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Tu mapa social: el cerebro ‘secuestra’ áreas de pensamiento espacial para clasificar a tus amigos

Cuando pensamos en nuestros amigos y conocidos, el cerebro usa áreas destinadas a la orientación para navegar esa red. Ese GPS podría ser un aprovechamiento parecido al que sucedió con la música y las zonas del lenguaje.

Ampliado por las redes sociales, nuestro entorno social es hoy mucho más abigarrado que aquel pequeño y tribal en el que nuestro cerebro evolucionó
Ampliado por las redes sociales, nuestro entorno social es hoy mucho más abigarrado que aquel pequeño y tribal en el que nuestro cerebro evolucionó
Guillermo Mestre

A alguien se le caen un poco las paredes de casa encima. Alguien, sin planes sociales a la vista, repasa mentalmente a sus amigos: piensa en ellos y en ellas, los coloca, los clasifica, busca un asidero de orden social y emocional.

Los motivos del momento no los sabemos, las posibilidades son varias y van de lo personal a lo anecdótico o lo circunstancial: puede ser una tarde de lluvia o un año entero de pandemia y lluvia. Lo que sabemos cada vez mejor es cómo va a hacerlo: va a usar áreas del cerebro que, más allá y además de la amistad, tienen que ver con el pensamiento y el razonamiento puramente espacial. En la cabeza, la red social es un GPS particular.

Si la evolución no había preparado al cerebro para orientarse en una red de contactos tan grande, utiliza lo que tiene más a mano

Varios estudios venían apuntándolo. Ahora, un nuevo trabajo ha dado un paso más, reforzando y detallando el proceso y alentando la hipótesis del ‘secuestro’ o reaprovechamiento neuronal. Si la evolución no había preparado al cerebro para lidiar con una malla de contactos del calibre moderno, ha cogido lo que tenía más a mano para orientarse en esa red.

Facebook en el cerebro

"Cada uno de nosotros tiene una red social formada por cientos de individuos, con diferentes características y con diferentes relaciones entre ellos. ¿Cómo hace nuestro cerebro para representar esa complejidad?". Así empieza el nuevo artículo. Para estudiarlo, los investigadores contaron con 18 voluntarios y con la información que daba su red de contactos de Facebook.

Los participantes en el estudio respondieron a preguntas sobre sus amistades mientras les hacían una resonancia magnética funcional

Mientras les hacían una resonancia magnética funcional –que permite ver las áreas del cerebro activas en cada momento– les fueron haciendo una batería de preguntas sobre amigos cercanos y lejanos, haciéndoles pensar sobre ellos, sobre sus conexiones con ellos y entre ellos.

Tras múltiples análisis para separar el ruido y tratar de extraer la información más relevante, llegaron a varias conclusiones, según el tipo de pensamiento al que se dirigían las preguntas. Una es que los rasgos de personalidad de cada contacto eran pensados por una región prefrontal (por detrás de la frente) que, entre otras cosas, tiene que ver con las emociones y la conducta. Otra fue que la relación de distancia que tenían los voluntarios con cada contacto activaba una región parietal, algo por detrás, que ya sí tiene que ver bastante con el razonamiento espacial.

Este tipo de estudios es complicado y despierta cierto escepticismo, pero la repetición de resultados aumenta la confianza y los dos hallazgos ya se habían visto en varios trabajos anteriores. "Yo creo que son sólidos", opina Michael Peer, uno de los autores. Además, "los métodos que usamos ahora son mucho mejores que los antiguos". La mayor novedad fue la tercera conclusión.

Este es el primer trabajo de este tipo que usa los contactos de Facebook. La extensión y el análisis de esa red permitió a los investigadores analizar cómo pensaban los voluntarios las distancias sociales entre los propios miembros. El hallazgo fue que lo hacían usando una región parietal aún más concreta llamada ‘complejo retrosplenial’, una zona justo por detrás de la C que forma el cuerpo calloso, la estructura de nervios que conecta los dos hemisferios del cerebro.

Esa zona está particularmente relacionada con la orientación y la memoria espacial, y ambas quedan seriamente perjudicadas cuando se produce una lesión allí. Si sucede, las personas reconocen por ejemplo los edificios y las referencias cerca de su casa, pero no son capaces de encontrar la ruta hacia ella.

Los autores acaban su artículo de una forma más técnica, tal que así: "Nuestros resultados apoyan la noción de que el cerebro utiliza sistemas similares para procesar el conocimiento que tiene una relación entre diferentes dominios cognitivos". O sea, que si usa algo para tratar de volver a casa, también puede utilizarlo para orientarse en la ciudad de sus amigos.

¿Un secuestro evolutivo?

"La evolución usa todo lo que hay en la habitación", escribían Carlyn Parkinson y Thalia Wheatley, dos psicólogas que llevan años estudiando el cerebro y lo social. Una teoría vigente es que en algunos casos el cerebro puede aprovechar áreas con una función particular para realizar otras aparentemente muy diferentes, pero de mecanismo o estructura similar. Algo así como un reposicionamiento de medicamentos sin patente, el uso añadido de un fármaco para otra enfermedad. Algo que en ciertos casos podría llamarse una ‘exaptación’, en palabra de los biólogos evolutivos Stephen J. Gould y Elisabeth Vrba.

Uno de esos ejemplos podría ser el origen de la música, que aprovecha estructuras como las del lenguaje (o viceversa, como sostienen algunos). Otro podría ser perfectamente este, el del pensamiento espacial en un entorno social mucho más abigarrado que aquel pequeño y tribal en el que nuestro cerebro evolucionó. Para Peer, "esa podría ser una buena explicación, y tiene sentido, aunque no podemos saberlo exactamente". Según Parkinson y Wheatley: "Para navegar con éxito por nuestro complejo mundo social, nuestros cerebros deben rastrear y codificar el espacio psicológico entre nosotros y los demás. Cada vez son más las investigaciones que sugieren que la representación de la distancia del yo en los vínculos sociales se basa en mecanismos que también intervienen en la representación de la distancia del yo en el espacio físico, lo que sugiere que frases como ‘amigo íntimo’ y ‘pariente lejano’ pueden ser representativas de cómo está organizado el propio cerebro".

En realidad, son muchas áreas trabajando a la vez cuando pensamos en ellos, y todas ellas son las que les dan una temperatura y color. Al fin y al cabo no son una estantería, aunque algo de ella tengan.

Cuando llueve, también.

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