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Pérdidas de memoria, tristeza, miedo y morriña y dolores: así afecta el confinamiento a los mayores

Los geriatras abogan por evitar esta medida de una pandemia que ha repercutido especialmente en la tercera edad, por la disminución de la movilidad y de las relaciones y por la "preocupación de enfermar o morir".

Proteger las residencias de ancianos es la mejor estrategia para frenar las consecuencias de la pandemia.
Proteger las residencias de ancianos es la mejor estrategia para frenar las consecuencias de la pandemia.
Mariscal / Efe

Pérdidas de memoria, tristeza, miedo y morriña, nuevos dolores o más agudos son algunas de las consecuencias del confinamiento en personas mayores, un grupo especialmente vulnerable al coronavirus pero también a los efectos de haber permanecido en casa durante el estado de alarma. Por eso, los geriatras abogan por evitar un confinamiento total para ellos.

Aunque las consecuencias del coronavirus han afectado al estado de salud de las personas "de todas las edades", ha repercutido especialmente en los mayores por la disminución de la movilidad y de las relaciones y por la "preocupación de enfermar o morir", explica el secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), Alfredo Bohórquez.

"En personas mayores especialmente la limitación de moverse ha generado limitaciones más importantes en cuanto a alteración de su estado de salud. Se movían mucho menos y ha habido pérdida de los niveles funcionales que tienen, y también ha habido repercusión en el estado de ánimo", añade.

A María (82 años) le ha afectado sobre todo la "morriña" y la "pena".

"La morriña de estar en casa. Lo que apetece a los mayores es no estar todo el rato aquí metidos, estar con los nuestros. Se acumula toda la tensión en los huesos", explica, mientras asocia la pena persistente por "la cantidad de mayores que estaban muriendo".

Le entraba "una aprehensión muy grande" cuando veía la televisión: "Una pena no porque yo me muriera. La pena era ver a esa gente cuyos hijos no han podido estar ahí para despedirse".

Cuando una persona tiene poca actividad física y deja de verse con otras gentes, "mentalmente le afecta no solo en el estado de ánimo, sino en la capacidad cognitiva, la memoria, etcétera", explica el secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Comenta que hay una "gran variabilidad" de personas mayores, diversidad en la que es "más importante" el estado de salud de cada persona y sus enfermedades previas que la edad a la hora de hablar de las consecuencias del aislamiento.

Así, en personas con enfermedades "importantes", como algún tipo de demencia, "la evolución de la enfermedad ha empeorado respecto a una situación normal", tanto por la dificultad de acceso a recursos -cerraron centros de día o de rehabilitación, recuerda- como por la falta de movilidad.

Ejemplo de ello es Carmen, la abuela de Álex, que tiene 85 años y "lleva viviendo con la bipolaridad como 40 años, más o menos la mitad de su vida".

Esta enfermedad mental "hace que haya épocas del año" en las que Carmen "está en una fase depresiva, y otras épocas en las que está en una fase de más euforia".

La medicación ayuda a que el tránsito de una etapa a otra "no sea tan brusco", aunque siendo una persona mayor "es más difícil controlar estas fases", añade Alex.

También le ayudaba tener una rutina de salir a pasear por las mañanas o las tardes "para despejarse", pero esa vía de escape se truncó con el estado de alarma y el confinamiento generalizado, meses en los que "ha pasado mucho tiempo sola".

"Y claro, todo lo que veía en la tele le causaba mucho miedo, porque justo el confinamiento le pilló en la fase más depresiva. Cuando está en esa fase todo le afecta mucho, tiene muchos miedos", temores que se extendieron a salir a la calle cuando finalmente se levantaron las limitaciones de movilidad.

Además, la familia de Carmen ha podido constatar que el aislamiento también ha tenido efectos a nivel cognitivo."Le cuesta más recordar cosas, se le olvidan muchas cosas, algo que era habitual, pero que ha aumentado bastante", apunta su nieto.

El secretario general de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología añade que "también hay que pensar que hay personas que, aunque aparentemente están bien de salud, están en una situación de prefragilidad, y cuando dejan de moverse y relacionarse tienen un deterioro más rápido y se les nota mucho más".

Por todo ello, desde la Sociedad Española abogan por "no volver a un confinamiento total" para los mayores si los contagios continúan al alza.

"Tenemos que intentar que las personas mayores no tengan un aislamiento absoluto. Deben poder salir, tener actividad, con todas las precauciones, pero no debe haber un confinamiento en las residencias ni en los domicilios. Es muy importante tener en cuenta que las personas mayores tienen que relacionarse, requieren contacto, moverse, con todas las precauciones", expone Bohórquez.

Volver a este punto sería "tremendamente perjudicial" porque "empeora claramente su estado de salud, funcional, cognitivo, afectivo".

Julián, de 86 años, aplaude la postura de los geriatras. "Si no confinan pues mejor para nosotros. Si dicen mejor que salgan y se den paseos, a mí particularmente me parece bien, porque pasear es lo que siempre me ha ido bien".

Las rodillas le "duelen y molestan", pero "en momentos justos" a pesar de lo que ha echado en falta durante el estado de alarma sus caminatas. Con todo, se reconoce afortunado porque "aunque los 86 van pesando", aún se desenvuelve "bien" y no han sido muy dolosos los meses de aislamiento. 

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