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Aquellas maravillosas inventoras

Josephine Cochrane: de dar fiestas para cientos de invitados a inventar el lavavajillas moderno

El lavavajillas de Cochrane podía lavar y secar automáticamente en 20 minutos la vajilla usada por un centenar de comensales.

Modelo doméstico del lavavajillas eléctrico fabricado hacia 1900 por la Crescent Washing Machine Company, fundada por Josephine Cochrane
Modelo doméstico del lavavajillas eléctrico fabricado hacia 1900 por la Crescent Washing Machine Company, fundada por Josephine Cochrane
Hobart Corporation

A Josephine Garis Cochrane (1839-1913), la inventora del primer lavavajillas funcional, lo de inventar le venía de familia: su bisabuelo, el ingeniero John Fitch había diseñado el primer barco de vapor que navegó por los ríos estadounidenses. Y su padre, el también ingeniero John Garis, inventó asimismo una bomba desecadora de terrenos pantanosos; además de encargarse de supervisar la construcción de diversas instalaciones y factorías. Una labor en las que muchas veces se hacía acompañar por su hija, quien de este modo se acostumbró a estar entre máquinas y se aficionó a la mecánica.

Cuenta la leyenda que Josephine inventó el lavavajillas, cansada de que el servicio de su mansión estropease y rompiese la carísima vajilla de porcelana china; aunque, probablemente, el motivo real fuese bastante más prosaico: cuando su marido William Cocrhan, un próspero comerciante textil, falleció, le dejó en 'herencia' las numerosas deudas que hasta ese momento había conseguido tapar, por lo que Josephine -quien a raíz de ello modificó su apellido de casada añadiéndole una e final- se propuso fabricar un aparato para lavar el menaje con el que pudiese hacer negocio.

Aquellas primeras máquinas para lavar los platos

Para entonces, la idea de fabricar un aparato mecánico que facilitase lavar los platos no era totalmente nueva en Estados Unidos; donde ya se habían realizado algunas tentativas. Parece ser que la primera patente de un equipo de esta naturaleza data de 1850, a cargo del inventor Joel Houghton, aunque la denominación de la misma, 'Mejoras en máquinas para lavar la vajilla', deja claro que ya incluso entonces existían precedentes.

La 'mejorada máquina' de Houghton consistía en una cubeta metálica cilíndrica con un lado abierto y que rotaba bajo la acción de un eje vertical. En su interior alojaba una cesta enrejada donde se apilaban los platos. El aparato se completaba con una rueda de paletas dispuesta horizontalmente –a imagen y semejanza, pero a pequeña escala, de las que por ejemplo impulsaban a los barcos-. Al hacer girar la rueda con una manivela las paletas arrojaban agua al contenedor, que al estar conectado asimismo a la palanca, giraba lentamente. A la vista del esquema parece claro que el lavavajillas de Houghton debía introducirse en una pileta, bañera o depósito lleno de agua.

La primera patente de un equipo para lavar los platos data de 1850, a cargo del inventor Joel  Houghton
La primera patente de un equipo para lavar los platos data de 1850, a cargo del inventor Joel Houghton

Posteriormente, en 1863, los inventores Gilbert Richards y Levi Alexander patentaban un aparato similar pero en el que la paleta salpicadora se ubicaba ya dentro de la cubeta, donde se disponían los platos antes de llenarla de agua. Un lavavajillas sobre el que en los años posteriores, ya cada uno por su cuenta iría introduciendo mejoras y evoluciones.

Un funcionamiento que resulta familiar

Pero el lavavajillas que Josephine Cochrane patentó en 1886 estaba a otro nivel: constaba de una caja o depósito de madera o cobre a modo de contenedor con una tapa que la sellaba para evitar que saliese el agua; e incorporaba cestillas de distintos tamaños en las que encajaban perfectamente los platos y vasos y una manivela que podía conectarse a un motor externo que las hacía girar. Además contaba con dos bombas de pistón y un sistema calentador. El agua jabonosa era bombeada al interior de la caldera por unos tubos ubicados en la base a modo de chorros que lavaban la vajilla conforme esta giraba dentro de la caldera. Posteriormente y tras vaciar el depósito, se volvía a llenar con agua limpia para aclarar la vajilla. Que finalmente era secada con aire calentado. 

Esquemas de la patente del lavavajillas de Cochrane nº 355,139.
Esquemas de la patente del lavavajillas de Cochrane nº 355,139.

El lavavajillas de Cochrane podía lavar y secar automáticamente en 20 minutos la vajilla usada por un centenar de comensales. Una capacidad acorde al número de invitados que el matrimonio Cocrhan solía recibir en las fiestas que daban en su residencia de Shelbyville (Illinois) en los viejos y buenos tiempos y donde Josephine lucía su suntuosa vajilla china.

Emprendedora y empresaria

Sin embargo, cuando la inventora decidió comercializarlo, su éxito fue relativo. Ya con la patente en el bolsillo, Josephine fundó la Garis-Cochrane Dish Washing Machine Company para vender su lavavajillas –que fabricaba una empresa subsidiaria-, visitando personalmente a potenciales clientes o publicando en los periódicos anuncios que ella misma redactaba. Consciente de que el aparato era muy voluminoso y caro; y que quienes podían acceder a él ya contaban con servicio doméstico que se encargaba de fregar, se concentró en hoteles, restaurantes, hospitales y colegios.

Apenas unos meses más tarde, en 1887, el hotel Palmer House de Chicago se convertía en su primer cliente; al que siguieron otros establecimientos en la ciudad del viento y por todo el estado de Illinois. Y la prensa pronto se hizo eco del revolucionario invento. A lo que hay que añadir que en 1893 el lavavajillas fue premiado en la Exposición Universal de Chicago. Todo lo cual animó a Josephine a ir un paso más allá y crear en 1897 la Cochrane’s Crescent Washing Machine Company para asumir la completa fabricación de los aparatos e introducir nuevos modelos: así, entre 1887 y 1909, la inventora registró cinco patentes más que introducían diversas mejoras y un lavavajillas de pequeño tamaño adaptado a los hogares y que salió al mercado en 1911; justo un año antes de su fallecimiento. Tras su muerte, la compañía sería vendida en los siguientes años.

Europa descube el lavavajillas de la mano de Miele

En 1913 debutaba en Estados Unidos el primer lavavajillas eléctrico comercializado por la Watson Brothers Dishwashing Company. No obstante, todavía no había llegado el tiempo de que el lavavajillas colonizase los hogares, algo que se demoraría aún unas décadas y en lo que tendría mucho que ver un viejo conocido: Carl Miele y su compañía.

De vuelta a la vieja Europa, es necesario considerar que la tecnología y funcionamiento del nuevo aparato aparecido al otro lado del charco –y que no llegó a cruzarlo- era, esencialmente, análogo al de las lavadoras de Miele. Así pues, no resulta sorprendente que más pronto que tarde, y dentro de ese afán diversificador que caracterizó a la compañía Miele durante los años veinte, a Carl se le ocurriese la idea de crear un equivalente a la lavadora para la vajilla que también liberase a las amas de casa de la tediosa y diaria labor de fregar platos, cubiertos y vasos. 

Modelo inicial de lavavajillas Miele, compacto y eléctrico
Modelo inicial de lavavajillas Miele, compacto y eléctrico

Como no podía ser de otra forma, el lavavajillas diseñado por Carl consistía igualmente en una cubeta cilíndrica metálica con una tapa en su parte superior dispuesta sobre un soporte, con un agitador horizontal en el centro impulsado por un motor eléctrico integrado en el soporte, bajo la cubeta, y unas jaulas o cestillas donde colocar el menaje. Pero a diferencia del de Cochrane, el modelo de Miele era mucho más compacto y además eléctrico, idóneo para una vivienda urbana.

A pesar de ello, en aquel momento y desde un punto de vista comercial, el lavavajillas era –seguía siendo- una apuesta sumamente arriesgada: en Europa nadie había oído hablar nunca de un aparato así, nadie lo demandaba y nadie se había planteado siquiera la posibilidad de recurrir a un electrodoméstico para fregar la loza. Y peor aún, su precio seguía estando fuera del mercado. Cuando salió a la venta su coste equivalía al salario de tres años de una asistenta del hogar. No importaba, con su lanzamiento Miele se posicionaba como el primer fabricante de lavavajillas y por lo tanto como la 'única' opción a considerar cuando, más pronto que tarde, la sociedad estuviese dispuesta a incorporarlo a los hogares, algo que sucedería tras la II Guerra Mundial. No solo eso, Miele también había presentado algo novedoso y diferente, un electrodoméstico que en ese momento no existía. 

De este modo, Miele se establecía como líder del desarrollo tecnológico, lo que se sumaba a la ya reconocida durabilidad y fiabilidad de sus equipos. Esta combinación la convirtió en indiscutible referente en la fabricación de electrodomésticos. Una posición en la que se ha mantenido desde entonces: en la actualidad, la Miele&Cie KG, que sigue siendo un negocio familiar dirigido por los descendientes de sus fundadores, Carl Miele y Reinhard Zinkann, es el tercer mayor fabricante de electrodomésticos de Alemania y uno de los más importantes de Europa. 

Miguel Barral Técnico del Muncyt

Esta sección se realiza en colaboración con el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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