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Washoe, la chimpancé que aprendió a comunicarse con signos

El etólogo americano Allen Gardner falleció el pasado mes de agosto, a los 91 años de edad. Durante las décadas de los sesenta y los setenta, Gardner, junto con su mujer Beatrix, psicóloga fallecida en 1995, llevó a cabo estudios pioneros sobre la adquisición del lenguaje en primates no humanos y, trató de enseñar la lengua de signos americana a Washoe, una chimpancé hembra.

La chimpancé Washoe (1965-2007)
La chimpancé Washoe (1965-2007)

Washoe, una chimpancé nacida en libertad en África occidental en 1965, fue capturada después de que su madre fuese asesinada y fue vendida a la Fuerza Aérea de Estados Unidos para un programa de investigación espacial. A los 10 meses de edad, fue adoptada por los Gardner, quienes le dieron el nombre de Washoe, un condado de Nevada, y la criaron en su casa como si se tratase de su propia hija. En 1967, iniciaron en la Universidad de Nevada un proyecto de investigación que tenía como objetivo enseñar a Washoe la lengua de signos americana.

Ya en los años treinta, los científicos habían empezado a preguntarse por qué los chimpancés, nuestros parientes más cercanos en el mundo animal, no poseían un lenguaje como el nuestro. Algunos pensaban que ello se debía a la cultura y que, si los chimpancés se criasen entre humanos, quizás podrían adquirir nuestro lenguaje. Varios investigadores adoptaron a chimpancés de pocos meses y los criaron junto con sus propios hijos para estudiar las fases iniciales de adquisición del lenguaje paralelamente en ambas especies.

Uno de los primeros casos fue el de la chimpancé Gua, criada por los científicos Luella y Winthrop Kellogg junto con su hijo Donald. Al año de edad, mientras Donald empezaba a formar palabras, Gua respondía a las órdenes verbales de sus criadores, pero nunca aprendió a hablar. Al cabo de 9 meses, los Kellogg abandonaron el experimento, ya que Donald había empezado a copiar los sonidos de Gua. Otra chimpancé, Viki, criada y entrenada por Keith y Catherine Hayes durante tres años, llegó a vocalizar de forma rudimentaria únicamente cuatro palabras: ‘mama’, ‘papa’, ‘up’ (arriba), y ‘cup’ (taza).

Estos y otros estudios sirvieron para determinar que los chimpancés no poseían las características anatómicas para producir y articular los sonidos necesarios para el habla humana; entre ellas, una laringe en posición baja, unas cuerdas vocales que se cierran completamente y un dominio preciso de la lengua y de la mandíbula inferior. Fue por esta razón que investigadores como los Gardner pensaron que usar una lengua de signos podría ser una buena alternativa para enseñar a los chimpancés una lengua humana que no requería vocalizaciones. Optaron por la lengua de signos americana, hablada por centenares de miles de personas sordas y sus familiares en Estados Unidos.

Washoe y la lengua de signos

El matrimonio Gardner crió a Washoe en un entorno lo más parecido posible al de un niño humano. Vivía con ellos en su casa de Reno (Nevada), la vestían frecuentemente con ropa y comía en familia, sentada en la mesa del comedor. Tenía incluso su propio remolque, con un área para vivir, una cama con sábanas y mantas, y acceso a sus propias cosas: ropa, un cepillo de dientes, juguetes y libros. También le establecieron una rutina con tareas domésticas, juegos al aire libre, y paseos en el coche familiar. En presencia de la chimpancé, tanto los Gardner como los investigadores Roger y Deborah Fouts, implicados también desde un inicio en el proyecto, trataron en todo momento de no usar el inglés oral y de comunicarse siempre entre ellos y con Washoe mediante lengua de signos.

Al cabo de dos años, los investigadores se dieron cuenta de que Washoe podía adquirir signos sin un entrenamiento específico, simplemente por observación. Ocurrió, por ejemplo con la palabra ‘toothbrush’ (cepillo de dientes) que los investigadores expresaban con su correspondiente signo mientras se limpiaban los dientes. Washoe en aquel momento pareció no prestarle demasiada atención ni haberlo aprendido, pero un tiempo más tarde al ver un cepillo de dientes gesticuló su signo de manera espontánea.

También vieron que era mejor no proporcionarle recompensas en forma de alimentos o de cosquillas, para no interferir con el objetivo del experimento: la adquisición natural de un sistema de comunicación basado en la lengua de signos.

Washoe aprendió unos 350 signos y, los investigadores consideran que fue el primer animal no humano en comunicarse mediante una lengua de signos

A lo largo de su vida, Washoe aprendió unos 350 signos y, los investigadores consideran que fue el primer animal no humano en comunicarse mediante una lengua de signos. Según sus criadores, incluso creó nuevas palabras o expresiones. Como cuando vio un cisne y con signos dijo ‘pájaro agua’ o cuando pronunció ‘abrir flor’ para pedir que la dejasen entrar en un jardín. También hay críticos que afirman que en estos casos podría simplemente haber señalado de manera consecutiva las distintas cosas que veía.

Cuando Washoe tenía 5 años, los Gardner optaron por otro tipo de estudios y la chimpancé fue trasladada primero al Instituto de Primatología de la Universidad de Oklahoma, a cargo de Roger y Deborah Fouts, y en 1980, a la Central Washington University. A lo largo de su vida, Washoe llegó incluso a enseñar algunos signos a otros chimpancés, entre ellos a su hijo adoptivo Loulis, sin intervención humana. Murió en 2007 a causa de una gripe.

Estudios de lenguaje con grandes simios

La noticia del aparente éxito de estas investigaciones actuó de revulsivo entre psicólogos y etólogos y, en las décadas de los setenta y ochenta, proliferaron los estudios sobre la adquisición del lenguaje en primates. La mayor parte de estos estudios se llevaron a cabo con chimpancés comunes, pero también con chimpancés pigmeos (bonobos), orangutanes o gorilas.

La primatóloga Sue Savage-Rumbaugh trabaja con Kanzi y su hermana Panbinisha con el teclado de símbolos
La primatóloga Sue Savage-Rumbaugh trabaja con Kanzi y su hermana Panbinisha con el teclado de símbolos
William H. Calvin

Entre todos ellos, destaca el caso de Kanzi, un bonobo nacido en 1980 en el centro de primates Yerkes de la Universidad Emory de Atlanta (Estados Unidos). De pequeño, Kanzi acompañaba a Matata, una hembra dominante que lo había adoptado, a las sesiones en las que los investigadores trataban de enseñarle un lenguaje artificial. Se la entrenaba para comunicarse presionando símbolos, que correspondían a objetos o ideas, en un teclado conectado a un ordenador que emitía las palabras cada vez que se presionaban las teclas. Pero Matata le prestaba más bien poca atención.

En cambio, un día de 1982, para sorpresa de los científicos, fue Kanzi el que empezó a utilizar el teclado de forma bastante competente para comunicarse sin haber sido entrenado previamente. Así se convirtió en el primer simio y el primer bonobo en aprender rudimentos del lenguaje de forma espontánea.

Según la primatóloga Sue Savage-Rumbaugh, que ha dedicado gran parte de su vida al estudio de este bonobo, Kanzi posee una gran habilidad para el lenguaje. Rápidamente aprendió un vocabulario formado por unos 400 símbolos y, según los primatólogos que lo han estudiado, incluso inventó nuevas palabras combinando símbolos, y se refiere a cosas del pasado.

¿Realmente se trata de lenguaje?

Los estudios del lenguaje en los grandes simios han tenido tanto sus valedores como sus detractores. Los primeros, entre los que se cuentan muchos de los primatólogos implicados en ellos (que también establecieron vínculos emocionales con los animales sujetos de los estudios), argumentan que el uso de estas herramientas de comunicación por parte de los primates indica que poseen capacidades para el lenguaje.

Por contra, los críticos con las investigaciones, entre los que se encuentra el lingüista Noam Chomsky y el psicólogo cognitivo Steven Pinker, argumentan que los rudimentos de lenguaje aprendidos por estos primates no constituyen un lenguaje completo. Existen grandes diferencias en la facilidad con la que humanos y primates adquieren un lenguaje durante sus primeros años de edad. También en el número de palabras, el tipo de construcciones empleadas y en la utilización de gramática. Los escépticos indican que no existe un claro inicio y un claro final en los gestos que realizan los primates y no está claro si realmente comprenden el lenguaje o simplemente imitan los gestos para obtener un beneficio.

Los lingüistas afirman que únicamente los humanos tenemos la capacidad de hablar de forma espontánea y de emplear la gramática de una lengua. Capacidades que en todos nosotros son innatas. Las diferencias en las capacidades lingüísticas entre primates no humanos y humanos tendríamos que buscarlas entonces en diferencias cognitivas y de la estructura neuronal.

Hace unos años, un estudio realizado por investigadores austríacos, belgas y americanos rechazó la idea, sostenida durante cuatro décadas, de que la incapacidad de los primates no humanos para producir sonidos del habla humana se debía solamente a limitaciones en la anatomía de su tracto vocal.

Usando rayos X, analizaron la dinámica vocal en macacos vivos durante la vocalización y demostraron que el tracto vocal de estos sí que puede producir fácilmente un rango de sonidos adecuados para el lenguaje humano. Entonces, si los macacos poseen un tracto vocal listo para el habla, lo que les faltaría es un cerebro preparado para el lenguaje. Los autores de este estudio sostienen que la evolución de las capacidades del habla humana requirió de cambios neuronales en lugar de modificaciones de la anatomía vocal.

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