país del mundo de entre los más poblados en llegar al 70% de vacunados con pauta completa. En diciembre se abrió la vacunación a los niños de 5 a 11 años. Pero no se puede bajar la guardia.

En plena séptima ola en Aragón, la llegada de la variante ómicron ha aguado el optimismo. A lo largo del año dimos pasos esperanzadores: en mayo finalizó el estado de alarma, Aragón dejaba de estar confinada perimetralmente y desaparecía el toque de queda; fueron ampliándose aforos, regresó el consumo en barra...; hasta que hubo que frenar: seis meses ha durado el adiós a la mascarilla en exteriores y –con permiso de los tribunales– se ha implantado el pasaporte covid, un acicate para convencer a los no vacunados. 

La vuelta de algunas restricciones nos va convenciendo de que, incluso cuando la pandemia termine, conviviremos con el coronavirus, seguramente convertido en estacional. Mientras, la incidencia se dispara sobre un sistema de salud muy tensionado, lo que evidencia nuestras debilidades. El investigador aragonés Elías Campo compara la pandemia con "una prueba de esfuerzo para toda la sociedad, para nuestro planteamiento de la sanidad, de la educación, de la ciencia"; la respuesta a futuras pandemias "dependerá de las alarmas que están saltando ahora".

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