Despliega el menú
Sociedad

EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA FAMILIAS

Cómo decirles a nuestros hijos que ha muerto un ser querido

Para los niños menores de 5 años, la muerte es algo provisional y reversible. Será pues necesario ser pacientes para explicarles una y otra vez lo ocurrido y lo que significa.

Ante una noticia de esa envergadura, cualquier reacción es posible: enfado, tristeza, desesperación…
Ante una noticia de esa envergadura, cualquier reacción es posible: enfado, tristeza, desesperación…
Freepik

Cuando un niño pierde a un ser querido debe comunicarle la noticia la persona más próxima a él y lo antes posible. Es fundamental elegir un sitio tranquilo y privado. Hemos de tener presente que tan importante es lo que vamos a decir como nuestra actitud, tono, gestos y expresión. Si nuestras emociones afloran no debemos tratar de evitarlas. Ser honestos y hablarle sobre lo que sentimos, le permitirá expresarse libremente a él también. Para los niños menores de 5 años, la muerte es algo provisional y reversible. Será pues necesario ser pacientes para explicarles una y otra vez lo ocurrido y lo que significa. Es su mente, la persona que ha muerto sigue comiendo, respirando y existiendo, y se despertará en algún momento para volver a llevar una vida completa. A estas edades, se lo toman todo al pie de la letra. Es mejor, pues, decirles que alguien ha muerto que usar expresiones como "se ha ido" o "lo hemos perdido", que pueden alimentar su miedo a morir o a ser abandonados y crear más ansiedad y confusión.

algunas pautas a seguir:

Con sinceridad: es aconsejable dar la noticia explicándole de forma sencilla que la persona no ha sufrido. No debemos tener miedo de hablar de la muerte con los niños, no debemos dejarles fuera del proceso de duelo por un afán de sobreprotección.

No apartarlos de la realidad: no hay que apartarles de la realidad que se está viviendo, con el pretexto de ahorrarles sufrimiento. Incluso los más pequeños son sensibles a la reacción y el llanto de los adultos, a los cambios en la rutina de la casa, a la ausencia de contacto físico con la persona fallecida. Es decir, se dan perfecta cuenta de que algo pasa y les afecta. 

En pocas palabras: conviene explicarles cómo murió el ser querido. Aunque, mejor con pocas palabras.

Llorar no es malo: hemos de permitir que expresen sus emociones sin juzgar sus actos. Ante una noticia de esa envergadura, cualquier reacción es posible: enfado, tristeza, desesperación… Han de entender que llorar no es malo y debemos dejar un resquicio de esperanza, asegurándoles que, tras el lógico periodo de tristeza y duelo, recordaremos las cosas bonitas que compartimos con esa persona y que, aunque siempre la extrañaremos, llegará el día en que volveremos a estar felices.

Mitigar sus preocupaciones: debemos animarles a que hagan preguntas. Solo así despejaremos sus dudas y mitigaremos sus preocupaciones sobre la muerte. Es fundamental escucharles y dedicarles tiempo.

Observar y ayudarles: también hay que observar sus reacciones emocionales y ayudarles a identificarlas.

Participar en los actos de despedida: pueden participar en los ritos funerarios, si ellos quieren, explicándoles previamente qué es lo que van a ver. Y, si piden ver el cadáver, no se le debe negar. Tomar parte en estos actos puede ayudarles a comprender qué es la muerte y en el proceso de duelo.

Un ambiente familiar positivo: tras la pérdida, debemos apuntalar un ambiente familiar positivo, alimentando su seguridad y autoestima, con constantes muestras de afecto, sin perder de vista la disciplina en sus tareas y horarios, por supuesto.

Evitar las expresiones trágicas: y, por supuesto, no es aconsejable decir delante de los niños cosas como: "Yo también me quiero morir" o "¿qué va ser de nosotros?".

Por: Isabel Reich Oliván. Asociación Aragonesa de Psicopedagogía

Etiquetas
Comentarios