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Sociedad
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La vida de las piedras

¿Seguimos en la Edad de Piedra?

Rocas y minerales no solo se usan en la construcción. Infinidad de productos de uso diario dependen de ellos. ¿Podrían agotarse?

En una caseta de pastores de Sobrarbe o en la pantalla donde lees esto, las rocas y minerales son componentes necesarios
En una caseta de pastores de Sobrarbe o en la pantalla donde lees esto, las rocas y minerales son componentes necesarios.
Ánchel Belmonte Ribas

Edad de Piedra, del Cobre, Bronce, Hierro…, una buena parte de nuestra historia está jalonada por el aprovechamiento de distintos recursos geológicos. Hoy, rodeados de tecnología hasta en los detalles más nimios, hay quien sugiere que estamos en la edad de la sílice que es un componente fundamental de los microchips. Presentes en cualquier producto de uso cotidiano, rocas y minerales son recursos no renovables que invitan a un consumo prudente.

Paseábamos por Barbastro fijándonos en las rocas ornamentales que poblaban fachadas de casas y comercios. Granitos, tobas, larvikitas, gneises…, una enorme geodiversidad llegada de distintos rincones del planeta se pueden ver en la capital del Vero y en cualquier localidad de medio mundo. Ella cayó entonces en la cuenta de que el volumen de rocas que se está utilizando es inmenso. Y que tal vez el agotamiento de determinados tipos pudiera ser una realidad. ¿Podría pasar? ¿Cuáles son los usos principales y qué perspectivas futuras se plantean?

Rocas y minerales no solo se usan en la construcción. Infinidad de productos de uso diario dependen de ellos de manera directa o transformada. Jabón, detergente, fibras, papel, móviles, ordenadores…, cada español consume anualmente una media de 22,6 toneladas de minerales. Una cifra escalofriante y superior incluso a la de los estadounidenses, plusmarquistas habituales en esto del consumo, con 18,4 toneladas. Pero invisibles a ojos de la mayor parte de los ciudadanos, la sociedad permanece ajena al elevado consumo de sustancias que no son renovables pues –en su inmensa mayoría- requieren tiempos de producción muchísimo más lentos que los de un consumo cada vez mayor.

Quizás el único elemento geológico de cuyo posible agotamiento estamos alertados es el petróleo. Además, su innegable influencia en el calentamiento global hace que se estén imponiendo alternativas para, por ejemplo, la propulsión de los vehículos. Y ahí están los motores eléctricos. Tan populares que incluso, para estupor del que esto escribe, ya es corriente ponerlos a objetos que jamás los han necesitado: cepillos de dientes, bicicletas o patinetes. Pero también estos motores tienen una dependencia estrecha de elementos como el litio, que se obtiene de una gran variedad de minerales. Su consumo se incrementa del orden de un 8% anual y su precio se ha multiplicado por 15 en pocos años. Baterías de vehículos y de todo tipo de dispositivos lo requieren. Las reservas, como el lector adivinará, no son ni mucho menos infinitas. Estamos pues, fiando un modelo energético en otro recurso geológico que se acabará.

Los geólogos se afanan en descubrir nuevos yacimientos de los minerales clave en el funcionamiento de nuestra sociedad. Los ingenieros tratan de pensar un uso más eficiente de los elementos en la producción industrial. El reciclaje será con el tiempo un modo más de minería, a medida que la extracción del medio natural sea más compleja y costosa. Pero es ya inaplazable que cobremos conciencia como consumidores de la realidad perecedera de los recursos geológicos de los que dependemos. La barra libre solo existe en las bodas.

Seamos conscientes de ello o no, seguimos viviendo de algún modo en la Edad de Piedra pues ellas y los minerales que las componen son la base de miles de productos básicos en nuestras casas, industrias y vehículos. Los recursos geológicos son esenciales, como también lo será empezar a pensar en el decrecimiento como una forma inteligente y realista de estar en el mundo. Pero eso ya es otra historia.

Ánchel Belmonte Ribas Geoparque Mundial de la Unesco Sobrarbe-Pirineos 

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