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Sociedad

Tercer Milenio

Billete al futuro

Ilusiones climáticas: la sostenibilidad es cosa del pasado

Esconder la basura debajo de la alfombra nunca fue buena idea. Tampoco cuando hablamos de un planeta entero. Las soluciones tecnológicas para el problema del CO2 tienen más futuro si van acompañadas de un cambio de modelo. 

Atrapador de dióxido de carbono
Atrapador de dióxido de carbono
Cortesía de los investigadores

El presente: deshacerse del CO2 para que todo siga igual 

Ingenieros del MIT han desarrollado un novedoso y revolucionario sistema para retirar CO2 (el principal responsable del efecto invernadero) de una corriente gaseosa –como puede ser el aire–. Una tecnología que opera en condiciones ambientales, esto es sin requerir altas presiones y/o temperaturas y, más importante aún, eficaz con cualquier concentración de CO2 en la corriente de aire, a diferencia de los métodos vigentes que precisan una concentración mínima de CO2 muy superior a la atmosférica (que en el momento actual alcanza las 400 ppm) para operar de forma eficiente. Lo que convierte a la nueva tecnología en una prometedora herramienta para contrarrestar el progresivo calentamiento global y sus cada vez más evidentes consecuencias.

El nuevo sistema consiste en una columna de discos o platos que se cargan y descargan alternativamente –en esencia, una batería eléctrica-. La clave es el material que recubre dichos platos. Cuando dicho material se carga eléctricamente, presenta una elevada afinidad por adsorber las moléculas de CO2. Por el contrario, al descargarse, no presenta ninguna afinidad por las mismas, por lo que libera las moléculas atrapadas en su superficie. De este modo, el sistema funciona haciendo pasar una corriente de aire por la columna cargada para que atrape el CO2 y que posteriormente se descarga para liberarlo como un chorro de CO2 puro que puede ser redirigido bien para su empleo en otros procesos –por ejemplo la producción de bebidas carbonatadas-; bien para su inyección en el subsuelo; bien para su almacenamiento en contenedores como gas comprimido.

El futuro: ¿hasta cuándo?

Nada hacía presagiar un escenario como el actual cuando a comienzos del siglo XXI se dispararon todas las alarmas debido al incremento exponencial de la concentración de CO2 atmosférico –derivado de las emisiones por el masivo empleo de combustibles fósiles para producir electricidad, calor e impulsar los transportes–. Un incremento que era el principal responsable del progresivo calentamiento global y de todas las –cada vez más evidentes– consecuencias del mismo: anomalías y eventos meteorológicos extremos cada vez más frecuentes, aumento del nivel del mar, desertización, pérdida de ecosistemas, empobrecimiento de los cultivos, etc.

Por aquel entonces la situación alcanzó un punto crítico que llevó al convencimiento de que la única forma de evitar el previsible colapso del planeta era reducir de manera drástica dichas emisiones, lo que implicaba cambiar nuestros hábitos y estilo de vida por uno más sostenible, aun a costa de renunciar a algunas de las comodidades adoptadas y asumidas por la sociedad desde la época de la revolución industrial.

Y sin embargo, ahora, en pleno siglo XXII el escenario es radical y sorprendentemente distinto. La humanidad puede volver a disfrutar sin reparo de todo tipo de comodidades: los sistemas de climatización siguen funcionando a pleno rendimiento, el consumo eléctrico ha alcanzado sus máximos históricos, la gente se siguen desplazando a diario con sus vehículos particulares… todo ello alimentado por combustibles fósiles.

Todo sigue igual salvo los niveles de CO2 atmosférico que ‘milagrosamente’ se van reduciendo paulatinamente. Un ‘milagro’ que responde a la sublimación de una tecnología ideada en 2019 y que permite la permanente extracción de CO2 atmosférico que es enviado diariamente al espacio en enormes contenedores llenos del gas comprimido.

Un escenario perfecto de no ser porque en el mismo se ha colado una incómoda cuestión –o más bien una incómoda verdad– que repiquetea en la conciencia colectiva desde el mismo momento en que fue planteada por vez primera por agrupaciones ecologistas y prosostenibilidad: ¿cuándo este cambio de rumbo a mitad de trayecto, este desviarse del camino correcto de una sociedad y un estilo de vida sostenibles nos volverá a pasar factura, se volverá de nuevo contra nosotros? ¿y cómo se manifestará esta vez?

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