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"El riesgo de tsunami en La Palma es el mismo que antes de esta erupción, y es muy bajo"

La portavoz del comité científico que se enfrenta al Cumbre Vieja, María José Blanco, asegura que cualquier peligro "lo detectaríamos con antelación gracias al nivel de instrumentación que tenemos".

La UME vigila el volcán de La Palma
La UME vigila el volcán de La Palma
Luismi Ortiz

María José Blanco (Madrid, 1962) vive estos días en un carrusel de emociones. Tiene ante sí un fenómeno de la naturaleza al que ha dedicado toda su vida profesional -es la responsable en Canarias del Instituto Geográfico Nacional- y que hasta ahora, al menos en superficie, sólo había visto en libros, vídeos y simulaciones. Pero también está viendo el drama y la destrucción que deja a su paso. "Es una mezcla difícil de sentimientos, pero en este caso domina la afección a las personas. Si pudiera pedir un deseo, sería que la erupción acabara ya", afirma la geofísica. Ella es la portavoz del comité científico que se enfrenta al Cumbre Vieja.

El volcán tiene desde el viernes tres nuevas bocas. ¿Esperan más? ¿Esto significa que puede extenderse a otras zonas?

No tiene por qué, pero tampoco se descarta. Es un comportamiento típico del volcán. Cada día contamos las bocas visibles, unas en el cráter y otras en el cono. Ha habido siete, cinco, nueve. El máximo que ha llegado a tener ha sido nueve.

Las nuevas bocas han generado otra colada. ¿Cree que llegará a unirse a la primera?

Su tendencia es a unirse lateralmente a la colada que está formando la fajana (canarismo recogido por la RAE para definir las plataformas creadas a partir de materiales desprendidos) en la costa.

La actividad sísmica se mantiene en la isla. Esa es otra preocupación que transmite la ciudadanía. ¿Puede haber nuevas erupciones en otros puntos de La Palma?

La fisura tiene una dirección concreta y coincide con el lugar donde está el centro emisor de lava. Ha habido erupciones históricas en Canarias, que conocemos por testimonios escritos, en las que sí que se ha producido una separación y se ha creado un nuevo cono que no estaba cerca del anterior, lo que se conoce como migración. Pero hoy en día, si esa situación se produjera, que no hay ninguna evidencia de ello, lo detectaríamos con antelación gracias al nivel de instrumentación que tenemos.

Hablando de volcanes históricos, la horquilla de los anteriores está entre 24 y 85 días. ¿Manejan ya alguna previsión por el comportamiento que está teniendo el de Cumbre Vieja?

Ni idea. Pero no hay nada que nos haga ver que el proceso, en un plazo corto de tiempo, esté llegando a su fin.

¿Con cuál lo compararía usted?

En la mitad de tiempo, éste ya ha expulsado el doble del material que el Teneguía (en 1971, con una duración de 24 días), que fue una erupción fue mucho más sencilla. La del Cumbre Vieja es mucho más complicada. Se ha producido en una zona alta, en un enclave que ha tenido un importante desarrollo de población. Quizá lo compararía con el de San Juan (en 1949, y que duró 47 días). Se parecería bastante al de San Juan en cuanto a su alternancia de fases de mayor y menor explosividad. Pero igual en el resto no tiene por qué parecerse.

¿Existe un peligro real de tsunami? ¿Puede la erupción del Cumbre Vieja generar un maremoto?

El primer día de erupción ya se rechazó esa posibilidad por parte de la comunidad científica, no existe riesgo de un megatsunami. Esa creencia parte de un artículo de investigación que se publicó hace muchos años y que luego transmitió una cadena de televisión. No hay ninguna evidencia de que haya una fractura activa en la zona y la erupción en curso no hace pensar en un tsunami, que requiere un aporte brusco de material al mar y en erupciones más próximas a la costa. Ahora mismo ese escenario no se plantea. El riesgo es el mismo que antes del Cumbre Vieja, y es muy bajo.

¿Y el cono? ¿Puede desmoronarse por la actividad sísmica y la propia dinámica de la erupción?

La fisura es como una raja y el cono se ha construido sobre esa fisura. Al principio había muchos centros emisores que se simultaneaban en su actividad, pero una vez que se construye el cono, eso se favorece la salida de la lava. A partir de ahí, lo normal es que aparezcan y desaparezcan centros de expulsión, como los que están surgiendo estos días. El cono se forma por apilamiento de material en una superficie con diferentes pendientes, así que es normal que sea inestable. Se han registrado desmoronamientos y se volverán a producir, del mismo modo que pueden abrirse nuevas bocas.

¿Qué explicación tienen los cambios en la actividad sísmica? Los terremotos han vuelto a ser profundos, como cuando comenzó la erupción.

El único ejemplo que tenemos para comparar es el volcán Tagoro (2011) y se parece mucho a lo que está sucediendo ahora [ese es el primero en el que trabajó, aunque a diferencia de éste fue submarino]. En el Hierro, la actividad sísmica empezó en la zona norte en el mar y después se fue trasladando a profundidades menores, más someras, y la superficial apareció en el entorno del centro eruptivo. Sin embargo, poco después se volvieron a detectar terremotos a mayor profundidad. Ahora, está pasando lo mismo. La sismicidad ha vuelto ser profunda. Eso podría obedecer a muchas cosas y no sólo sería interpretable desde el punto de vista sísmico, sino también producto de deformaciones en superficie.

El de El Hierro fue un volcán submarino. ¿Qué otras diferencias encuentra?

El periodo pre-eruptivo (donde se detecta un aumento de la actividad sísmica y un descenso de la profundidad que puede precipitar la erupción). El de El Hierro fue muy largo, comenzó en julio de 2011 y la erupción no se inició hasta el 10 de octubre, dándose por finalizada el 5 de marzo. En el Cumbre Vieja, ese periodo pre-eruptivo empezó el 11 de septiembre y la erupción se inició el 19. No obstante, se venían detectando enjambres sísmicos en la zona desde octubre de 2017, pero a pulsos y sin deformación. La fase intensa es cuando esos terremotos ya no se producen a 20 kilómetros, sino a 10, y además va disminuyendo la profundidad.

La fajana se ha adentrado ya más de medio kilómetro en el mar y se sitúa a una profundidad de 35 metros. ¿Es peligroso que llegue al talud (a 1.000 metros de la costa se alcanzan los 100 metros) y se produzcan desprendimientos?

En realidad no supone un peligro. Lo único que se ha comentado es que, desde el momento en que se alcance el talud, el avance de la fajana será mucho más lento porque el vaso de agua será cada vez mayor [la pendiente en aguas poco profundas ronda el 5%, mientras que al llegar al talud supera el 12%]. Esos desprendimientos submarinos no son peligrosos porque es material solidificado. No es raro que se puedan producir; de hecho, en la erupción del Tagoro hubo muchos. Por eso existe una zona de exclusión para las embarcaciones.

¿Creen que llegará al talud?

Si el aporte continúa como hasta ahora, desde luego. De hecho, estamos cerca. La fajana tiene ya 27,7 hectáreas y sigue creciendo.

El jueves se detectaron valores altos de dióxido de azufre en Tazacorte y Los Llanos. ¿Son niveles nocivos para la salud?

Conviene matizar que no se han superado los umbrales máximos diarios, sino en tramos horarios concretos, y tampoco tienen importancia de manera aislada. Para que no se cumpla la normativa y pueda haber afección para la salud, tienen que superarse los promedios diarios (no horarios) de manera concatenada.

¿Qué tipo de gases están detectando en las estaciones?

Principalmente dióxido de azufre, que es el que emite el volcán, y también se libera ácido sulhídrico en la entrada de la fajana al mar. Para un entorno de un volcán activo, son las tasas esperables. Aun así, no se superó el umbral diario de dióxido de azufre y no se han observado valores altos de ácido sulfhídrico.

Pero las condiciones meteorológicas ahora son adversas.

Sí. Son condiciones meteorológicas estables, que no favorecen la circulación del aire, con vientos de mar a tierra en algunos momentos del día que pueden empujar el humo hacia el interior. La estabilidad hace que los gases no alcancen altura y se acumulen en capas bajas de la atmósfera. Tenemos que estar pendientes y seguir las recomendaciones que se hagan en cada momento.

El volcán está emitiendo 8.700 toneladas diarias de dióxido de azufre hacia la atmósfera. ¿Cómo fue afectar al medio ambiente y a la población?

Es un valor alto, pero ha habido días que las tasas eran incluso superiores. Los técnicos que interpretan los gases dicen que son acordes a un proceso eruptivo de estas características. Puede provocar afecciones respiratorias en la nariz, la boca o las mucosas, así como picor en los ojos, especialmente en la población de riesgo. Si se llegara a niveles preocupantes que pudieran provocar afecciones graves, se adoptarían medidas de confinamiento o evacuación, pero de momento se recomienda a los habitantes de la zona que usen mascarillas FFP2 y sólo a las personas que trabajan muy cerca de la fajana, máscaras de gas. La población debe respetar las zonas de exclusión, seguir los consejos del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) y atender a los canales oficiales.

El Pevolca insiste en que el volcán afecta al 8% de la isla y que en el resto se hace vida normal, pero aun así se registran cancelaciones masivas de reservas hoteleras. ¿Cómo se puede tranquilizar a los turistas?

Si le sirve de ejemplo, yo tengo familiares y amigos ahora mismo en La Palma. Mientras cumplan las medidas y las recomendaciones, no tiene por qué pasar nada. Salvo en el Valle de Aridane, en el resto de la isla se vive con normalidad.

¿Qué ha supuesto para usted el volcán?

Empecé en sismología, pero viviendo en Tenerife -donde lleva 31 años- me dediqué desde muy pronto a estudiar los volcanes. Soy responsable en Canarias del Instituto Geográfico Nacional, que es la institución responsable de la vigilancia y alerta volcánica en España desde 2004, así que llevo toda mi carrera profesional preparándome para tener la capacidad de responder adecuadamente a la sociedad y a los gestores de la emergencia dando una información útil. Pero los volcanes tienen una parte tremendísima para las familias. Esa es la cara más dramática, lo que necesita más atención, y no sólo de manera instantánea, sino hacer un acompañamiento y destinar todos los recursos necesarios para que puedan restablecer su vida de la manera más parecida posible a la que tenían antes de la erupción.

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