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Chat en Heraldo

Pregunta a José Luis Jiménez y despeja tus dudas sobre cómo protegernos mejor del coronavirus

Haznos llegar tus preguntas al correo participacion@heraldo.es y el investigador, experto en aerosoles, las responderá el viernes 6 de noviembre a las 9.30, a través de Heraldo.es.

José Luis Jiménez, catedrático de Química y Ciencias Ambientales en la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos)
José Luis Jiménez, catedrático de Química y Ciencias Ambientales en la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos)

Esta semana, HERALDO abre un chat con José Luis Jiménez, investigador de la Universidad de Colorado (Estados Unidos), que responderá a las preguntas formuladas por los lectores. Comprender cómo se transmite el SARS-CoV-2 es esencial para poder adoptar las mejores medidas para protegernos, individualmente y como sociedad. Si tienes dudas o cuestiones concretas que plantear, dirige tus preguntas por correo electrónico a participacion@heraldo.es. A lo largo de la semana, las recogeremos y el investigador zaragozano las responderá el viernes 6 de noviembre  a las 9.30, a través de Heraldo.es.

El pasado jueves 29 de noviembre, Jiménez explicó en el Ateneo de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura de Zaragoza cómo protegernos mejor frente a un virus que, según una "evidencia científica abrumadora", se transmite principalmente a través de los aerosoles que flotan en el aire y que respiramos. En torno a mil personas siguieron la sesión del catedrático de la Universidad de Colorado, que también dio respuestas a muchas dudas planteadas por los asistentes a la conferencia 'online' que ofreció. Este es un resumen de algunas de las recomendaciones finales que ofreció.

Mascarillas bien ajustadas

Protegernos mejor "no es tan difícil y muchas cosas, como ventilar o ajustarnos bien las mascarillas, son gratis", señala José Luis Jiménez. Pero anima a elegir aquellas medidas que den respuesta al modo de transmisión dominante del coronavirus, la vía aérea. Por eso una de sus más reiteradas recomendaciones es "ajustar la mascarilla a la cara, sobre todo en la nariz, sin dejar huecos; ayuda más la sujeción por detrás que en las orejas". Es tan importante como su calidad: "Un hueco del 2% le quita la mitad de su capacidad de filtración". Y barba y mascarilla no casan: "Lo siento, pero los hombres deberían afeitarse". 

"La mascarilla no es un talismán, hay que unirle la distancia. Además, quitársela para hablar es un gran error, ya que cuando hablamos exhalamos diez veces más aerosoles que al respirar"

En cuanto a los fumadores, "el humo no te trae el virus, entre otras cosas porque el aerosol del virus es más grande que el del humo, pero el problema es que para fumar nos quitamos la mascarilla y respiramos más fuerte, ahí está el riesgo". Pues la mascarilla debe llevarse siempre, en exteriores e interiores con no convivientes, y "no es un talismán, hay que unirle la distancia". Además, quitársela para hablar es un gran error, ya que "cuando hablamos exhalamos diez veces más aerosoles que al respirar".

Un medidor de CO₂ en cada local público, como un gran reloj

Casi todas los casos de supercontagios se dan en interiores: una persona contagia a muchas porque comparten el mismo aire. Por eso lo mejor es "hacer todas las actividades que sea posible en el exterior; con distancia y mascarilla, que son capas de protección que hacen difícil el contagio". Porque este "no es un virus muy contagioso, salvo que le ayudemos: hablando mucho tiempo cerca y en espacios interiores. Y justamente en interiores es esencial pasar el menor tiempo posible, con el menor número de gente posible y mantener el ambiente limpio, ya sea ventilando –con ventanas abiertas de forma continua– o filtrando el aire. 

"Los medidores de CO₂ más fiables son de tipo NDIR (a partir de 150 euros). Se podrían compartir, haciendo una biblioteca de sensores"

Para comprobar si la ventilación es adecuada, podemos medir la concentración de CO₂, pues indica qué parte del aire ha sido exhalado y, por tanto podría contener aerosoles infecciosos: el límite serían las 700 partes por millón. Y lanza una idea: "En todos los locales públicos podría haber un indicador, como un reloj grande, que muestre cuánta concentración de CO₂ hay". Esta medida podría evitar, por ejemplo, limitar el aforo de todos los bares, sino solo de los que pasaran ese límite, que deberían ventilar más. En las aulas, como ha estudiado Javier Ballester, de la Universidad de Zaragoza, el dato del CO₂ permite saber cuánto hace falta abrir las ventanas para tener un nivel de renovación del aire más seguro pero pasando el frío justo. "Los más fiables son de tipo NDIR (a partir de 150 euros). Se podrían compartir, haciendo una biblioteca de sensores", propone. Jiménez anima a "ponerse las pilas y vestirse para ir a clase como para ir a esquiar porque, como dicen los suecos, ‘no hay tiempo frío sino mala ropa’".

Filtrar el aire

"En un interior nunca estás completamente seguro", asegura, pero puedes poner capas de protección y, además de llevar mascarilla, intentar que se parezca lo más posible al aire libre. Cuando no hay posibilidad de ventilar ni de disponer de un circuito de ventilación forzada que tome el aire del exterior, "no queda otra que filtrar el aire". El grupo multidisciplinar de expertos al que pertenece José Luis Jiménez aconseja "dispositivos con filtros HEPA de grado 13, que chupan el aire, el virus se queda en el filtro y sale aire limpio". El virus "pierde su infectividad en una o dos horas". Bastan unos 10 minutos para que el aire que respira una persona haya llegado a cualquier otro punto de una habitación. Por eso, es necesario renovar con aire limpio. Para evitar que la acumulación de aerosoles potencialmente infectados alcance niveles elevados, la guía de Harvard aconseja un mínimo de cinco renovaciones por hora de todo el aire de la estancia. Por eso es tan importante que el purificador tenga tamaño suficiente en relación con la habitación: "Si tiene 20 m³, tendrá que filtrar 100 m³/hora". De este sistema, "lo que más importa es el volumen que filtra", porque pueden hacer falta varios aparatos en salas grandes. "Lo mejor es que sea un filtro sin más, sin iones ni otras cosas por las que te cobran más, mejor que sea más grande", dice. El obstáculo de este sistema, "que funciona y no tiene efectos secundarios", es su precio, unos 500 euros. El profesor de Unizar Javier Ballester trabaja en purificadores artesanales baratos, ensamblando un ventilador y un filtro, "y ha demostrado que son seguros; si fueran verificados y respaldados por la Administración, podrían aplicarse de forma masiva".

Más caras que filtrar son las lámparas ultravioleta, una radiación germicida que acaba con el virus, "pero queman los ojos y la cara y deben ser diseñadas e instaladas por profesionales, por lo que solo se aconsejan en caso necesario, por ejemplo en una cárcel o la sala de espera de urgencias de un hospital".

"Poner desinfectantes en el aire es una barbaridad porque luego los respiramos. Tampoco limpiadores basados en tecnologías químicas porque reaccionan y producen compuestos tóxicos"

Y, sobre todo, para limpiar el aire, "no hay que añadirle nada, sino quitar. Poner desinfectantes en el aire es una barbaridad porque luego los respiramos –advierte–. Tampoco limpiadores basados en tecnologías químicas porque reaccionan y producen compuestos tóxicos. Si en un local pone ‘Desinfectado con ozono’, no entre, porque es un irritante respiratorio".

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