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Gazapos de cine y ciencia

‘A descubierto’: por qué no debes casarte en Palm Springs en mitad de un ataque nuclear

La explosión de una bomba nuclear libera una ingente cantidad de energía en forma de calor, de destructiva onda expansiva, y también como radiación ionizante. Pero… ¿ha conseguido desarrollar el ejército estadounidense una loción protectora ultrasecreta capaz de bloquear esa radiación?

Fotograma de ‘A descubierto’ (Mickael Hafström, 2021).
Fotograma de ‘A descubierto’ (Mickael Hafström, 2021).
Automatik Ent., Inspire Ent., Leeding Media, Netflix, Pioneer Stilking Films, 42

El capitán Leo, un androide, recluta al piloto de drones Harp para que le ayude en la misión de desactivar los dispositivos nucleares de la antigua Unión Soviética antes de que el peligroso terrorista Koval se haga con ellos.

Encuentra el gazapo científico en este diálogo de la película ‘A descubierto’ (‘Outside the wire’), dirigida por Mickael Hafström en 2021, con guion de Arash Amel,  Rowan Athale y  Rob Yescombe y con Anthony Mackie (Capitán Leo), Damson Idris (Teniente Thomas Harp), Emily Beecham (Sofiya), Pilou Asbaek (Koval)… en el reparto.

El diálogo de película

–¿Quiere decir que los sistemas rusos aún funcionan?, ¿y que Koval quiere las armas nucleares que hay en Ucrania? –preguntó incrédulo Harp al androide.
–Fuentes de la CIA dicen que el Kremlin ha perdido el control de Koval. Y mi confidente cree que Koval intentará hacerse con las armas en las próximas 24 horas –le expuso el capitán Leo–. Y si todo eso es cierto, imagina lo que hará si logra acceder a todos esos silos.
–Un chiflado con armas nucleares…
–Un terrorista loco con armas nucleares –corrigió el capitán–: el centro de Washington, Nueva York, París… ¿quién sabe? Lo que sí sé es que no habrá una bonita boda en Palm Springs a menos que lleves un protector solar de factor 500 –añadió el capitán en alusión al inminente enlace matrimonial del teniente.

El gazapo

Ignoro qué marca de protector solar gasta el capitán Leo, pero, por buena que sea, lo cierto es que incluso embadurnándote con ella no ibas a estar protegido en caso de un ataque nuclear. Más que nada porque la radiación nuclear no tiene (casi) nada que ver con la solar.

La radiación nuclear, o para ser más exactos la radiación provocada por una explosión nuclear, es la generada por los núcleos de los átomos al fisionarse o fusionarse entre ellos, procesos en los que se libera una ingente cantidad de energía –además de partículas muy energéticas–, parte de la cual es emitida como energía radiante, es decir, radiación electromagnética. 

Una consecuencia de lo anterior es que la radiación nuclear está integrada básicamente por tres tipos de radiación: la alfa, la beta y la gamma. Las dos primeras son de naturaleza corpuscular, lo que significa que son chorros de partículas cargadas de energía y que, por lo tanto, viajan a gran velocidad. La radiación alfa está constituida por núcleos de helio –o si prefiere, fragmentos de núcleo con dos protones y dos neutrones–. Los rayos beta son chorros de electrones o positrones que igualmente viajan a gran velocidad. Por el contrario, la radiación gamma es propiamente energía radiante; ondas electromagnéticas de gran frecuencia y, por tanto, portadora de mucha energía.

La radiación solar también se origina en las reacciones de fusión que se producen en el núcleo del sol. Sin embargo, su naturaleza es bien distinta, al menos la que alcanza a la Tierra: el 49% de la misma es radiación infrarroja (IR), es decir, calor; el 43% radiación visible, o sea luz; el 7% radiación ultravioleta (UV), la que nos broncea pero también nos quema; y solo el 1% corresponde a otras radiaciones de mayor frecuencia y más energéticas. Además, esta última y buena parte de la radiación ultravioleta, en concreto la más energética, son absorbidas por la capa de ozono y otras moléculas presentes en la atmósfera. Y contra los rayos UV, que consiguen atravesar la atmósfera y alcanzar la superficie y nuestra piel, sí que podemos –y debemos– protegernos. ¿Cómo? Con protectores solares que incluyen en su composición compuestos minerales y moléculas que actúan como escudos físicos y filtros químicos respectivamente. Los primeros absorben la radiación UV y la reemiten como luz visible y las segundas absorben la radiación UV y la reemiten en forma de calor.

Una radiación ionizante

La radiación nuclear también se denomina radiación ionizante –siendo estrictos, mejor decir que la radiación nuclear es un tipo de radiación ionizante–. Y no porque esté constituida por iones –que en parte sí lo está–, sino por el hecho de que es tan energética y penetrante que puede provocar cambios a escala atómica en la materia con la que se topa en su camino. O, dicho de otro modo: puede arrancar electrones de los átomos y moléculas con los que colisiona y convertirlos en iones. Explicado de forma simple, cuando tropieza con un átomo o molécula le transfiere parte de su energía. La suficiente tanto para excitar a un electrón como para que se escape del átomo y se vaya por libre. Lo realmente problemático es cuando los átomos y moléculas afectados se encuentran dentro de las células de un organismo. Porque alterar o modificar un átomo/moléculas que forma parte de, por ejemplo, un gen, no parece un gran plan… de boda.

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