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Sociedad

Tercer Milenio

La ciencia responde

Pandemia de inactividad física. ¿Por qué nos cuesta tanto activar a los jóvenes?

En este caso, no se trata de combatir bacterias o virus, sino los malos hábitos de las sociedades modernas. La inactividad física es ya un problema de primer orden que termina pasando factura a nuestra salud. ¿Cómo promover la actividad física entre niños y adolescentes? Habrá que tener en cuenta múltiples factores: desde el fácil acceso a las instalaciones deportivas hasta la diversión que proporcionan o el apoyo de familiares y amigos.

Una de las fotos del proyecto 'Una imagen para movernos'
Una de las fotos del proyecto 'Una imagen para movernos'
Capas-Ciudad

A pesar de los argumentos científicos sobre los beneficios que comporta un estilo de vida saludable, los más pequeños no se mueven lo que debieran. El último informe global de actividad física en niños y adolescentes de entre 5 y 17 años, realizado en 49 países, señala que el grado de cumplimiento de la actividad física recomendada se sitúa en un nivel D ‘bajo/pobre’ (entre un 27-33%). En España, el informe ‘Results From Spain’s 2018 Report Card on Physical Activity for Children and Youth’ señala que la proporción de jóvenes españoles que cumple con las recomendaciones de práctica de actividad física es baja.

¿Qué factura estamos pagando por no llevar un estilo de vida saludable?

Las enfermedades no transmisibles –cardiovasculares, cáncer, diabetes tipo II, sobrepeso y obesidad– causan la muerte de 41 millones de personas cada año (un 71% del total de muertes). Un estilo de vida saludable podría no solo prevenir esta mortalidad hasta un 65%, sino también reducir costes; solo en España, los costes sanitarios derivados de la inactividad física se elevan a 2.300 millones de euros, lo que nos situá entre los tres primeros países de la Unión Europea. Por ello, la Organización Mundial de la Salud ha elaborado el Plan de acción mundial para la prevención y control de las enfermedades no transmisibles 2013-2020. Se trata, por tanto, no de combatir bacterias o virus, sino los malos hábitos de las sociedades modernas.

¿Cuál es la actividad física recomendada para los jóvenes?

Según ‘Canadian 24-hour movement guidelines’, los tres comportamientos a tener en cuenta a lo largo del día, por su asociación con beneficios físicos, psicológicos y cognitivos en población joven son la actividad física, el tiempo sedentario y la duración del sueño. Concretamente, la combinación de adecuados niveles de actividad física, con una duración del sueño óptima y bajos niveles de tiempo sedentario, pueden influir positivamente en la salud física, social y mental.

Las recomendaciones de esta guía candiense son: los niños de 5 a 13 años deben dormir entre 9 y 11 horas, y los adolescentes de 14-17 años, entre 8 y 10; los jóvenes deben hacer al menos 60 minutos de actividad física diaria a una intensidad moderada-vigorosa; no es recomendable estar más de dos horas al día delante de las pantallas (tablets, ordenador, móvil…).

¿Qué condiciona la participación de los jóvenes en la actividad física?

El género, la edad, el estatus socioeconómico; lo que uno se divierte, la percepción de competencia motriz y la autonomía; sentir el apoyo de los padres y amigos; haber realizado actividad física en etapas anteriores; tener fácil acceso a las instalaciones, la seguridad, el clima... Multitud de factores –demográficos, psicológicos, sociales, conductuales, ambientales...–, específicos de cada contexto, nos influyen en la práctica de actividad física. Además, estos factores –tanto los propios del individuo como los valores, creencias y actitudes y el ambiente físico y social– interaccionan entre ellos, lo que significa que, las intervenciones de promoción de la actividad física serán más efectivas si inciden tanto en la persona como en su entorno físico-social y también en las políticas públicas.

¿Cómo podemos facilitar y propiciar la constancia?

La respuesta a esta pregunta no es sencilla, pero podemos señalar algunas estrategias que la evidencia científica señala como relevantes: vincular las actividades propuestas con las experiencias previas de los participantes, adaptando algunos aspectos de la práctica a las posibilidades e intereses de los principiantes; proponer actividades divertidas que supongan un reto adaptado a las habilidades de los practicantes; fomentar las relaciones sociales proponiendo prácticas que impliquen interacción de los participantes; generar en las clases un ambiente o clima social adecuado, pero también proponer las actividades en un ambiente físico atractivo; enfatizar la importancia del progreso más que el resultado o la mejora de la ejecución; establecer objetivos (a corto, medio y largo plazo) de acuerdo con los participantes y realizar una evaluación continuada y un adecuado refuerzo por el logro de estos objetivos; dar significado a cada actividad o tarea, proporcionando un ‘feedback’ sobre lo que se está realizando o sobre los efectos que tienen los diferentes tipos de prácticas; favorecer la participación o apoyo de otros agentes influyentes como pueden ser los padres, amigos...

¿Qué papel desempeña el disfrute?

Divertirse o no practicando actividad física puede ser clave para que elijamos incluir este comportamiento entre lo que decidimos hacer en nuestro tiempo de ocio. Además, la calidad de las interacciones sociales que se produzcan durante la práctica puede incentivar este disfrute. Todo esto, junto a otras variables, como la autonomía y la percepción de la propia competencia motriz, pueden ser clave para influir en la motivación intrínseca hacia un estilo de vida saludable que incluya la práctica de actividad física.

El entorno escolar, ¿un ambiente propicio?

El entorno escolar constituye un ambiente privilegiado para implementar proyectos de promoción de actividad física, porque reúne a toda la población durante una larga etapa de su vida y niños y adolescentes permanecen gran parte del día en los centros escolares. Además, la etapa infantil y adolescente condiciona la realización futura de práctica de actividad física en la etapa adulta. Sin embargo, ¿por qué los programas tienen un efecto entre bajo y moderado cuando se trata de incrementar la actividad física desde estos contextos? Estos resultados pueden ser consecuencia de la utilización de enfoques ‘de arriba hacia abajo’, donde los investigadores y otros agentes externos han sido los impulsores y responsables directos del diseño e implementación de las intervenciones, con aportación limitada de los propios agentes escolares (profesores, padres, etc.). Es necesario que intervengan todos los agentes responsables (internos y externos al centro escolar) que potencien sistemas y entornos propicios para la práctica de actividad física en el marco escolar.

¿Qué podemos hacer? Para desarrollar ambientes activos y saludables a nivel educativo, en lugar de centrarnos solo en la actividad física, podemos realizar intervenciones multicomponente, que integren también alimentación, sueño, tiempo sedentario, etc. Sustentadas en el modelo socioecológico, que tiene en cuenta, entre otros, factores personales como las creencias, las actitudes o la eficacia; y factores sociales como los amigos y el apoyo familiar.

Pero si queremos promover ambientes saludables, el ámbito educativo no puede estar de espaldas a la realidad social. También la ciudad –con el diseño de los parques, la facilidad en el uso de alternativas al vehículo de combustión, las ordenanzas municipales, los carriles bici, la accesibilidad a instalaciones municipales, etc.– puede contribuir a promover un estilo de vida activo.

Crear una población activa en su contexto de referencia: la ciudad

La promoción de la actividad física en población joven es todo un reto. Diferentes estudios han mostrado una falta de eficacia de los programas de intervención dirigidos a jóvenes o que las pequeñas mejoras provocadas disminuyen con el tiempo. Algunos de los problemas identificados son, por ejemplo, que el abordaje de la promoción de la actividad física se ha focalizado en la dimensión individual, en vez de comprometerse con la creación de entornos físicos y sociales que favorezcan la adopción de un estilo de vida saludable. Esto ha supuesto una falta de compromiso y colaboración de todos los agentes de la comunidad educativa y social con responsabilidad en la promoción, seguramente por la necesidad de generar un liderazgo que coordine los esfuerzos y acciones de estos diferentes agentes.

Aportar soluciones requiere enfoques destinados a mejorar los factores sociales, culturales, educativos y ambientales que faciliten crear una población activa, en un contexto de referencia como es la ciudad. Desde el Centro Pirenaico de Atención y Promoción de la Actividad Física para la Salud en la Ciudad, (CAPAS-Ciudad/CAPAS-Cité), cuyos socios principales son los ayuntamientos de Huesca y Tarbes, la Universidad de Zaragoza y de Pau et des Pays de l’Ardour, se pretende, a través de diferentes proyectos, crear entornos físicos y sociales que favorezcan la construcción de ciudades más sostenibles y saludables, desde la coordinación y el establecimiento de sinergias entre los diferentes agentes responsables de la promoción de la actividad física.

Proyectos que ponen en movimiento a la sociedad

La propia sociedad participa en la investigación desarrollada desde el Centro Pirenaico de Atención y Promoción de la Actividad Física para la Salud en la Ciudad, (Capas-Ciudad) en diversos proyectos:
  • ‘Una imagen para movernos’ ¿Cómo hacer partícipe a la ciudadanía de una filosofía de vida activa? El curso pasado se puso en marcha este proyecto para sumar activos e implicar a la ciudad de Huesca en la promoción de la actividad física a través de fotografías y dibujos. A través de exposiciones, se logró conectar el ámbito escolar, la comunicación audiovisual y el compromiso de potenciar estilos de vida activos, vinculando además a las instituciones y la comunidad. Participaron desde el Archivo Histórico Provincial de Huesca hasta fotógrafos de prestigio, alumnado de primaria y secundaria, familias y colectivos ciudadanos.
  • ‘Kilómetros de solidaridad’ y ‘Carrera de Larga Duración’ Conjuntamente con Fundación Save the Children, los cursos 18-19 y 19-20 se desarrolló el proyecto ‘Kilómetros de solidaridad’, que lleva asociada una propuesta pedagógica de Carrera de Larga Duración. Nada que ver con ‘dar vueltas la patio’, la carrera final combina el objetivo de fomentar la práctica del deporte y de la solidaridad entre los estudiantes de educación primaria y secundaria.
  • ‘Promoción de la actividad física en estudiantes universitarios del Campus de Teruel’ Este programa de intervención se dirigió (cursos 17-18 y 18-19) a estudiantes universitarios que presentaban bajos niveles de actividad física pero querían cambiar. El programa se dividió en dos fases: cognitiva y conductual, trabajando en cada una de ellas diferentes estrategias.
  • ‘ProATS’ El profesorado de dos centros de primaria de la ciudad de Huesca diseñó, de forma independiente, este proyecto con una misma finalidad: que los alumnos fuesen capaces de realizar una ruta desde casa al centro escolar de forma activa, segura y autónoma. Durante los cursos 17-18, 18-19 y 19-20 la intervención tuvo carácter interdisciplinar, estrechamente ligado con los aprendizajes curriculares de áreas como la Educación Física, la Lengua, las Ciencias Naturales y la Ciencias Sociales.
  • ‘El Sierra se mueve’ El curso 17-18 se diseñó, implementó y evaluó un programa de intervención basado en la práctica de actividad física en el tiempo libre y con compañeros de trabajo para la mejora del bienestar del profesorado de educación secundaria.
  • ‘Pío Se Mueve’ Un proyecto desde una perspectiva de investigación-acción participativa para promover hábitos saludables –de actividad física, alimentación y variables relacionadas con la salud– en mujeres adultas del barrio del Perpetuo Socorro de Huesca, mayoritariamente mujeres con sobrepeso u obesidad, bajo nivel socioeconómico y consideradas como población desfavorecida. Durante dos cursos (17-18 y 18-19) las participantes percibieron cambios de comportamiento y psicológicos relacionados con los hábitos saludables e incorporaron la práctica de actividad física y una alimentación saludable a su vida cotidiana, así como a la de sus familias.
  • ‘Sigue la Huella’ y ‘Caminos del Pirineo’ Durante los cursos 11-12 y 16-17, respectivamente, se llevó al contexto escolar un programa multicomponente para la mejora de comportamientos relacionados con la salud –actividad física, duración de sueño, alimentación, sustancias nocivas, tiempo sedentario...– en adolescentes. Las estrategias de estos programas se desarrollaron a través de la vía curricular –plan de acción tutorial, recreos– y no curricular –con la implicación de las familias y del contexto social–. Los resultados demostraron mejoras en actividad física, duración de sueño y tiempo de pantalla, así como otros comportamientos saludables como en el desplazamiento activo al centro escolar, el consumo de alimentos saludables, bebidas azucaradas y sustancias nocivas como el tabaco y alcohol.

Quién investiga

En el marco de las líneas de trabajo del Centro Pirenaico de Atención y Promoción de la Actividad Física para la salud en la Ciudad (Capas-Ciudad), el grupo de investigación Educación Física y Promoción de la Actividad Física (EFyPAF) de la Universidad de Zaragoza y el Laboratoire Activité Physique, Performance et Santé de la Universidad de Pau y Pays de l’Adour, se trabaja, desde hace tres años, en diferentes proyectos de intervención en promoción de la actividad física en diferentes sectores poblacionales (niños, adolescentes, población desfavorecida y niños obesos).

Esta sección se realiza con la colaboración de la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Zaragoza

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