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Sociedad

Cristina Fallarás: "A un hombre como el Nazareno le lavaría los pies"

"Soy feminista radical pero, los hombres me gustan mucho", asegura la escritora, que publica 'El Evangelio según María Magdalena'

Cristina Fallarás es autora de novela negra, feminista, y todo un ciclón de vitalidad.
Cristina Fallarás es autora de novela negra, feminista, y todo un ciclón de vitalidad.
Laura Muñoz Hermida

Peleona, perseguida, feminista radical, roja por dentro y por fuera... Se diría que a esta maña, nieta de un coronel de caballería franquista, le apasiona provocar. Ella lo desmiente con 'El Evangelio según María Magdalena', un libro que, asegura, no molestará a los muy católicos. "Lo sé porque se lo di a leer a mi familia".

-¿Nació guerrera o es rebelde porque el mundo le ha hecho así?

-Soy rebelde porque el mundo me ha hecho así, no es broma. Por eso soy tan feminista. Me ha hecho así la forma en la que me han tratado tanto en la infancia como en lo personal y en lo laboral. Fui al Sagrado Corazón hasta los 18 años. Y soy marxista por las mismas razones por las que fui cristiana.

-Una marxista muy interesada en la Biblia...

-Quería escribir sobre María Magdalena, que es, junto con Eva y la Virgen María, la tercera mujer simbólica del cristianismo. Hasta que llegó Ratzinger se trató como prostituta a una mujer rica y culta que además escribió un evangelio.

-¿Por qué la convirtieron en prostituta?

-Necesitaban castigar a la mujer, como manda la tradición cristiana. Eva, al darle una manzana a Adán, es la culpable de todos los males. En mi libro María Magdalena narra la conversión de Mateo, la multiplicación de los panes y los peces y todo el calvario desde el punto de vista de una mujer. Y de repente todo cambia.

-¿Ya no hay milagros?

-Un milagro es una idiotez. Pero se multiplicaron los panes y los peces, hubo curaciones... ¿Quién lo hizo? ¿Y cómo lo hicieron? Eso es lo que cuento.

-Que las mujeres estamos detrás de los milagros.

-Exacto. Cuando Cristo les dice a los apóstoles: «No tengáis casa, salid y tendréis cobijo y alimento...». ¡Nos ha jodido mayo! Claro que tendrán cobijo y alimento. ¿Quién lo pone? Las mujeres.

-¿Vive en un mundo de 'hombres malos, mujeres buenas'?

-Para nada. Tengo dos hijos y he tenido dos maridos. Y les he querido mucho. Se piensa que como feminista radical tengo una especie de odio general a los hombres. Y a mí los hombres me caen muy bien y me gustan mucho. Hay mujeres que no me gustan nada.

-¿Era feminista el Nazareno?

-Lo considero subversivo contra el machismo. Lo que cuentan de él en los evangelios no tiene nada que ver con la construcción posterior de la Iglesia.

-¿A un hombre así le lavaría usted los pies?

-Sí. Me parece un gesto precioso. No un acto de sumisión sino de agradecimiento y de cuidados.

-La han incluido en la lista de las mujeres más influyentes junto con la reina Letizia y Esther Koplowitz... ¿Ofendida?

-No. Me ofendo poco ya. Pero me sorprende porque ellas tienen dinero y yo no. Su mensaje es muy complaciente y el mío no, ellas tienen una idea de la economía que va con los poderosos y la mía no.

-Le grabaron una cruz en su puerta a punta de navaja. ¿Se siente perseguida?

-Me insultan por la calle, me dejan anónimos en el buzón, me empujan, me escupen... A mis hijos, de 18 y 12 años, los han amenazado de muerte. No me siento víctima, me siento señalada, a veces incluso por la policía y por sectores radicales ligados a Vox y a la Iglesia católica. No puedo andar por la calle sin miedo. Eso te modifica la vida y hace que vivas mal. Yo vivo mal, por supuesto.

-¿No se ha planteado reivindicar sus ideas de forma menos vehemente?

-Es que no sé hacerlo de otra manera. No se dialoga con la extrema derecha. Con ellos soy muy beligerante.

-¿Se ha preguntado alguna vez si es sectaria?

-Soy profundamente intransigente. No transijo ni con la violencia, ni con la idiotez, ni con la ignorancia que se vuelve contra los menos favorecidos, ni con el racismo. Sé que suena mal pero a mí la intransigencia me parece estupenda, igual que la Iglesia católica es intransigente en lo suyo. Ahora quizás consideramos la intransigencia sectaria, pero es porque nos hemos vuelto más tibios.

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