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Sociedad

Tercer Milenio

Entrevista

María Villarroya: "En el departamento de Informática no hay ni una Pilar"

Doctora en Ingeniería Electrónica (Soria, 1977), es profesora del área de Arquitectura y Tecnología de Computadores de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura. Preside la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas AMIT-Aragón, entidad que celebra su 20 aniversario.

María Villarroya lidera a las investigadoras y tecnólogas.
María Villarroya lidera a las investigadoras y tecnólogas.
Toni Galán

¿Por qué se unieron, en 1999, las investigadoras y tecnólogas aragonesas?

Un grupo de doctorandas del CPS vieron que eran muy pocas en Ingeniería y querían que hubiera más mujeres. Decidieron asociarse y fundaron MUCIT (Asociación de Mujeres Científicas y Técnicas). Fueron pioneras, pues hasta 2001 no se creó AMIT, la asociación nacional de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, con la que luego se aglutinaron fuerzas.

¿Solo hay mujeres en AMIT-Aragón?

Actualmente tenemos 6 socios de 89 –el primero fue el rector, también hay directores de centros de investigación y catedráticos–. Hemos crecido mucho en los últimos años: hasta 2014 no pasábamos de 24 y comenzaron 7 u 8.

Celebran su 20 aniversario. ¿Estamos mejor que hace 20 años?

Un poquito mejor sí. Hemos avanzado, más despacio de lo que nos gustaría, en la plena incorporación de las mujeres al sistema en igualdad de oportunidades. En número de estudiantes de la Universidad de Zaragoza han cambiado poco las cosas. Hace 20 años en Ciencias había un 60% de mujeres y hoy hay un 50%; en Ingeniería y Arquitectura seguimos en un porcentaje de 20 y poco; y en Ciencias de la Salud, un 70%. En cátedras universitarias, se ha pasado de un 11% de mujeres a un 24%.

¿Qué les preocupa hoy?

Afrontar la segregación horizontal que hace que haya áreas con muchas o pocas mujeres, promover la diversidad de género en todos los ámbitos del conocimiento y eliminar las barreras que hacen que las mujeres no progresemos igual que los hombres.

¿Dónde están las barreras?

Hay barreras externas, por ejemplo está demostrado que no se valoran igual los curriculums de hombres y mujeres. Y también barreras internas: los miedos y prejuicios de pensar si valgo o no valgo, la carencia de referentes, el miedo al fracaso (que la sociedad penaliza más en la mujer). Nos hace falta ser más lanzadas y decididas, más seguras de nosotras mismas, por eso necesitamos más apoyos y más empuje.

Y por eso son tan importantes las redes.

El término sororidad me gusta mucho. En lugar de vernos como rivales, las mujeres tenemos que buscar apoyos, redes, impulsos. Es lo principal que me aporta personalmente estar en AMIT: una red de contactos donde consultar dudas te da seguridad para tomar decisiones, para afrontar retos, para ver que puedes. Sin una red no conoces a nadie; siempre eres ‘the only one’, y es agotador. Siempre buscas afinidad en las personas, pares, iguales. Ser muy distinto siempre es cansado.

¿Se ha sentido así?

No pero sí. He tenido apoyos personales y profesionales, así como referentes a gran escala y próximos, pero en el departamento de Informática e Ingeniería de Sistemas me conocen por el nombre de pila porque soy la única María de cien personas. Y no tenemos ni una Pilar.

¿Por qué decidieron enviar una ingeniera a cada cole?

Al analizar los datos de impacto del Girls’ Day, detectamos que, en secundaria, el 50% de las chicas ya no quieren saber nada de la ingeniería. Así que había que hacer algo antes, porque en la guardería y en infantil no hay diferencias en la motivación de niños y niñas, en el interés por tocar y manipular. 

¿Qué pasa después?

La socialización es diferente, tanto en la familia como en el colegio. Un día, mi hija de 6 años llegó a casa y dijo: “No se me dan bien las matemáticas”. Era el segundo día que resolvía sumas y restas, todas las había hecho bien, ¿de dónde sacó aquello? Aunque las matemáticas se les dan bien a las niñas, sienten que se les dan peor, se van convenciendo y no las eligen.

Hay quien sostiene que no hay por qué animar a las chicas a estudiar ciencia o ingeniería, que estudien lo que quieran, que es incluso coartar su libertad o que puede ser contraproducente en las jóvenes tratar de motivarlas.

Estoy parcialmente de acuerdo. Tienes que elegir libremente estando en igualdad de condiciones para elegir. Teniendo confianza en ti misma, sabiendo que tus resultados son igual de buenos que los de los hombres, teniendo referentes de personas que han hecho esto antes que tú, y conociendo en qué consiste lo que vas a hacer. La ingeniería ayuda a la sociedad; algo que nos gusta a las niñas y a las mujeres, y eso no se sabe.

Un problema grave es la falsa creencia de igualdad. Si no vemos el problema, parece que no existe.

Lo vemos entre el alumnado de la EINA. Queremos creer que a mí no me va a pasar, que valorarán mi curriculum igual que el de mis compañeros, que si valgo saldré adelante.... y vemos que hay sesgos en la evaluación, distinta atención en las tutorías, que las propuestas que te hacen no son iguales... Sin hablar de las empresas, que les pagan distinto a ellas porque negociamos distinto los sueldos.

La maternidad no es el problema pero también afecta porque quienes cogen las jornadas reducidas o flexibles, quienes prefieren no viajar o evitan reuniones a última hora del día son las mujeres. Hay que cambiar la cultura de la empresa y de las instituciones, un proceso lento. Cuando las mujeres son minoría, hay menos sensación de necesidad de estos cambios porque es 'otra vez' ella, con nombre y apellidos, quien pide que no se convoquen reuniones a las seis de la tarde.

¿Hay discriminación por ser mujer en el entorno académico?

En mayo de 2018 hicimos una encuesta a las alumnas de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura, que respondió el 10%, y nos preocupa mucho el resultado porque un 40%, ante la pregunta de si han sentido esa discriminación responden “sí” o “es posible”. En un campo libre la encuesta relatan casos de profesores que aún les preguntan qué hacen en Ingeniería si “no es para mujeres”. Es muy preocupante que esto siga ocurriendo. Cuentan también que, al hacer una pregunta en clase, a ellas les dan respuestas breves y básicas, mientras ven que las preguntas de sus compañeros se responden más extensamente.

Faltan vocaciones, pero casi es peor el hecho de que muchas mujeres abandonan la carrera científica por el camino.

Apenas hay datos estudiados. Hay muchos abandonos y también muchas doctoras e ingenieras en puestos técnicos o en secundaria porque quieren estabilidad, que en el mundo universitario o de la investigación está cada vez más difícil. Quiero hacer un estudio precisamente de la edad de acceso a los puestos y a las cátedras. La competitividad y la tensión por las pocas plazas crea un estrés que no es sano ni para las personas ni para la ciencia. 

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