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Sociedad

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Aquí hay ciencia

La conexión de Justin Bieber y un pequeño pueblo de Connecticut

Enfermedades poco conocidas salen a la luz cuando alguna celebridad las padece. Es lo que acaba de ocurrir con la enfermedad de Lyme y Justin Bieber.

El cantante Justin Bieber acaba de estrenar un documental sobre su vida
El cantante Justin Bieber acaba de estrenar un documental sobre su vida
EFE/EPA/ETIENNE LAURENT

Ya hace unas cuantas fechas que el cantante Justin Bieber anunció que padece la ‘desconocida’ enfermedad de Lyme, un mal que, gracias en gran parte a la visibilidad que le ha dado el intérprete, ahora sabemos que se transmite a través de la picadura de garrapatas del género Ixodes portadoras de la bacteria causante de la misma. Y a estas alturas los incondicionales de Justin Bieber seguro que ya deben saber también que dicha enfermedad recibe su nombre de la localidad de (Old) Lyme, en Connecticut, donde fue descrita por primera vez en época tan reciente como la década de los setenta.

En torno a 1975, un grupo de jóvenes y adultos de dicha localidad comenzaron a manifestar unos llamativos –por muy poco comunes– síntomas de lo que parecía ser una artritis en la mayoría de los afectados, inusualmente precoz y que incluían un estado de acusada debilidad y fatiga crónicas, hinchazón en rodillas y articulaciones, parálisis, dolor de cabeza, erupciones cutáneas, etc. Sin embargo, y a pesar de ser examinados por los médicos locales y en los hospitales de la zona, ante lo desconcertante del episodio, permanecieron sin diagnosticar y, lo que es peor, sin tratar durante años. De hecho, muchos asumieron la situación como se la habían ‘transmitido’: una lamentable artritis precoz.

Por fortuna para estos pacientes, un grupo de madres de la localidad no cejaron en su empeño y persistieron, documentando los síntomas y evolución de cada afectado, investigando por su cuenta, y llamando a la puerta de distintos médicos e investigadores. Gracias a ellas, la comunidad médica retomó el estudio del brote y la investigación para buscar posibles causas.

Por fin, en 1977 los primeros 51 casos fueron oficialmente descritos como consecuencia de la picadura de la garrapata de patas negras (Ixodes scapularis) y la enfermedad fue bautizada como mal de Lyme.

No obstante, todavía se desconocía qué la causaba. O, mejor dicho, cuál era el agente transmitido por la garrapata que provocaba la enfermedad. Hasta que, en 1981, Willy Burgdorfer, un investigador médico especialista en la enfermedad conocida como ‘fiebre de las montañas rocosas’, se interesó por el mal de Lyme y consiguió establecer la conexión entre la garrapata en cuestión y el agente responsable. Resultó que el ácaro causaba la enfermedad al transmitir una bacteria del género Borrelia, bautizada desde 1982 como Borrelia burgdorferi en reconocimiento a su investigación.

La Borrelia burgdorferi es una bacteria propia de pequeños mamíferos como ratones, musarañas o ardillas; y también de los ciervos. Las garrapatas se convierten en los agentes transmisores de dicho mal al parasitar a animales infectados, con lo que adquieren la bacteria a través de la sangre de la que se alimentan. Luego, cuando saltan a otro huésped, en este caso un humano, transmiten la infección a través de su mordedura.

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