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Sociedad

Un informe resalta el agotamiento de los trabajadores sociales desde marzo

Los autores del informe señalan que los primeros efectos de la pandemia se vieron reflejados en el cierre de los centros de servicios sociales, así como en la suspensión de cualquier tipo de atención presencial.

Teruel
Trabajadores sociales, imagen de archivo.
Heraldo

Un informe en el que participan investigadores de distintas universidades del país, entre ellas la de Zaragoza, evidencia el agotamiento que afecta a los trabajadores de los servicios sociales debido al sobreesfuerzo que llevan a cabo desde el pasado mes de marzo, cuando se desencadenó la pandemia por coronavirus.

Según informa la Institución académica aragonesa, el informe se enmarca en el proyecto "Monitor de Impacto de la covid-19 en los Servicios Sociales", que incorpora entrevistas realizadas en 52 centros de servicios sociales de seis comunidades autónomas, Aragón, Andalucía Baleares, Castilla y León, Euskadi y Madrid.

Los autores del informe señalan que los primeros efectos de la pandemia se vieron reflejados en el cierre de los centros de servicios sociales, así como en la suspensión de cualquier tipo de atención presencial.

Actualmente, destacan, una progresiva apertura del servicio ha dado lugar a nuevas dinámicas, aunque, en su opinión, no se puede hablar de una absoluta vuelta a la normalidad en su prestación.

Los docentes de la Facultad de Ciencias Sociales y del Trabajo de la Universidad de Zaragoza Ana Lucía Hernández, Patricia Eugenia Almaguer y Juan David Gómez, han analizado el impacto de la pandemia en los servicios sociales de los referidos 52 centros.

Sus observaciones han quedado recogidas en el informe "Los servicios sociales ante la pandemia: más demandas que atender y más retos ante la complejidad".

Tras la publicación de un primer informe en septiembre de 2020, se ha publicado un segundo estudio que analiza el alcance de la pandemia y donde se relata cómo ha sido el impacto en los servicios sociales durante los meses de septiembre, octubre y noviembre de ese mismo año.

El nuevo informe constata que la precariedad laboral y social que está provocando la covid-19 hace que los perfiles de los usuarios esté alcanzando a personas que nunca antes se habían visto en situación de necesidad, sobre todo vinculados a la economía sumergida.

Familias, advierte el estudio, que no reciben respuesta a su solicitud del Ingreso Mínimo Vital, a las que se suman personas con problemas emocionales vinculados a la pandemia y el confinamiento.

Además, el impacto que está teniendo la crisis generada por la covid-19 ha exigido un esfuerzo enorme a los trabajadores sociales, que, en las entrevistas, advierten de que los próximos meses pueden traer un aumento notable de peticiones de ayudas sociales entre aquellas familias cuyos ahorros se han terminado como consecuencia de la finalización de los ERTE o el cierre de sectores como la hostelería.

Destaca el estudio en relación al funcionamiento de los centros de servicios sociales que en la actualidad "es imposible hablar de una vuelta a la normalidad total".

Los expertos explican que aunque los centros han ido reabriendo poco a poco y en todos ellos se presta atención presencial, siguen contando con numerosas limitaciones como la imposibilidad de realizar intervención grupal, la recomendación de evitar las visitas domiciliarias o la priorización del seguimiento a las personas usuarias por vía telefónica o por e-mail.

Para los profesionales del sector, esta falta generalizada de la presencialidad en los servicios sociales puede traer consecuencias a la hora de valorar situaciones de riesgo.

Según explica una trabajadora social en Andalucía, "en una entrevista presencial se puede profundizar más en la raíz del problema, dando lugar a otras posibles dificultades que telefónicamente no se manifiestan y son más difíciles de descubrir".

La compleja situación que se está viviendo tanto en el sistema sanitario como en el sistema de servicios sociales genera un cansancio y desgaste generalizado entre los trabajadores sociales que se hace más intenso ante la incertidumbre de cuánto durará esta situación, pone de manifiesto el informe.

La presión sostenida de todos los meses anteriores acaba por desgastar a unos profesionales cuyo nivel de implicación y responsabilidad es muy elevado, como explica una trabajadora social de Baleares: "te das cuenta que los servicios sociales, en lugar de ser la primera red es la última red, te crea una responsabilidad añadida que te supone un estrés de no dejar a nadie sin atender".

El estudio evidencia que esta sensación de responsabilidad ante las vidas precarias y en riesgo de extrema pobreza de muchas personas usuarias de servicios sociales crea angustia a las trabajadoras.

Añaden los expertos que si en los inicios de la pandemia la percepción era que esto duraría solo un tiempo breve, a medida que pasan los meses esa percepción desaparece y se abre un abismo de incertidumbre, que se suma al cansancio acumulado desde marzo.

A pesar de todo lo expuesto anteriormente, han ido desarrollando estrategias, medidas y herramientas para adaptarse a la nueva situación, diseñando nuevos programas para dar respuesta a las nuevas necesidades sociales.

Finalmente, los expertos constatan que el hecho de que los efectos de la pandemia sean generalizados ha traído consigo que muchas personas acudan a servicios sociales "sin sentir vergüenza".

Un hecho que es valorado como algo positivo por las trabajadoras sociales, que sienten que los servicios que prestan están "junto a la ciudadanía".

"Hay personas que se han atrevido a dar el paso porque ahora la situación les ampara: Si voy con el resto de las demandas se nota menos. Esto es algo positivo", explica una trabajadora social de un distrito madrileño con una renta per cápita alta.

Este estudio, financiado por el Instituto de la Administración Pública (INAP), seguirá en funcionamiento hasta septiembre de 2021, y realizará un seguimiento detallado de cómo estos servicios se están enfrentado a los retos derivados de la pandemia, dando visibilidad al esfuerzo, dedicación e implicación de las profesionales de los servicios sociales.

Según resalta una trabajadora social de Aragón, "todo irá a peor, pero vamos a dar la batalla. No hay que aceptar las cosas como están. Las trabajadoras sociales no podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que estar siempre al lado de los ciudadanos". 

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