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Jesús Calleja: "No sé cuándo fue la última vez que me tumbé en una hamaca"

Este hiperactivo leonés pasará sus vacaciones recorriendo en bici "las sendas más cañeras de Pirineos" y buceando en Baleares.

Ana Botín, en Groenlandia con Jesús Calleja
Jesús Calleja con Ana Botín en Groenlandia.
Cuatro

Acaba de terminar de rodar 'Volando voy'. Hoy es su primer día libre. Pero día libre y Jesús Calleja son conceptos antagónicos. No sabe estar quieto. Ni en vacaciones vas a encontrártelo panza arriba. "No sé cuándo fue la última vez que me tumbé en una hamaca". Cuando no está rodando, está sacándole jugo a la vida con alguna actividad extrema. Y si le sobra un cuarto de hora te vende un producto. "Solo porque creo totalmente en él y estoy convencido". Calleja es la imagen de Generali Vitality, "una plataforma 'online' que te recompensa por cuidarte. En España -explica- estamos acostumbrados a recurrir al seguro cuando te das el castañazo, aquí te premian por prevenirlo".

Puede resultar paradójico que un tipo tan aventurero sea la imagen de una compañía de seguros, pero él lo desmiente. "Al contrario, yo soy un profesional del riesgo. En todos mis programas nadie se han roto ni una uña, porque a mí nunca me pilla el toro. Si algo me obsesiona es la seguridad". Para predicar con el ejemplo, Calleja se ha sometido a los cálculos que ofrece la aplicación que promociona. Y, a sus 56 años, le ha salido que en realidad tiene 23. Obviamente, está encantado.

"La principal causa de muerte en el mundo es no cuidarse", pregona. Así que él se cuida al máximo. Entrena tres horas al día, "esté donde esté, pregúntale a mi equipo", se hace una analítica por su cuenta cada trimestre, come mucha verdura, poca grasa y el pan se lo raciona "cortando un pedacín de un centímetro, así me engaño". Conclusión: pesa 59 kilos y dice no conocer a su médico de cabecera.

Las vacaciones las emplea en cumplir retos en los que no puede embarcar a sus invitados. Estas en concreto se ha propuesto hacer en bici "las sendas de descenso y de enduro más cañeras que hay en Pirineos, tanto por la parte francesa como española". Luego se irá a practicar buceo de profundidad a Mallorca y Menorca, donde le esperan un pecio hundido y unas anémonas que le fascinan.

Los personajes de su 'Planeta'

Simpático, entusiasta y con ese genuino toque campechano tan resultón, Calleja jura que todos los personajes que han pasado por su 'Planeta' le han encantado, pero hay alguien que ha dejado en él una huella especial: Ana Botín. "Que una mujer tan inaccesible se haya tirado una semana conmigo en Groenlandia en una aventura bastante radical no deja de sorprenderme. Yo detecto rápido quién imposta y quién no y a ella le he cogido cariño porque es de verdad. Al final hemos hecho una amistad. Nos vemos con cierta frecuencia, hablamos mucho".

No hablan de finanzas sino de ecología. "Ana ya estaba concienciada, pero a raíz del programa tomó medidas importantes en el banco. No es la típica que quiere quedar bien. Lo que prometió lo cumple", defiende el aventurero. La maliciosa sospecha de que la entrevista con la presidenta del Santander pudiera haber sido "troceada" o previamente censurada a Calleja le revienta... "Esa es una majadería como la copa de un pino. Jamás nadie me ha dado la menor indicación. De hecho, hizo declaraciones duras, como cuando contó lo de su padre. Yo no voy con una batería de preguntas. Esas conversaciones surgen en un momento inspirador, allí no hay un prónter que me indique las preguntas. Yo no sé lo que es un pinganillo".

Tampoco admite haber cuidado a Botín más que, por ejemplo, a Agatha Ruiz de la Prada, sometida a vientos huracanados. "Para nada. Con Ana caminamos sobre un glaciar, que es el terreno más peligroso que existe. Ahí si te resbalas una sola vez vas directamente a las grietas, te matas".

Antinegacionista convencido, Calleja se declara feliz de haber recibido las dos dosis de Moderna. Tanto, que en la segunda pidió el vial y la jeringuilla y los enmarcó en un cuadro que ahora cuelga en su salón. Desde hace 30 años, este leonés vive en un pueblo "de unos siete habitantes", a mil metros de altitud y en medio del bosque. Allí pasó la pandemia, con los ciervos y los zorros acercándose a su puerta. Y en completa soledad, porque los hijos que adoptó en Nepal ya se han independizado, y él no tiene pareja. "No sé cuál será mi futuro, pero ahora mismo no hay amor estable en mi vida y estoy en la gloria bendita".

Hijo de peluqueros, Calleja ganó a los veinte años un concurso nacional de peluquería masculina celebrado en Burgos. "Nunca me interesó mucho, pero yo cuando me meto en algo siempre tengo la motivación de ser el mejor y hacer algo diferente". Puso una peluquería que parecía una discoteca. Se iba a París y a Londres para aprender nuevos cortes. Y tuvo tanto éxito que había lista de espera de un mes. Pero, cuando mejor le iba, lo dejó todo y se fue de guía al Himalaya. "Cobraba una mierda, pero era lo que siempre quise hacer. Los cambios generan oportunidades. Quedarte en el mismo sitio toda la vida te puede dar comodidad pero no experiencias vitales". Pura filosofía Calleja.

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