Despliega el menú
Sociedad
Suscríbete

Tercer Milenio

La vida de las piedras

Chanquete ha muerto, los glaciares no

La realidad es tozuda: los glaciares pirenaicos están en un acelerado proceso de fusión. De no mediar cambios a corto plazo, y no se esperan, en unas pocas décadas seguramente desaparecerán por completo. Habituados en cierto modo a las extinciones de seres vivos, la desaparición de un elemento geológico genera sin embargo algo de desconcierto.

El glaciar de Monte Perdido, en 2016 (foto tomada desde un vuelo autorizado por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido).
El glaciar de Monte Perdido, en 2016 (foto tomada desde un vuelo autorizado por el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido).
Ánchel Belmonte Ribas

En algún momento deberemos asumir que la naturaleza va más allá de lo vivo. Que lo geológico y lo biológico comparten importancia y son inseparables para entender el mundo que habitamos. Pero que, a menudo, se expresan en diferentes idiomas que conviene conocer. Mezclarlos puede hacernos tropezar e impedir que entendamos plenamente cómo funciona la Tierra. La fusión de los glaciares pirenaicos es un buen caso de estudio.

Las glaciaciones son fenómenos recurrentes en la historia de nuestro planeta. A lo largo de los 4.600 millones de años que este lleva existiendo, los glaciares que se han formado y desaparecido son incontables. Ocurrió en el pasado y ocurrirá en el futuro. La circunstancia especial es que justo ahora, cuando la humanidad dispone de las herramientas intelectuales para comprender y apreciar los procesos glaciares, asistimos a su desaparición masiva en virtud de un calentamiento del clima al que nuestro despreocupado modo de vida contribuye. Quizás no somos los primeros en ver cómo los glaciares desaparecen, pero sí somos los primeros en entender los hechos y las causas.

Es vital, por tanto, que los que trabajamos de un modo u otro en esto, transmitamos a la población en general el significado de los procesos geológicos. La desaparición de un glaciar nada tiene que ver con la muerte de un ser o con la extinción de una especie. Una especie extinguida nunca vuelve. Y el nicho ecológico que deja vacío puede no ser ocupado por otra especie. Los glaciares volverán. Y en su ausencia, de inmediato otros paisajes geológicos sustituirán a los que el hielo libere. Nuevos ibones, nuevos canchales, campos de lapiaz, glaciares rocosos… Para quien está dispuesto a apreciarla, todo elemento de la naturaleza alberga algún tipo de belleza. Y sus acciones son parte de la creación siempre inconclusa del paisaje.

Hablar de muerte y agonía, como algunos titulares de prensa pregonan, describe una realidad tan conmovedora como imprecisa. Y tanto en el fondo como en la forma aportan muy poco a la comprensión de los procesos geológicos, a sus tiempos y a cómo se relevan en la historia. Otra cosa es que lamentemos el que no vayamos a estar aquí para ver otra vez el Pirineo glaciado. Otra cosa es la responsabilidad que tenemos en el calentamiento global y sus efectos. Otra cosa es que nuestro gusto particular reconozca como paisajes estéticamente inferiores los que están sustituyendo a los glaciares. En buena medida esto es el reflejo de una sociedad no alfabetizada en geología. Casi ausente de la educación primaria y fuertemente jibarizada en la secundaria, se le hurta a la ciudadanía el placer de un entendimiento pleno de la naturaleza, del planeta en que vivimos. Los mecanismos de la geología poco tienen que ver con los de la biología, que nos resultan más próximos porque como seres vivos que somos participamos de ellos. Pero nuestros pies se apoyan sobre el planeta y sus recursos geológicos sostienen nuestra civilización. Entender cómo funciona es, por tanto, una necesidad intelectual y vital. Y transmitir ese mensaje es una responsabilidad compartida: científicos, profesores, periodistas, divulgadores, políticos. A cada ciudadano le toca ser exigente con la calidad de los mensajes que recibe y, a ser posible, disfrutar de los glaciares que aún tenemos. Que se puede. Pero eso ya es otra historia…

Ánchel Belmonte Ribas Geoparque Mundial de la Unesco Sobrarbe-Pirineos

-Ir al suplemento Tercer Milenio

Apúntate y recibe cada semana en tu correo la newsletter de Tercer Milenio

Etiquetas
Comentarios
Debes estar registrado para poder visualizar los comentarios Regístrate gratis Iniciar sesión