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La música en pandemia: de la melancolía a la energía evolutiva del ‘Resistiré’

"Walter Pater escribió que todas las artes aspiran a la condición de música", dijo Borges al principio de una de sus conocidas conferencias, para luego continuar: "La razón obvia (hablo evidentemente como lego en la materia) sería que, en música, la forma y el contenido son inseparables".

La rápida y enérgica ‘Resistiré’ sonaba en los balcones del confinamiento. Jorge Escudero
La rápida y enérgica ‘Resistiré’ sonaba en los balcones del confinamiento. Jorge Escudero
Jorge Escudero

De entre todas las artes, la música parece haberse impuesto como una de las más consumidas durante la pandemia, en especial durante el confinamiento. La música ofrece una respuesta emocional inmediata, más directa por ejemplo que la lectura, y de ahí seguramente su universalidad. También es cierto que, aunque en ella se unan forma y fondo, nunca está de más una buena letra que la acompañe. Mi confinamiento estuvo marcado y hasta cierto punto salvado por la repetición periódica de un tema del grupo Morgan. Se titula ‘Sargento de Hierro’ –una referencia a la dureza del tiempo basada en la película y personaje de Clint Eastwood–, y en su estribillo dice así: Cúrame viento / Ven a mí / Y llévame lejos / Sácame de aquí. (Pero luego desplaza la petición): Cúrame tiempo / Pasa para mí / Y sálvalos a ellos / Sálvalos a ellos.

Es una canción lenta en su esencia, indudablemente melancólica, pero concuerda con lo que muchos estudios muestran: que en momentos de tristeza tendemos a buscar y escuchar música triste en lugar de otra más alegre que, en teoría, nos podría impulsar a revertir la situación. Otros tantos han intentado explicar esta aparente paradoja y estas son algunas de las cosas que han encontrado.

Estímulos cerebrales

Para empezar, la música es capaz de estimular múltiples áreas cerebrales. Entre ellas están algunas relacionadas con la emoción, la memoria y la recompensa, pero también con el estrés o incluso el miedo. La música que percibimos como triste suele tener una intensidad suave, ritmo lento y estar construida en modo menor, donde la distancia entre las notas de los acordes es algo más corta.

La tristeza generada la han agrupado en tres tipos diferentes: relajante, emotiva o nerviosa. La segunda es la que genera una recompensa más intensa, y parece estar ligada con una personalidad más empática. De alguna forma produce un estado de melancolía, de tristeza suave, un sucedáneo almohadillado e inofensivo con el que poder experimentar y jugar.

La música triste desencadena una reacción endocrina que induce en nosotros sensaciones de consuelo, ternura y un suave placer

Así lo describía Tuomas Eerola, uno de los responsables de estos estudios: "Basta con una tristeza ficticia para engañar a nuestro cuerpo y desencadenar una reacción endocrina, cuya finalidad es aliviar el dolor mental que implica una pérdida real. Esta reacción la provocan hormonas como la oxitocina y la prolactina, que en realidad inducen en nosotros sensaciones de consuelo, ternura y un suave placer. Es probable que esta mezcla hormonal sea particularmente potente cuando se eliminan de la ecuación la pérdida y el pesar reales, cosa que se puede hacer con frecuencia en el caso de la tristeza inducida por la música".

Para mí, Morgan era la forma de llegar mejor al día siguiente, al momento siguiente.

Los balcones evolutivos, la energía del 'Resistiré'

‘Sargento de Hierro’ no sonaba en los balcones del confinamiento. Sí lo hacía ‘Resistiré’, mucho más rápida y enérgica. Aunque compuesta en modo menor, aparecen en el estribillo unos acordes sospechosamente parecidos a los del ‘I Will Survive’ de Gloria Gaynor, acordes mayores con séptima para dar intensidad y tensión. Era lo que necesitaba ese momento de comunión social, porque es difícil soportar los golpes y los vientos de la vida siempre en modo menor.

Curiosamente, aunque esa letra directa pretendidamente resiliente y energética caló en casi cada patio y emisora, las canciones más alegres parecen depender menos de la letra que las de carácter más melancólico.

La música aporta cohesión social, fomento del grupo y sensación de pertenencia

La cuestión es que la música en general y ‘Resistiré’ en particular fueron protagonistas en los momentos de encuentro, lo cual liga con una de las teorías que defienden la presencia de la música en nuestros días como un producto de la evolución. Si la musicalidad se ha mantenido en nosotros durante cientos de miles de años (se dice que ya estaba presente en el Homo ergaster, hace millón y medio), sería lógico pensar que lo ha hecho por aportar algún tipo de ventaja que sale a cuenta conservar. Una de esas grandes ventajas sería la de la cohesión social, el fomento del grupo y la sensación de pertenencia: ‘Resistiré’ nos ayudaba a soportar los golpes en compañía.

Otros, como el psicólogo Steven Pinker, no piensan así. Sostienen que la música es un subproducto de la evolución, una ‘tarta de queso auditiva’. Apareció como consecuencia del desarrollo de otras áreas cerebrales, como las del lenguaje, y es agradable como una tarta es agradable, pero no cumple ninguna función digna de conservar.

En el medio se encuentran los seguidores del también psicólogo Aniruddh D. Patel, quienes piensan que la música no nació por una adaptación evolutiva, pero que luego sí ha condicionado la evolución. La consideran una "tecnología transformadora de la mente" y la comparan con el fuego, una invención tan beneficiosa a la hora de poder cocinar los alimentos que condicionó posteriormente incluso el tamaño de nuestros intestinos (no necesitaban ser tan grandes, pues los nutrientes cocinados se absorbían mejor. La energía ahorrada podría ser utilizada por el cerebro). La música en particular no solo influiría en la cohesión del grupo, sino que también mejoraría la propia plasticidad cerebral.

"La gente hoy casi no escucha música por razones sociales, sino para aliviar el aburrimiento, mantener un estado de ánimo agradable y crear un espacio propio cómodo"

Por qué oímos música hoy

Ahora bien, la biología dialoga en todo momento con el ambiente. Cuando en 2013 se estudiaron los motivos por los que escuchamos música hoy en día en el mundo occidental, los investigadores encontraron tres motivos principales. Uno era el esperado de la relación social, pero muy por encima estaban la búsqueda de una conciencia de uno mismo y la regulación del estado de alerta y de ánimo. Esto decían los autores al final de su artículo: "Muchos defienden que la música evolucionó para promover la cohesión social y la comunicación. Por lo que parece, la gente hoy casi no escucha música por razones sociales, sino para aliviar el aburrimiento, mantener un estado de ánimo agradable y crear un espacio propio cómodo. Ese modo de escuchar música tan privado puede reflejar simplemente el énfasis occidental en la individualidad: el reconocimiento de uno mismo y el bienestar parecen estar más valorados que las relaciones sociales".

Porque la cultura y la biología son vasos comunicantes. Parece que tenemos tendencia a preferir intervalos consonantes en lugar de disonantes, como los que empleaba frecuentemente Stravinsky. Concretamente, el intervalo de cuarta aumentada (como el trayecto que va de do a fa sostenido) fue prohibido durante siglos por la Iglesia y se conocía como ‘diabolus in música’, una invocación al demonio. Sin embargo, ese mismo intervalo es el que ahora aparece al principio de la sintonía de ‘Los Simpson’ o el que usa Tony en ‘West Side Story’ para cantar el nombre de María.

"La música ha sido descrita con características similares a las de un amigo"

¿Nuestra cultura occidental nos ha hecho unos oyentes hedonistas y antisociales? Quizá, pero no tan rápido. Los balcones no decían exactamente eso. Y esto era lo que, en una revisión de estudios, escribía Tuomas Eerola: "Escuchar música parece proporcionar una especie de conexión social, un reemplazo social por el que los oyentes disfrutan la mera presencia de una persona virtual representada por la música, y la simple presencia de otra persona que está en el mismo estado de ánimo puede ayudar a lidiar con la negatividad. De hecho, la música ha sido descrita con características similares a las de un amigo".

O sea, que es complicado. O como decía el escritor Alejandro Rossi: "Cualquier acción –pensada a fondo– es un pozo que conduce al fondo de la Tierra".

Sálvalos a ellos / Sálvalos a ellos.

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