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entrevista

Pepe Trivez: "Dar de leer es un acto intrínseco a la labor educativa"

Profesor de Lengua y Literatura, coordina las bibliotecas del Colegio Santa María del Pilar Marianistas de Zaragoza y afirma que "se lee para vivir".

Pepe Trivez, con sus alumnos, en el Colegio Santa María del PIlar. Insiste en que "hay que ofrecerles los mejores libros, las mejores palabras, las más lúcidas ideas…"
Pepe Trivez, con sus alumnos, en el Colegio Santa María del PIlar. Insiste en que "hay que ofrecerles los mejores libros, las mejores palabras, las más lúcidas ideas…"
Toni Galán

Cuando queremos a alguien le mostramos aquello que nos parece valioso porque sabemos que le ayudará a entenderse y a ser más feliz. Por eso, cuando un buen libro cae en sus manos, Pepe Trivez (Zaragoza, 1974) lo muestra, lo ofrece y lo pregona a los cuatro vientos.

¿Dónde estudiaste?

En los Escolapios de Conde de Aranda, la EGB y el BUP. El COU, en el Colegio Padre Enrique de Ossó –la filial, como le llamábamos todos, de las Teresianas en Delicias–.

¿Cuándo supiste que querías dedicarte a la Literatura?

En COU ya escribía artículos de opinión en revistas del colegio. Quise estudiar periodismo, pero al final estudié Filología Hispánica en Zaragoza. En la carrera leí todo lo que cayó en mis manos y al mismo tiempo trabajé en entidades de tiempo libre… Ahí se unieron mis dos pasiones: la literatura y la educación.

¿Cuánto tiempo hace que das clase?

Hace 21 años. En los últimos cursos de carrera y justo al terminar estuve dando español para extranjeros en la Residencia Pignatelli. Un año después me contrataron en el Colegio Santa María del Pilar para impartir Literatura y Taller de Teatro y con el encargo expreso de revitalizar la vida cultural del centro… y aquí sigo.

Pepe Trivez, en una de las bibliotecas del Colegio Santa María del Pilar Marianistas de Zaragoza, charla con un grupo de sus alumnas
Pepe Trivez, en una de las bibliotecas del Colegio Santa María del Pilar Marianistas de Zaragoza, charla con un grupo de sus alumnas
Toni Galán

¿Eres un profesor que lee o un lector que ejerce de profesor?

Soy un lector –voraz, bulímico a veces, impenitente– que por casualidad acabó en el mundo educativo y descubrió que le apasionaba. Transmitir la belleza de las palabras, su capacidad para transformar el mundo y su reflejo en la literatura es un regalo que disfruto cada día. La lectura, cuando es compartida, es más. Cada vez que un libro magnífico cae en mis manos no puedo evitar pensar en mis alumnos y me falta tiempo para llevarlo al aula y ofrecerlo como quien ofrece un tesoro.

¿Se lee para vivir?

Se lee para aprender, para evadirse, para entenderse a uno mismo, para expulsar fantasmas y convocar emociones, se lee para compartir una visión del mundo y para cuestionar la propia, se lee para no estar solo, se lee para crecer y afilar la mirada, se lee para amar y ser amado… Sí, se lee para vivir.

"Cuando un libro magnífico cae en mis manos, me falta tiempo para llevarlo al aula y ofrecerlo como un tesoro"

¿Es posible animar a leer?

Me gusta más la expresión ‘invitar a leer’. Una invitación es algo personal, emocional e íntimo. No solo es posible, ¡es necesario! –e inevitable– compartir con aquellos a quienes quieres –y a los alumnos o se les quiere o no se les educa– lo que te hace feliz, lo que te construye, lo que te hace ser lo que eres. Explicar lecturas, ofrecer libros… ‘dar de leer’ es un acto intrínseco a la labor educativa.

¿Qué deberíamos hacer para que nuestros alumnos lean?

Lo primero, leer nosotros. Recuperar el placer de la lectura. Dice Pepe Serrano –profe y escritor– que la mejor estrategia de animación a la lectura es que cada profesor lleve siempre por el colegio el libro que está leyendo bajo el brazo. Yo sugiero algo más. Hay que ofrecerles los mejores libros, las mejores palabras, las más lúcidas ideas… Hay que presentarles autores y obras que iluminen sus mentes y sus vidas, que les reten, que les cuestionen…

¿Qué leen los jóvenes? ¿Qué deberían leer?

Todos los informes apuntan que los jóvenes, sobre todo las jóvenes, leen mucho. A veces no leen lo que nosotros querríamos. No importa. Leen para hablar de lo que leen, para compartirlo en redes, para buscar su propia identidad, para entender el mundo que les rodea o para escapar de él. Los jóvenes leen fantasía, romance, poesía… Deberían leer aquello que les impacte, que les ofrezca otras miradas o que les recuerde quiénes somos. Pero para eso hay que ofrecérselo. Felipe Zayas decía: «Si yo no les presento los versos de Cernuda… ¿quién lo hará?». Nuestro papel es invitarles a asomarse a otras ventanas, a otros libros que les hagan mejores, más críticos, más empáticos, más felices.

"Los jóvenes deberían leer aquello que les impacte, pero hay que ofrecérselo"

Las tecnologías, las redes, las pantallas…

Tienen su lugar y han transformado la forma en la que leemos. Son una herramienta fantástica para comunicarnos, para compartir y construir utopías. Pero también son un peligro, una tentación de aislamiento, una invitación al anonimato y al egoísmo, una adormidera de conciencias… Debemos utilizar el poder de las redes, de la tecnología, de las pantallas para transmitir valores, para despertar a los jóvenes, para compartir con ellos la necesidad de cambiar las cosas.

¿Es posible, entre tanto ruido, encontrar tiempo para leer?

Sin duda. En los proyectos de lectura que realizamos en mi centro, los adolescentes van a leer una vez por semana a la biblioteca y el silencio se convierte en un regalo. Ellos mismos demandan después más tiempo de lectura, más tiempo de silencio, de calma. La lectura es justamente un antídoto contra el ruido, es la herramienta que nos permite, como decía Machado, «distinguir las voces de los ecos».

En tu colegio hay tres bibliotecas…

El proyecto de biblioteca escolar de mi centro es muy ambicioso. Hace ya 20 años que está en marcha y ha ido creciendo y transformándose, tratando de atender las necesidades educativas de los alumnos y las metodológicas de los profesores. Tenemos tres espacios: uno para infantil, otro para primaria y otro para secundaria, abierto a toda la comunidad educativa.

¿Las bibliotecas ocupan el lugar que merecen en nuestras vidas?

Las bibliotecas son el paraíso, seguro. O como decía Borges: «El Cielo es algún tipo de biblioteca». Ofrecen el espacio, el tiempo y las palabras para formarnos como personas. Ofrecen miradas, preguntas, silencios necesarios para encontrarnos con nosotros mismos y con los otros. No ocupan el lugar que merecen, pero poco a poco van dándose a conocer: desde las bibliotecas escolares a las rurales –que hacen un trabajo excepcional– o las bibliotecas públicas que no dejan de reinventarse.

"Debemos usar el poder de las redes y las TIC para transmitir valores"

¿Dónde abrirías una biblioteca?

Gonzalo Mouré, escritor de literatura juvenil, ha abierto varias bibliotecas en los campos de refugiados de Tinduf, en el Sáhara. A mí me encantaría jubilarme atendiendo una biblioteca en un pueblecito perdido del Pirineo, o tal vez en alguna aldea de la Alcarria o en Bulbuente, a las faldas del Moncayo, el pueblo de mi infancia.

Tu experiencia como profesor en la Universidad...

La formación inicial del profesorado es clave. Los principios, valores, las prioridades que un alumno de magisterio establezca en sus años de estudio le acompañarán toda su vida profesional. Por eso dar clase en la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de Huesca es un privilegio y una responsabilidad. Desde el Departamento de Didáctica de la Lengua trato de aportar mi visión de la educación, la importancia de la lectura como instrumento de equidad, como arma de futuro.

El profesor de Lengua y Literatura Pepe Trivez
El profesor de Lengua y Literatura Pepe Trivez
Toni Galán

Un búnker contra la ignorancia

Mateo ronda los noventa años y, cada mañana de los días de labor, sin faltar ni una sola, acude a la biblioteca municipal de su pueblo. "Buenos días, Mateo", le saluda la bibliotecaria. "Buenos días, Esther", responde el anciano antes de añadir "que vengo a estame un rato". Con esta liturgia Mateo resume perfectamente el sentido de las bibliotecas en nuestras vidas. No hay que tener un propósito especial para entrar en la biblioteca. Las bibliotecas son lugares para estar, para vivir, para ser.

Las bibliotecas son un espacio y un tiempo para encontrarnos con nosotros mismos, para vivir protegidos por las palabras. En una biblioteca siempre se está a salvo. Una biblioteca es un búnker contra la ignorancia y la intolerancia. En Zaragoza, en lo que fueron los terrenos de la Expo, se levanta ‘El alma del Ebro’ de Jaume Plensa, una escultura que reproduce una figura humana recogida sobre sí misma, en posición casi fetal, hecha con letras. Plensa sostiene que las letras son las células, la unidad mínima que resume la civilización. Una biblioteca también está hecha de letras que forman palabras con las que se construyen las frases que se recogen en los libros. Me gusta mucho esta escultura de Jaume Plensa. Además, el título de la obra me recuerda que la biblioteca es el alma de la escuela. Un territorio en el que si nos adentramos saldremos con ideas y sentimientos nuevos. Seremos distintos. Quizá mejores. Una biblioteca es un territorio para enamorarse, para batirse con dragones, convertir ranas en príncipes, romper encantamientos, comprender algunos de los misterios de nuestra existencia, tomar partido por la justicia en cada cuento, vivir la vida de mujeres valientes, navegar junto a piratas, plantarle cara al miedo o alimentar nuestros sueños. Una biblioteca es un lugar para hacerse preguntas, para aprender poemas, para permitir que las palabras nos acaricien el alma, para mirar santos, para pasear por Babia, para dar de comer a los pajaricos de simiente, para estudiar el comportamiento de las musarañas y para creer que aún es posible ser bueno.

Por: Víctor Juan. Director del Museo Pedagógico de Aragón y profesor de la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación de la Universidad de Zaragoza.

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