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Sociedad

Entrevista

Marián García: "Los superalimentos son lavadoras de conciencias"

Dos millones de personas leen cada mes el blog de Boticaria García (Madrid, 1982). Doctora en Farmacia y nutricionista, también divulga en prensa, RNE y ‘Zapeando’.

‘Boticaria García’ presentó su libro ‘El jamón de york no existe’. A. Navarro
‘Boticaria García’ presentó su libro ‘El jamón de york no existe’.
ARANZAZU NAVARRO

¿Hay algún dulce navideño saludable o todo es pecado y, además, engorda? ¿Entran todos en su definición de ‘zorromostros’?

‘Zorromostros’ es una palabra manchega que se aplica a alguien que va con ropa arrugada, un esperpento, yo lo he ampliado a todo lo que me parece horrible, asociado a la comida. Por definición, la palabra ‘dulce’ implica azúcar o edulcorantes, pero podemos elegir un turrón que tenga mayor porcentaje de almendras, su ingrediente saludable.

¿Qué cenará Boticaria García en Nochebuena?

El menú de mi suegra es bastante equilibrado: consomé, merluza rellena y, de postre, piña natural, para luego poner ese turrón que solo tomamos una vez al año. Soy contraria a poner postres dulces porque el dulce ya lo tenemos con los turrones y los polvorones.

¿Y algún mito alimentario navideño que desmontar?

Los ‘cuñaos’ dicen "no comas muchos langostinos que te va a subir el colesterol" y de lo que se come no se cría. Por comer más huevos no te sube el colesterol y por comer marisco, tampoco.

Con dos millones de visitas cada mes en su blog, es toda una ‘influencer’. ¿Cómo se consigue generar confianza?

No me gusta el palabro, pero, afortunadamente, las redes sociales nos ayudan. La idea es que, igual que las personas siguen a futbolistas o artistas, sigan a divulgadores. El verte como una persona de carne y hueso, que respondes, que eres cercano, hace que la gente confíe en ti. Lo malo es que también se utilizan las redes para ganarse la confianza y transmitir mensajes que no son rigurosos.

¿Hay vacuna contra la epidemia de bulos?

El contrabulo interesa 700 veces menos que el bulo. Hay que desmentir, pero lo más importante es una labor de educación, que nos colemos en la tele, la radio, donde nos dejen, en las redes sociales, para que cuando al ciudadano le llegue el bulo, ya diga: "Huy, esto me suena que no puede ser verdad". La vacuna sería inocular el virus del escepticismo en la población. Hay que enseñar a dudar.

¿Y cuáles son las claves para conectar mejor que un bulo?

El humor siempre funciona. Ahora estoy trabajando el humor con canción, para hablar de la leche, las bebidas vegetales, el café... Hemos pasado de la letra con sangre entra a la letra con música entra. Esas improvisaciones, los disfraces, también generan críticas, pero para mí es la mejor manera de conseguir ‘engagement’. La clave es utilizar canciones pegadizas que la gente reconozca y que se le vayan quedando en la cabeza. Meterse en su subconsciente sibilinamente, igual que la publicidad o el márquetin.

¿Faltan profesionales de la salud en la divulgación sanitaria?

Cada vez somos más pero faltan porque cada vez hay más desinformación. El problema es que, muchas veces, tenemos el enemigo en casa y revestimos la ciencia del síndrome de la bata blanca, de estar encorsetados, de ser catedráticos y hay que bajar al barro. Yo vengo de una farmacia de pueblo, vengo del barro. Sé que para conectar con la gente hay que hablarle y que te entienda, sin revestirte de nada. Para eso tienes tus ‘papers’ y tus congresos.

¿El jamón de york no existe? Así titula su ‘Guía para comprar saludable y descubrir los secretos del supermercado’.

La palabra ‘york’ no significa nada ni está en la legislación. Sí está la palabra ‘fiambre’, que es lo que suele ser el jamón de york: un 50% de chicha y otro 50% de fécula, almidón, glutamato... Si quieres comer jamón, lo que hay que comprar es jamón cocido extra.

Asegura que una buena salud empieza haciendo bien la lista de la compra. ¿Un abecé exprés para comprar mejor?

Elegir el mayor número de alimentos sin etiqueta, es decir, frescos. Y, los que la tengan, con la menor cantidad de ingredientes.

¿Por qué son tan poco comprensibles las etiquetas, la industria alimentaria nos engaña?

Es peor. Cumple la legislación porque la conoce al dedillo y la estira como un chicle. Sabe que puede llamar integrales a unas galletas con harina refinada y salvado. El consumidor piensa que la harina es integral, de grano entero, como pasa con el pan. El que fabrica galletas no engaña, cumple la ley, pero está induciendo a error. Y eso es muy peligroso porque la gente compra alimentos que no son saludables pensando que lo son.

Y hoy en día lo sano vende y lo que parece.

Tenemos los superalimentos, como el té matcha. Por poner un polvito verde encima de un ‘cupcake’ no deja de ser una magdalena. Un chorizo con quinoa lleva unas bolillas, un 2% de quinoa. Ojo con esto porque los superalimentos funcionan como lavadoras de conciencias. Y nos dejamos engañar porque queremos.

¿Por qué todo lo 'sin' nos parece más sano?

Hay modas. Hubo una época en que lo 'sin' y lo 'light' era lo más guay, luego los enriquecidos y ahora la moda es lo orgánico, lo bio o los alimentos funcionales. Hoy sabemos que a un yogur 0% de grasa, a veces le quito la grasa pero le pongo un 15% de azúcar. Porque si está malo no te lo comes. Los productos tienen que estar ricos para que el consumidor los compre y la industria trata de disfrazarlos de saludables para seguir vendiendo.

El gluten es el nuevo anticristo, la lactosa también. El gluten es un problema para las personas con celiaquía o con sensibilidad al gluten no celíaca, que hay un porcentaje alto no diagnosticado. Pero la mayoría de las personas no tienen problemas con el gluten y si piensan que es mejor comer sin gluten hacen un flaco favor a quienes realmente tienen el problema porque lo frivolizan.

Y lo mismo con la lactosa: hay un 30% de intolerancia, pero el 70% podemos tomar lactosa. ¿Qué ganamos con un producto 'sin'? La mayoría de la gente no gana nada, el fabricante, sí porque tiene un producto más caro.

Hay palabras talismán. Por ejemplo: 'natural'.

Natural como la cicuta. La palabra 'natural' es como un cajón de sastre. Ni siquiera significa que no puede llevar aditivos -que no es que los aditivos sean malos-. Palabras con gran carga semántica: 'artesano', 'casero', 'de la abuela'. ¡No hay abuelas en España para hacer tanto tomate! Las patatas fritas 'mediterráneas', porque llevan un porcentaje de aceite de oliva, ¡son patatas fritas!, no son saludables. 'Ecológico', 'orgánico', 'bio'... significa que no tienen pesticidas de síntesis química y que no se han utilizado transgénicos, pero no se ha demostrado que una manzana bio tenga más nutrientes que otra que no lo es.

Lo vegano es tendencia y, a veces, hasta seña de identidad.

La dieta vegetariano o vegana, si se sigue correctamente,  puede ser perfectamente saludable y probablemente más sostenible porque cultivando legumbres se contamina menos que criando ganado. Pero hay que tener en cuenta que mucha gente utiliza estas tendencias para vendernos productos. Ahora está muy de moda la carne para veganos, la carne sintética que cuesta a unos 30 euros el kilo, cuando una hamburguesa premium está en torno a 15 o 16. Claro que es una alternativa a la carne y sabe a hamburguesa, pero no pensemos que es una alternativa sostenible. Lo sostenible es comer la legumbre, el trigo. Una hamburguesa vegana es un producto ultraprocesado en el que se invierten muchos recursos y que tiene una alta contaminación medioambiental. Se está creando una industria alrededor de todo esto bajo el paraguas de lo 'eco' que realmente nos tiene que hacer pensar.

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