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Escuela de Padres Plus +. Aprender a optimizar nuestro tiempo

Vivimos en un constante desequilibrio entre el tiempo que tenemos y el que necesitamos para desempeñar todo aquello que queremos y debemos hacer. Para corregir ese desajuste, debemos ser capaces de establecer, programar y jerarquizar prioridades, con el fin de administrar de manera óptima el tiempo del que disponemos.

Obtener la máxima rentabilidad del tiempo es una destreza que se mejora de forma progresiva con la práctica
Obtener la máxima rentabilidad del tiempo es una destreza que se mejora de forma progresiva con la práctica
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Optimizar el tiempo significa ser capaces de hacer efectivas unas tareas en el menor lapso temporal posible, mediante la correcta gestión de las prioridades e importancia de las mismas.

Pongámonos en situación

Vivimos en una sociedad en la que las actividades se multiplican y nuestro ritmo de vida e implicación en todas ellas nos demandan un tiempo que, muchas veces, es difícil de repartir equitativamente. En paralelo, se han desarrollado todo tipo de distractores que ocupan buena parte del mismo y que, además, pueden realizarse desde casi cualquier lugar, especialmente por el hecho de que disponemos de conexión a internet en cualquier momento. Se produce, por tanto, un desequilibrio entre el tiempo que tenemos y el que necesitamos para desempeñar todo aquello que queremos (ocio) y debemos realizar (obligatorio). Para solucionar este desajuste, hemos de ser capaces de establecer, programar y jerarquizar prioridades, con el fin de administrar de manera óptima el tiempo del que disponemos. De lo contrario, según nuestra fuerza de voluntad, terminamos por posponer, demasiado e incluso sin fin, aquello que ya no permitía dilación, lo que puede llegar, incluso, a convertirse en una tónica habitual, en algo que por repetitivo hemos terminado de asumir.

Actuar con cierta disciplina o rigor, en este sentido, nos permitirá llegar a todo adecuadamente, con la estabilidad y tranquilidad que conlleva en nuestro día a día el hecho de ser más eficaces, tanto en el desarrollo de nuestras obligaciones como para disponer de más tiempo para nuestro ocio.

Algunas pautas de conducta

En primer lugar, debemos establecer una jerarquía en nuestras tareas pendientes: distinguir correctamente lo importante de lo urgente, teniendo en cuenta los plazos de entrega o realización de cada tarea. Esto podemos aplicarlo en el marco académico o laboral, pero también en nuestras obligaciones en general. Nos aseguraremos de que cumplimos los plazos establecidos, teniendo en cuenta la jerarquía y orden establecidos; puede ser de utilidad escribir una lista de lo que hemos de hacer, en dos columnas, para valorar de 1 a 10, su importancia, en una, y su urgencia, en la otra. A partir de los resultados, fijaremos los plazos de realización.

Dos grandes aliados en este proceso

Es posible que en el transcurso de todas las tareas nos encontremos con dificultades que nos obliguen a incorporar algunos cambios: simplemente se trata de reajustar lo que hemos establecido a la nueva situación, algo que no debe generarnos ningún malestar porque únicamente reenfocamos algo que ya estaba funcionando. En todo el proceso nos acompañarán dos grandes aliados: nuestra agenda, como herramienta más útil, y la incorporación progresiva de cronogramas que nos permitan observar el tiempo preciso para cada punto del proceso en una tarea determinada.

Obtener la máxima rentabilidad del tiempo es una destreza que se mejora de forma progresiva con la práctica; es cuestión de empezar por algo sencillo y generalista, para, después, ir focalizando y detallando más.

Programa de Escuela Activa de Fundación Piquer

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