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La belleza de la coliflor: fractales de flores truncadas

Equipos de investigadores de hasta cinco países rastrean las claves del crecimiento fractal de las coliflores y las llevan a la portada de 'Science'.

Una investigación sobre el diseño fractal en las coliflores, portada de 'Science'
Una investigación sobre el diseño fractal en las coliflores, portada de 'Science'

No se sabe muy bien qué es la belleza, aunque suele reconocerse cuando está cerca. Aceptada la premisa habrá que reconocer que, guste o no su sabor, y si uno se fija bien, una coliflor es bien bonita de ver.

Si uno se fija verá que su estructura crece a base de repetición, sobre todo en la variedad Romanesco, con pequeñas pirámides autorrepitiéndose en distintos tamaños por toda la planta. Esa estructura es el rasgo que define los fractales, esos objetos geométricos autosimilares que se repiten a diferentes escalas y que remiten a la teoría del caos. Esas estructuras que pueblan diseños modernos pero que aparecen frecuentemente y sin diseño consciente en la naturaleza: en los cristales de hielo, en algunos animales, en los girasoles o las dalias, en las piñas.

Ahora sabemos cómo es que también aparecen en la coliflor.

Flores, tallos y Fibonacci

La investigación que lo ha explicado ha sido publicada en la revista 'Science', quien ha llevado una preciosa coliflor a su portada con motivo de la ocasión. El trabajo lo firman equipos de investigadores de hasta cinco países, incluidos españoles del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, en Valencia. Así describe el proceso uno de ellos, el francés Ettiene Farcot: “Pasamos muchas horas desmantelando cogollos frenéticamente, contándolos, midiendo ángulos entre ellos, estudiando la literatura sobre los mecanismos moleculares subyacentes al crecimiento de las coliflores y tratando de crear modelos computacionales realistas de estos misteriosos repollos”.

La solución al misterio se basa en dos genes y una serie de añadidos. El secreto está en las yemas (o meristemos, en la jerga). Las estructuras repetidas nacen de estos grupos de células madre que, en esencia, son los que dan lugar a las flores. Eso es lo que sucede con la prima lejana y silvestre de la coliflor —la Arabidopsis thaliana—, una planta con la que aparentemente apenas nada tiene que ver.

Sin embargo, con los años fuimos domesticando a esos parientes lejanos, seleccionando inconscientemente y por sus consecuencias ciertas mutaciones que nos las hacían más provechosas. Un par de cambios bastan para que las yemas sean incapaces de dar flores y se desarrollen como pequeños tallos. Además, y esto es clave, hay un momento transitorio en que recuerdan que en su momento pudieron hacerlo (y ese recuerdo tiene su correlato en la expresión de toda una serie de genes). Eso permite que los tallos sigan multiplicándose y acumulándose y que una parte se asemeje al todo y viceversa, si se quiere hacer el camino al revés. La estructura de la coliflor proviene de flores truncadas que saben en algún momento lo pudieron ser.

Luego, mutaciones añadidas fueron perfilando el tamaño de las yemas y la velocidad de crecimiento. Ese tiempo y espacio fue precisando el aspecto y disposición de cada una de las variedades. En el caso de la Romanesco, la velocidad es tal que los tallos acaban creciendo y acumulándose de forma cónica, dando lugar a ese aspecto tan característico entre minipiramidal y fractal. Y a que fuera portada de 'Science'.

Por cierto, la disposición de los tallos se organiza aproximadamente siguiendo una espiral de Fibonacci, esa serie de números en los que cada añadido resulta de la suma de los dos anteriores: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34… Y en la que la relación entre dos cifras sucesivas tiende a ser de 1,618, el famoso número áureo. No es ningún diseño artístico, es simplemente la forma más eficiente de agrupar y empaquetar las nuevas estructuras, pero históricamente muchos han querido ver en esa proporción el secreto de la estética y de la armonía.

¿Siente usted la belleza de los fractales cuando están cerca?

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