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Furgonetas camperizadas: viajar sin mucho equipaje, pero con la casa a cuestas

El modelo de pequeño hotel con ruedas lleva años pegando fuerte, pero la pandemia ha supuesto un nuevo acicate.

Exterior e interior de una furgoneta camperizada.
Exterior e interior de una furgoneta camperizada.
Camper Pasión

De unos años a esta parte asoman, en entornos montañeros como el pirenaico o en la costa, furgonetas que se ensamblaron con cara seria, con una clara inclinación laboral, pero que tras un período de adaptación albergan mucha alegría en sus entrañas. Son las camperizadas. Vehículos que, tras una pormenorizada labor, han pasado de ser un simple medio de transporte para convertirse en segundas residencias en miniatura. Y lo que es más importante: sobre ruedas.

Pero, ¿quiénes son los principales promotores de esta tendencia? “Quienes escogen una ‘camper’ buscan otra manera de viajar. Suelen ser parejas jóvenes o familias con hijos de mediana edad. Nos suelen preguntar clientes de entre 25 y 55 años, aunque hemos tenido de mayor edad también”, cuenta Javier Escartín, de la empresa de alquiler de vehículos Camper Pasión, radicada en Barbastro.

La moda empezó a abrirse hueco desde hace casi una década, “más de ocho años”, pero realmente ha empezado a ganar fuerza en el último trienio. “En el resto de Europa nos llevan bastante ventaja, sobre todo con la implantación de las áreas de autocaravanas, pero en estos últimos años el auge de esta fórmula viajera en España es ya muy relevante”, cuenta. La pandemia de la covid-19 ha supuesto un nuevo acicate.

La diferencia con las caravanas y autocaravanas se encuentra, sobre todo, en la billetera del viajero. Se puede adaptar una furgoneta de segunda, tercera o décima mano “desde 1.500 euros, simplemente instalando una serie de muebles en el maletero que nos harían la función de cama y armario”. Aunque la inversión también puede pegar un volantazo hacia el lujo: “Una camperización completa de gran volumen puede llegar a los 40.000 euros”.

La cama es el requisito fundamental siempre que una furgoneta se somete a una de estas cirugías. “Sin ella no sería considerada una camper. A partir de ahí podemos instalar un techo elevable, cocina, nevera, batería, placa solar, water químico, armarios, ducha, agua caliente, calefacción estacionaria si vamos a hacer un uso en invierno...”, abunda Escartín.

Aunque sea algo minoritario, la búsqueda de esta vida nómada es lo que más sorprende a Andrés Gil, mecánico zaragozano que trabaja este ámbito: “Hace años se pedían adaptaciones básicas, de modo que el vehículo fuese mixto y se pudiese usar en verano con fines lúdicos y el resto del año como medio de transporte. Ahora, cada vez más, veo a parejas interesadas en tener una pequeña vivienda portátil, muchas veces porque la combinan con una casa de pueblo o un piso, de modo que tienen plena libertad en su día a día. No están tan atados y dependiendo de su profesión pueden teletrabajar un día aquí, otro en el Pirineo o en la playa...”.

Ambos profesionales coinciden en que es recomendable usar talleres autorizados a la hora de adaptar la furgoneta, ya que los muebles deben estar adecuadamente fijados, evitando así convertirlos en un potencial peligro durante la conducción. 

Plena libertad, pero con obligación de homologar

También llegan a la misma conclusión: lo mejor de este modelo es la libertad de movimiento. “A mí siempre me ha gustado viajar, pero tener que atarte al horario del transporte público o a la disponibilidad y precio del alojamiento me disgustaba. Disfruto mucho de no depender de nada ni nadie, en viajes cortos y largos, por eso comencé a adentrarme en este mundillo como viajero y ahora como profesional. Y en el contexto actual de pandemia te da aún más libertad”.

Escartín refuerza la tesis: “Son muy versátiles a la hora de conducir o aparcar, pero con una serie de comodidades que nos permiten disfrutar de espacios singulares. El viajero se convierte en el actor principal de su viaje pues puede girar o modificar la ruta y su estancia sin dar ninguna explicación, no está sujeto a una media pensión que te ‘obliga’ a no desperdiciarla. Además, te permite disfrutar de mercados o tiendas gourmet y disfrutar en ruta de productos típicos in situ”.

Antes de lanzarse a la carretera hay que realizar una serie de trámites obligatorios, como la homologación. “Es fácil siempre que la reforma se haya realizado de la mano de un taller instalador y con el proyecto de un ingeniero. En la parte de los seguros ya existen empresas especializadas en este tipo de vehículos, que cubren debidamente la instalación y la propia furgoneta a precios razonables”, remata Javier.

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