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Sociedad

Tercer Milenio

Billete al futuro

Humanos mejorados: de ciborg a microborg

¿Sembrarías una colonia de microorganismos en tu interior para aumentar tu resistencia o tu adaptación a un entorno adverso? Los microborgs se suman a los ciborgs.

Microorganismos residentes.
Microorganismos residentes.
PIxabay

El presente: decisiva microbiota

Por microbiota se entiende la población personal o de cada individuo de organismos microscópicos –bacterias, virus, etc.– que, en forma de colonias y comunidades, han colonizado y residen en nuestro organismos en una cantidad tal que se estima que apenas la mitad de las células que conforman el ser humano son de nuestra especie.

Hasta ahora se sabía que estos microorganismos residentes afectaban y condicionaban casi cualquier aspecto de nuestra salud e incluso de nuestra forma de ser: desde las alergias alimentarias a las enfermedades mentales; desde nuestra resistencia física hasta nuestro ánimo o humor. Lo que no se sabía era cómo. A través de qué mecanismo.

Hasta ahora. Porque un reciente estudio efectuado por investigadores de la Universidad de San Diego, California y publicado en ‘Nature’ ha constatado que lo hacen a un nivel molecular, metabólico. Es decir, al condicionar, afectar y alterar la estructura de un elevado porcentaje de las moléculas presentes en nuestras células y que, entre otros aspectos, intervienen en las distintas rutas y procesos metabólicos –las reacciones químicas– que tienen lugar en su interior. Lo que a su vez significa que intervienen de forma significativa en la regulación de los genes. Es decir, en cuáles se activan y cuáles no y en qué momento tiene lugar esta activación.

En el caso concreto de los ratones, que son los organismos sobre los que se ha efectuado el estudio, dicho tanto por ciento se eleva hasta el 70%. Y los investigadores consideran que en el ser humano el porcentaje será similar.

No solo eso, sino que han identificado un proceso metabólico particular que demuestra cómo se produce esta actuación: la comparación de ratones libres de microorganismos con otros que presentaban una población conocida y controlada de ellos puso de manifiesto que esta modificaba la estructura de los ácidos biliares al variar parte de los aminoácidos que los constituyen. Un cambio fundamental que afecta a los procesos en que dichos ácidos intervienen. Fundamentalmente la digestión de grasas. Pero también como mensajeros químicos que activan o desactivan los genes responsables de la fabricación de más ácidos biliares.

Además, comprobaron que las personas que presentaban esa misma población de microorganismos también manifestaban idéntica modificación en la estructura de sus ácidos.

El futuro: siembra de microorganismos

Si un ciborg (acrónimo de organismo cibernético) es un organismo en el que se han introducido una serie de dispositivos cibernéticos para mejorar las capacidades de su parte orgánica, un microborg sería un ser humano cuyas capacidades o parte de ellas han sido mejoradas mediante la siembra de colonias de microorganismos específicos.

Podría decirse que el ser humano siempre ha sido en cierto sentido un microborg, pues nuestro organismo siempre ha hospedado a innumerables microorganismos, sin embargo, un microborg en el sentido estricto sería un ser humano que, consciente y voluntariamente, se ha sometido a la siembra de determinadas colonias de microorganismos específicos de forma controlada a fin de mejorar sus capacidades. Ya sea para aumentar su resistencia, optimizar el aprovechamiento de los alimentos o, por ejemplo, para mejorar su adaptación a entornos adversos; una de las primeras mejoras introducidas y que actúa modificando la estructura de los ácidos biliares para favorecer el almacenamiento de grasa corporal para aumentar la resistencia al frío; y, en el otro extremo, para optimizar la digestión y catálisis de las grasas para minimizar su acumulación y sobrellevar mejor las altas temperaturas.

Una mejora que, en la actualidad, a comienzos del siglo XXIII, está legislada y regulada. Porque al principio, cuando se descubrieron y comenzaron a explorarse las inmensas posibilidades que ofrecía este tipo de actuación, la demanda de tratamientos e intervenciones para convertirse en microborgs se disparó. Y, de su mano, la amenaza de que surgiesen superhombres con todo tipo de ventajas y creados a saber para qué fines y con qué propósitos. Ello obligó a las autoridades planetarias a adoptar unas medidas drásticas y a establecer una estricta política de control. Así, cada individuo solo podía ser mejorado en aquellos aspectos concretos que aumentasen su rendimiento en su labor profesional en beneficio de la sociedad: cuerpos de rescate y fuerzas del orden con mayor resistencia física; médicos y personal sanitario con un sistema inmunitario mejorado frente a las infecciones, etc.

Esa fue la primera etapa. Porque, transcurridas apenas una décadas, se asumió un cambio de política, aprobándose la mejora de serie de los seres humanos –transformados en microborgs desde la cuna– en tres aspectos fundamentales para garantizar la supervivencia de la… ¿especie?: reducción de las emisiones del organismo de CO2, metano y otros gases con efecto invernadero; maximización del aprovechamiento de los limitados recursos alimentarios del planeta; y optimización del sistema inmunitario frente a patógenos.

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