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Tercer Milenio

Gazapos de cine

Chicos, ¿estáis seguros de que lo que hemos atravesado es la termoclina?

Nos sumergimos en las profundidades de los océanos para comprobar si el aterrador megalodón podría ocultarse bajo una termoclina.

Fotograma de la película ‘Megalodón’ (Jon Turteltaub, 2018).
Fotograma de la película ‘Megalodón’ (Jon Turteltaub, 2018).
Apelles Entertainment, Gravity Pict./Maeday Prod./Flagship Entert. Group

Cuando Jonas Taylor acude al rescate del submarino de investigación ‘Origin’, averiado en las profundidades marinas, provoca que un megalodón los persiga hasta las aguas superficiales, sembrando el terror y devorando a todos los que se ponen a su paso.

Que no cunda el pánico, que a ningún megalodón oculto bajo esa ‘termoclina’ en su sano juicio se le ocurriría siquiera asomar el morro a un mundo lleno de oxígeno, oceanógrafos y bañistas. En los dominios de Jason Stachan no podría respirar tranquilo.

Escuchemos este diálogo de la película ‘Megalodón’ (‘The meg’, 2018), dirigida por Jon Turteltaub.

El diálogo de película

–Desde 1875 se ha creído que la fosa de las Marianas era la zona más profunda del planeta. Según mi teoría, puede que lo que creemos que es el fondo sea en realidad una capa de sulfuro de hidrógeno. Bajo esa nube y una glacial termoclina, podría extenderse un mundo completamente nuevo –expuso el oceanógrafo japonés, Dr. Zhang.

–El ‘Origin’ está a punto de probar si mi padre tiene razón. Si debajo hay agua caliente, entonces seremos los primeros en verlo –completó Suyin, la hija y ayudante del investigador.

–Hemos entrado. Es una nube. No es el fondo –confirmó la piloto del ‘Origin’.

–¡Chicos, la hemos atravesado!

El gazapo

Nada mejor que una dosis de suspense para arrancar: Desde 1980 se conocen las denominadas Deep Hypersaline Anoxia Basins (o simplemente DHAB): lagos o fosas de agua ultrasalada –o ultraconcentrada– y deficiente en oxígeno localizadas en las profundidades de los océanos, generalmente en grietas, depresiones o pozos que se abren en el suelo marino y que pueden presentar anchuras y profundidades de cientos e incluso de miles de metros.

Una de las muchas características interesantes de estas depresiones es la zona o región donde esta agua hipersalina se encuentra con el agua oceánica ‘normal’. Debido a esta diferencia de salinidad tan acusada, la densidad del agua normal es mucho menor que la del agua contenida en la DHAB; lo que conlleva que no se mezclen, sino que la primera permanezca siempre por encima, estableciéndose dos capas; la fase intermedia o zona de transición entre ambas se conoce como haloclina.

Mi teoría es que a lo que pretendían referirse los guionistas, por boca del renombrado profesor nipón, era, precisamente, a una haloclina y no a una termoclina. Que, aunque emparentadas, no son lo mismo, ni en su origen ni en sus características.

La termoclina es la capa de transición entre la masa de agua oceánica superficial, calentada por la luz solar y la agitación generada por el viento y el oleaje, y las gélidas aguas de las profundidades. Y su profundidad y grosor depende y oscila según la época del año y de la localización de océano o masa oceánica de que se trate. Salvo en las ‘orillas’ oceánicas, siempre se presenta a una considerable distancia del suelo oceánico. O si se prefiere ver así, la capa superficial de agua caliente y agitada es siempre más estrecha que la helada capa inferior. Y en lo tocante al grosor o espesor de esta capa de transición, por regla general es considerable, pudiendo llegar a ser de varios miles de metros.

Por el contrario, las haloclinas presentan un grosor mucho más modesto, de apenas unos metros, en el cual quedan atrapadas muchas pequeñas partículas como restos de organismos que no son los suficientemente densos para atravesarla, por lo que quedan suspendidos en ella por el enorme empuje de las aguas hipersalinas (e hiperdensas), hasta constituir una capa o franja tan atestada que puede dar la impresión de ser el fondo. Pero es que, además, estas haloclinas pueden contener o estar formadas por el sulfuro de hidrógeno producido por las bacterias que residen en el fondo marino, dado que el sulfuro de hidrógeno –en esas condiciones de presión y temperaturas, en estado líquido– tiene una densidad apropiada para quedar atrapado o suspendido en esta zona de transición. Más aún, bajo estas haloclinas se han descubierto, en las aguas hipersalinas de la depresión subyacente, numerosas especies desconocidas hasta entonces para la ciencia y perfectamente adaptadas a ese entorno.

¿Qué pasaría si el megalodón atravesara la haloclina?

Como en la película, los problemas comienzan cuando se rompe esta barrera y algún habitante del océano oculto accede a las aguas superiores. Claro que, en la realidad, las víctimas son las criaturas que han escapado de su medio. A semejantes profundidades hace mucho que ha dejado de llegar la luz del sol. Por ello, los organismos productores primarios de este ecosistema no realizan la fotosíntesis, sino un proceso equivalente denominado quimiosíntesis gracias al cual convierten compuestos inorgánicos en alimento. Una consecuencia de no ser fotosintéticos es que no producen oxígeno; lo que implica que todos los organismos en ese entorno, por fuerza, han de ser anaeróbicos. Y no solo eso, sino que, del mismo modo que los organismos que dependemos del oxígeno no podemos sobrevivir en un medio con déficit del mismo, la práctica totalidad de los organismos anaeróbicos mueren tan pronto son expuestos a un medio con oxígeno; lo que, de hecho, es el principal problema de los oceanógrafos a la hora de llevarlos a la superficie para estudiarlos, porque no pueden sacarlos de su entorno.

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