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jóvenes que inspiran

Tres testimonios de jóvenes músicos sobre cómo ha afectado la pandemia al presente y al futuro de su profesión

Juan Zalba, Alba Franco y Yasmina Qiu forman parte de la cantera musical de la Comunidad Autónoma, una de las que menos opciones laborales puede ofrecer a esta profesión.

Juan Zalba, Alba Franco y Yasmina Qiu, tres músicos aragoneses.
Juan Zalba, Alba Franco y Yasmina Qiu, tres músicos aragoneses.
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La hostelería, el turismo, el comercio local, el ocio, la cultura... Muchos son los gremios que han cargado sobre sus hombros el revés de las medidas sanitarias pensadas para frenar el coronavirus. También muchos jóvenes que llegaban al final de su formación y han visto cómo el panorama laboral se deslabazaba.

En el caso de quienes decidieron un día dedicarse a la música, el horizonte aún sin pandemia, ya auguraba una salida masiva de talentos hacia Europa debido a la falta de oportunidades en territorio español y, en especial, en Aragón. Juan Zalba, Alba Franco y Yasmina Qiu forman parte de la cantera musical de la Comunidad Autónoma.  Para dar voz a su realidad hemos hablado con estos tres jóvenes músicos aragoneses, sobre el pasado, el presente y el futuro del sector.

Juan Zalba: "Aragón arrastra un vacío de oportunidades desde antes de la pandemia"

Juan Zalba, un joven músico de Huesca.
Juan Zalba, violinista.
Sheyla García Clemente

Juan Zalba terminó en 2019 su formación en el Conservatorio Superior de Música de Aragón (CSMA), donde cursó la especialidad de violín. Con la carrera recién terminada, muchos deciden marchase fuera para seguir estudiando o tratar de acceder a orquestas internacionales, aunque este joven oscense decidió quedarse en la capital aragonesa. "Hay mucha fuga de cerebros en el país, pero en el caso de la música es flagrante. Diría que la mitad de de la gente que termina una carrera de música decide irse fuera para seguir con sus estudios o encontrar trabajo. Porque nos forman mayoritariamente para trabajar en orquestas y, en Aragón, no hay ninguna profesional", lamenta el joven. El plano académino no parece ofrecer una perspectiva más esperanzadora: "No es que en España haya un vacío formativo, pero los precios de los másteres son prohibitivos, y no es fácil costeárselos". 

La razón de esta decisión radica en que este violinista prefirió optar por la opción de la enseñanza. "Yo por el momento, sigo estudiando, compagino el trabajo con mi dedicación al instrumento y mi intención es hacer el Master de Profesorado". Ahora es profesor en Orquesta Escuela, un proyecto de Harinera Zaragoza, da clases particulares de violín y lenguaje musical. 

Para él, el confinamiento fue el punto de partida de lo que ha construido ahora, una oportunidad para reflexionar sobre qué quería hacer con su violín. "Pensé en cosas en las que no me había parado a pensar cuando estaba estudiando. Por ejemplo, en cómo romper las barreras que separan la música clásica de un gran sector poblacional o cómo idear un concierto que llame la atención a este tipo de público. Un reflejo de este propósito es el trabajo del cuarteto de cuerda Muro Kvartet, que ya ha estrenado un videoclip en el que muestran un arreglo de música folk con una base de electrónica y del que Juan es miembro. "El objetivo es acercar las posibilidades de un cuarteto de cuerda a nuevos públicos y alejarse de esa estigmatización social que reserva la música clásica a determinados sectores de la población".

Durante su formación, el violinista fue representante de Aragón en la Federación de estudiantes de Música, un cargo que le ha permitido ver que queda mucho por reivindicar. "Lo que saqué en claro es que la música y las artes escénicas, que comprenden la danza y el teatro, son los grandes perdedores. Entre el año 69 y el 71, se puso en vigor la ley educativa Villar Palasí, que permitió a las Bellas Artes introducirse en la Universidad. Pero quienes entonces tomban las decisiones en la Academia de la Música y en la educación de otras artes dijeron que no, por lo que no llegaron a introducirse como carrera universitaria. Esta decisión hipotecó hace cincuenta años el futuro de quienes hemos estudiado artes", puntualiza Zalba. "En España hay unas 16 o 17 orquestas profesionales. Toca a una por Comunidad Autónoma, ¿verdad? Pero no es así. En Asturias hay dos, en Galicia tres y en Aragón ninguna. ¿Cómo puede ser que en un conservatorio de una comunidad autónoma te eduquen para trabajar fuera de ella? La alternativa es la enseñanza, pero las últimas oposiciones de este tipo salieron en 2006", prosigue el joven. "Aragón es un desierto en cuanto a cultura de música clásica y arrastra un vacío de oportunidades desde antes de la pandemia".

"La formación se centra en que toquemos en orquestas, pero Aragón no cuenta con ninguna profesional, ¿Cómo puede ser que en una comunidad autónoma te eduquen para trabajar fuera de ella?

Por todo ello, el violinista insiste en que es necesario encontrar soluciones a largo plazo: "Cambiar la legislación, invertir en desarrollo para esta comunidad... Porque tenemos muy buenos músicos que están tocando en las mejores orquestas del mundo o enseñando en los mejores conservatorios, pero no han encontrado en su tierra una oportunidad".

Alba Franco: "No me convencen las incoherencias de las medidas impuestas al mundo de la cultura"

Alba Franco, arpista.
Alba Franco, arpista.
A.F.

A Alba Franco la pandemia la pilló en segundo de arpa, especialidad que estudia en el CSMA, preparando los papeles -y las pruebas- para optar al anhelado Erasmus. Porque, al contrario que en otras carreras, los estudiantes deben mandar varios vídeos interpretando diversas obras que determinan su acceso al programa europeo. "No podía ir al Conservatorio a grabar, ni viajar para conocer a las profesoras y que ellas me conociesen también, de modo que tuve que readaptar todo el plan y grabar en casa, con peor calidad y pidiendo a mis padres que dejaran libre el salón", recuerda esta joven de 22 años. Pese a ello, y a la incertidumbre que amenazaba la posibilidad de marcharse a Italia a continuar con sus estudios, finalmente pudo hacerlo, y responde a esta entrevista desde Milán. "Poca gente ha podido irse finalmente y me siento muy afortunada, porque para mí, irme de Erasmus era un potenciador máximo de mi carrera y una oportunidad muy importante para aprender y crecer", asegura.

Lo que no pudo ser fue el concierto programado para mayo de 2020 en Galicia dentro del Ciclo de Jóvenes Intérpretes, en el que Alba iba a ser solista, entre otros muchos proyectos musicales que llevan desde febrero del año pasado guardados en el cajón. "La semana pasada me llamaron del ciclo para decirme que lo iban a poner en marcha de nuevo, así que ha sido una alegría porque yo lo daba ya por perdido", comenta la arpista, que reconoce que adaptarse a la nueva situación no fue un camino de rosas. "Por un lado, tuve que reinventar mi manera de estudiar, porque tenía una mecánica y ya no me funcionaba. Por otro lado, las oportunidades ya eran pocas, y ahora son menos, la incertidumbre se ha agravado, la competitividad será aún mayor. Y todo ello afecta anímicamente".

Italia, dice, también le ha enseñado una nueva perspectiva respecto al valor que se le da a la cultura. "Al salir de Zaragoza y de España he visto que fuera se tiene muchísimo más en cuenta la cultura y me parece algo fundamental. Creo que estamos poco metidos en este mundo y que tanto los jóvenes como los adultos debemos buscar soluciones y apoyar a los artistas que tenemos en el barrio".

"Puedes coger un autobús durante dos horas e ir sentado junto a un desconocido, pero no puedes pasar el mismo tiempo viendo un concierto de música, también sentado y con mascarilla"

Además, desde su posición en el mundo de la cultura quiere reivindicar el eslogan que hace meses lleva resonando en boca de muchos artistas y trabajadores del gremio: la cultura es segura. "Entiendo que tiene que ser difícil gestionar todo lo que esta pasando. A mí lo que no me convence son las incoherencias de las medidas impuestas al mundo de la cultura. Por ejemplo: puedes coger un autobús Zaragoza-Huesca e ir dos horas al lado de una persona que no conoces de nada. Pero no puedes ir a un concierto de música clásica a un Auditorio, donde la mecánica va a ser la misma: dos horas sentados y con mascarilla". 

Yasmina Qiu: "Me gustaría que ver cómo el mundo entero se conecta para acabar con un problema fuera la norma"

Yasmina Qiu, pianista.
Yasmina Qiu, en su estudio.
@janzphotography

Yasmina Qiu, cuyo nombre artístico es Mina, pasó el confinamiento en el centro de Barcelona, en un piso de cuarenta metros, compartido con su pareja. "Si te digo la verdad, yo he podido disfrutarlo. Porque me encanta estar en casa, y lo de la vida ermitaña se me da bien. Tuve la suerte de poder dedicarme a lo que más me gusta: componer, producir y pensar ideas nuevas. Aunque sí que tuve algo de ansiedad al tener que aceptar que mis objetivos para los veinticinco no iban a ser los que había imaginado".

Esta joven de raíces chinoaragonesas estudió comunicación audiovisual en la USJ y piano en el CPMZ y, después, se mudó a Barcelona para hacer el Máster en Dirección Cinematográfica de la ESCAC. Desde que lo terminó, ha pasado por trabajos esporádicos y variopintos: "He sido guionista y editora de MEYO (una app de bienestar emocional); he trabajado como editora para el Hospital de Sant Pau y para algunas empresas de publicidad; he sido compositora de banda sonora para ficción, también he trabajado en el Cine Maldà (un antiguo cine independiente de Barcelona); he rodado algunos vídeos para músicos de Barcelona, también un par de videoclips...", enumera esta joven de 26 años.

"Antes de la pandemia, quería dar un salto como artista. Llevaba unos meses empezando a producir música electrónica y componiendo. Antes de la pandemia conocí a Borja Ruiz (productor de Wesphere). Le mandé unas demos, le gustaron y nos pusimos a trabajar. Entonces, nos confinaron…", recuerda. "El proyecto que estaba llevando a cabo con Borja hablaba de una etapa personal anterior a la pandemia. Tenía ganas de publicar y dejarlo ir, pero estaba la incertidumbre de no saber cuándo se podría actuar, cuándo se podría volver a rodar y la crisis de mis veinticinco, que me volvió algo impaciente. Así que el proyecto se fue transformando. Dejé de verlo como un salto y más como un aprendizaje. Acabé los temas y pasé a otra cosa".

Sin embargo, a día de hoy, considera que este cambio de rumbo afectó positivamente a su carrera profesional. "En el punto en el que yo me encontraba, el confinamiento me dio la oportunidad de enfocarme en lo que quería y buscar el sonido de la música que hago. A nivel personal, recientemente, me ha motivado a mudarme muy lejos, a uno de esos sitios de montaña donde no te llega ni el internet… pero donde puedes pasarte el día entero haciendo música sin molestar a nadie", explica la pianista.

A día de hoy, sus planes pasan por publicar un par de temas que comenzó en el confinamiento. "Ahora mismo estoy colaborando con Uki, un productor japonés asentado en Nueva York. Estamos teleproduciendo varias canciones juntos, es súper divertido. La idea es explorar los ritmos que surgen de la migración china en España. Sacar esto adelante me hace especial ilusión, porque a raíz de la pandemia ha aumentado el racismo hacia los asiático descendientes y siento que este proyecto puede dar voz a una comunidad que todavía es muy incomprendida en este país". Este es un tema que a Qiu le toca de cerca: "Mi padre es del sureste de China, de Qingtian. Vino a Zaragoza en los años 80 para buscarse aquí la vida. Mi madre es zaragozana, maña de pura cepa. Ambos se conocieron trabajando", revela la joven. En esta misma línea también tiene pendiente rodar un cortometraje que escribió en el confinamiento, "aunque será de cara al año que viene".

"Si queremos apoyar directa y económicamente a los artistas, existen las suscripciones digitales, crowdfundings, plataformas como Patreon…"

Respecto a las medidas que afectan a día de hoy a su gremio, Qiu quiere recordar que el arte y la cultura están en todas partes: "Pienso que el sector cultural es una cosa, la cultura otra. En una crisis así el sector puede verse violentado, pero la cultura sale enriquecida. Una pandemia global trae consigo cambios de paradigma y pensamiento, y es muy importante entender que necesitamos apoyar a artistas y creadores en los próximos años para que puedan desarrollar su trabajo y en última instancia sus ideas lleguen a la sociedad. Creo que el gobierno tiene que asegurarse de que sigan existiendo estos espacios ritualísticos; pero la cultura está en todas partes, no solo en museos y grandes salas. Hay cines independientes, asociaciones socioculturales, mercadillos locales... si queremos apoyar directa y económicamente a los artistas, existen las suscripciones digitales, crowdfundings, plataformas como Patreon… lo más importante es mantenerse abierto y compartir aquello que nos inspira con familia, amigos y gente de nuestro entorno", reflexiona la joven. Y prosigue: "La verdad, me gustaría que ver cómo el mundo entero se conecta para acabar con un problema fuera la norma. Asuntos de mayor envergadura, como el cambio climático, son una amenaza más grande que esta pandemia,  ¡y sigue sin ponerse en la agenda de prioridades!

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