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Aquellos maravillosos inventores

Joseph-Armand Bombardier, el inventor que desafió a la nieve con sus vehículos oruga

Tras fabricar, en 1922 y con solo 15 años, el primer prototipo de una motonieve, J-A Bombardier tuvo que esperar casi otros 40 para diseñar la versión definitiva: su Ski-Doo. Años durante los que inventó todo tipo de vehículos propulsados por su innovador sistema de transmisión de oruga para desplazarse sobre el terreno nevado y sobre cualquier otro.

El Bombardier B7 de 1935, el primer vehículo en ser comercializado.
El Bombardier B7 de 1935, el primer vehículo en ser comercializado.
Canada Science and Technology Museum

En 1922 y con solo 15 años, el joven canadiense Joseph-Armand Bombardier (1907-1964) inventaba la que es considerada como la primera motonieve de la historia. Un prototipo de efímera existencia y que tuvo que esperar más de treinta años hasta alcanzar su versión definitiva. Pero volvamos al invierno de 1922, cuando, tras meses de trabajo en el garaje de la granja familiar en la localidad de Valcourt en Quebec, el día de año nuevo, Joseph Armand se presentaba ante su familia montado sobre su flamante vehículo para la nieve. 

En esencia, se trataba un asiento de trineo montado sobre los deslizadores de otros dos trineos dispuestos en tándem e impulsado por una hélice. Joseph Armand la había fabricado a mano y luego la había ensamblado a la transmisión del viejo y desahuciado motor de Ford T que su padre le había regalado para que diese rienda suelta a su afición por la mecánica. Lo que no evitó que aquel le ordenase desmontarlo de inmediato ante el peligro que representaba la hélice para sus hermanos pequeños.

Primer prototipo de motonieve de la historia (Joseph-Armand Bombardier,1922)
Primer prototipo de motonieve de la historia (Joseph-Armand Bombardier, 1922)
Ingenium – Canada's Museums of Science and Innovation

Dos años después J-A se trasladaba a Montreal para trabajar como aprendiz en un taller, al tiempo que por las noches cursaba ingeniería y mecánica en la escuela nocturna. En 1926 retornaba a Valcourt, donde abría su propio taller mecánico, en el que fabricaba y reparaba cualquier cosa: desde maquinaria agrícola hasta los coches de sus vecinos, por lo que de inmediato se labró una sólida reputación y sustento. Gracias a ello, J-A aprovechaba los largos meses del invierno canadiense, cuando la nieve aislaba el pueblo, impedía que los coches circulasen y la actividad se paralizaba, para retomar su proyecto de construir un vehículo ligero que permitiese desplazarse sobre la nieve, ensayando diversas soluciones y prototipos.

La misión de su vida

Entonces, en 1934, una tragedia lo iba a cambiar todo: el hijo pequeño del inventor fallecía de una apendicitis aguda con apenas 2 años, después de que no pudiesen llevarlo al hospital debido al aislamiento de la región a causa de las nevadas. Lo que hasta entonces era un sueño de juventud, se convirtió en la misión de su vida, en su responsabilidad. 

Se volcó en ello y en apenas un año desarrolló un sistema de transmisión continua de oruga similar al de los tanques, que resultaba idóneo para desplazarse sobre el terreno nevado tal y como comprobó al montarlo en el chasis de un automóvil. En 1937 obtenía la patente sobre el mismo –la primera de las más de 43 que obtuvo a lo largo de su vida– y comenzaba a fabricar sus primeros vehículos de nieve. 

Ese invierno sacaba a la venta las siete primeras unidades del B7 –Bombardier para siete ocupantes– consistentes en chasis de coches montados sobre su mecanismo de transmisión de oruga. Pronto los médicos, curas y misioneros rurales comenzaron a demandarlos. Y a estos les siguieron repartidores, conductores de ambulancia, el servicio postal y todo aquel que necesitase desplazarse sobre el terreno nevado. Ante la creciente demanda, J-A transformó su taller en una fábrica y creó su propia compañía L’auto-Neige Bombardier Limitée. El éxito del B7 fue tal que en 1939 la compañía tenía que abrir una nueva planta con capacidad para fabricar 200 vehículos al año. 

El Bombardier B12
El Bombardier B12

Un año después, en 1941, Bombardier patentaba y presentaba un nuevo modelo, el B12, con capacidad para 12 pasajeros, más largo y aerodinámico que el anterior. Se trataba de un vehículo muy versátil pensado para una amplia gama de mercados y funciones: transporte de personas y materiales, ambulancia, servicio de rescate, vehículo de transporte para los instaladores de líneas telefónicas y eléctricas, explotaciones mineras, etc. Desde el momento de su lanzamiento, el B12 fue un éxito.

Justo entonces, Canadá acababa de entrar en la II Guerra Mundial y el vehículo llamó la atención del ejército canadiense, que reclutó al inventor para diseñar y fabricar un modelo más grande, potente y blindado para transporte de tropas. La respuesta del creador fue la serie de vehículos blindados para la nieve Mark, de los que se fabricaron más de 1.900 unidades entre 1942 y 1946.

Tras el paréntesis del conflicto bélico, la demanda de vehículos de nieve para fines civiles volvió a recuperarse, especialmente del B12 y de su hermano mayor, el nuevo B18, que resultaba ideal para el transporte público y particularmente el escolar.

Pero cuando todo parecía ir viento en popa, en el invierno de 1948-49 el Gobierno de Quebec adoptaba la nueva política de mantener despejadas todas las carreteras y vías rurales de la región durante el invierno, lo que motivó que las ventas se desplomasen. Lejos de venirse abajo, Joseph Armand decidió entonces enfocar la producción a vehículos todoterreno capaces de desplazarse igual por la nieve que por terrenos pantanosos o turberas. Y las ventas volvieron a aumentar. 

En 1953 se iniciaba la producción de su vehículo todoterreno más exitoso: el Muskeg, un tractor capaz de desplazarse sobre cualquier superficie gracias a un diseño tan optimizado que provocaba un impacto mínimo sobre el suelo, lo que impedía que se quedase atorado. El Muskeg traspasaría fronteras y alcanzaría un éxito mundial, siendo adoptado tanto por los equipos de rescate de esquiadores en los Alpes como para misiones y transporte en el Sáhara. Y en 1955 comenzaba a fabricarse el J5, un vehículo que J-A había diseñado específicamente para la industria forestal y que, tras ser adaptado incorporándole una pala frontal, se convertiría en el icónico vehículo de limpieza de cunetas, carreteras y ciudades de toda Norteamérica.

El Ski-Doo original de 1959, la motonieve moderna.
El Ski-Doo original de 1959, la motonieve moderna.

Pero, a pesar de toda esta producción, Joseph-Armand nunca abandonó la idea de fabricar una motonieve. Un sueño que por fin iba a poder consumar en 1959, cuando la industria estuvo en condiciones de producir motores suficientemente ligeros y compactos. Eso era por lo que llevaba toda una vida esperando. En otoño de ese año comenzaba la fabricación de la Ski-Doo: la motonieve moderna, tal cual la entendemos hoy, y que iba a tener un impacto definitivo en el desarrollo de las comunidades árticas. Sus primeros usuarios fueron los misioneros, cazadores y tramperos canadienses. Pero, tras un modesto arranque, las ventas de la Ski-Doo se multiplicaron a nivel mundial cuando fue descubierta por los amantes de los deportes de invierno, hasta convertirse en el vehículo recreativo por excelencia para la nieve.

Miguel Barral Técnico del Muncyt

Esta sección se realiza en colaboración con el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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