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Sociedad

Tercer Milenio

Congreso de Comunicación SOcial de la Ciencia

Divulgadores de la ciencia en evolución

Si echamos la vista atrás en el camino de la evolución humana, veremos que quien termina sobreviviendo es el ‘mono popular’, quien es querido y tiene muchos hijos. También a los comunicadores, reunidos en el VII Congreso de Comunicación Social de la Ciencia, nos gusta ser queridos y populares, evolucionar en nuestras formas de llegar al público, para lo que es imprescindible también reflexionar, como hicieron las 133 mujeres y 82 hombres que presentaron 186 comunicaciones y 30 pósteres en el encuentro celebrado en Burgos.

Visita al yacimiento de Atapuerca durante el Congreso de Comunicacion Social de la Ciencia celebrado en Burgos.
Visita al yacimiento de Atapuerca durante el Congreso de Comunicacion Social de la Ciencia celebrado en Burgos.
Universidad de Burgos

Falta cultura científica, pero también cultura mediática y democrática en una sociedad donde se multiplica la información falsa y el periodismo se mezcla peligrosamente con la publicidad. Esta fue una de las conclusiones del Congreso de Comunicación Social de la Ciencia celebrado en Burgos del 9 al 11 de octubre.

El valor de las fuentes protagonizó uno de los debates, en un momento de "sobresaturación informativa, de muerte entrópica porque hemos saturado el sistema", describió Carolina Moreno, profesora de la Universidad de Valencia. "Necesitamos información ordenada, estructurada, porque la sociedad no diferencia, no tiene formación mediática", dijo. Hasta tal punto no saben qué es el periodismo que "se quejan cuando una información no incluye la opinión del autor".

Antonio Martínez Ron, Carolina Moreno, Laura Chaparro y Michele Catanzaro, moderados por Pampa García (en el centro), en el Congreso de Comunicación de la Ciencia celebrado en Burgos
Antonio Martínez Ron, Carolina Moreno, Laura Chaparro y Michele Catanzaro, moderados por Pampa García (en el centro), en el Congreso de Comunicación de la Ciencia celebrado en Burgos
Universidad de Burgos

El periodista científico Michele Catanzaro lo tiene claro: solo hay futuro para los medios "si aportan algo más que lo que hay en las redes sociales: credibilidad, profundidad, priorización y temas propios, más allá del periodismo reactivo que solo sigue los embargos de las publicaciones científicas que dictan qué es la actualidad". Es "un tema de democracia, donde los medios de comunicación son una pieza clave. Nos jugamos mucho más que un negocio", aseguró. "Sin una base de honestidad intelectual no vamos a ningún sitio". Y alertó sobre el peligro de "diluir las fronteras entre promoción e información periodística, que aprovecha la incultura de un público que desconoce la existencia masiva de estos contenidos".

Noticias falsas

A Maldita.es "llegan cada día 250 wasaps con temas para chequear; no son ‘fake news’ -advierte Laura Chaparro, al frente de Maldita Ciencia-, sino desinformación pura, bulos o noticias falsas", que campan por nuestros móviles "por motivaciones económicas (conseguir más clics), ideológicas (desprestigiar políticamente) o por pura maldad". En su opinión, en el público hay muchas dudas "porque estamos muy vulnerables, hemos perdido el ancla, el referente, y no sabemos de dónde vienen las cosas". Desde su web, han llegado a explicar que por el picotazo de un mosquito no puedes quedarte embarazada, "cosas muy locas, que no podemos dar por hecho que son burradas porque hay gente que se las cree".

Pero no todo es cuestión de formación. Más de la mitad de los españoles (52,7%) cree que la homeopatía funciona. Y lo más sorprendente es que, según la última encuesta de Percepción Social de la Ciencia de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, son las personas con mayor nivel de estudios las que más confían en estos productos. "Falta pensamiento crítico y cultura científica", señala Chaparro. Para Moreno, "este no es un problema de los medios de comunicación, sino de la sociedad".

El periodista Antonio Martínez Ron pidió desprestigiar las ideas erróneas, pero no a las personas. En su opinión, "llevamos tantos miles de años contando historias de buenos y malos, que es fácil colarnos historias fuera de contexto, basta que sean coherentes y autoconcluyentes". La gente se las cree "sin pensar si se refieren a hechos reales o no". Él mismo, para celebrar el Día de los Inocentes de hace unos años, creó un bulo en su blog ‘Fogonazos’ sobre ‘la gran mentira de Stonehenge’ que circuló por medio mundo. Pero, bajo este "bombardeo de información falsa que nos cuelan y de historias propagandísticas que obedecen a intereses, las ‘fake news’ son lo mejor que nos ha pasado a los periodistas: ahí está el ‘New York Times’, que ha aumentado su número de suscriptores. Habíamos perdido prestigio y el buen periodismo se valora ahora más".

En cuanto a las redes sociales, cree que "no es tan grande la burbuja; la gente no solo sigue a quien opina igual que él; la televisión, la conversación con tu cuñado, el entorno inmediato, tienen más peso que las redes sociales".

Moreno apuntó que tenemos que conseguir que "las redes sociales no nos fagociten; dominarlas para llegar a otros públicos, no a los de siempre". Y vaticinó que "el periodismo emigrará a otros sectores y veremos a grandes profesionales trabajando dentro de los grupos de investigación, contando historias de ciencia".

De la batalla por los ‘followers’ a comunicar desde la humildad

No todos los divulgadores están de acuerdo ni enfocan del mismo modo su trabajo, menos aún en medio del ruido que generan a veces unas redes sociales llenas de "youtubers, influencers y otras rockstars de la divulgación", como se tituló otra de las mesas de debate del congreso. Mientras Javier Peláez, cofundador de Naukas.com, cree que "todos los que comunicamos ciencia queremos influir porque, si no, escribiríamos un diario", Marta Macho, matemática en la Universidad del País Vasco y editora del blog ‘Mujeres con ciencia’, piensa que "tenemos que informar y comunicar; de influir, nada", ya que "lo importante es el mensaje, no el mensajero o mensajera". Le molesta "que haya gente engreída que cree que tiene poder", cuando lo que hay que hacer es "acercar la ciencia a la gente no experta de forma agradable y humilde, explicando sin reñir ni ridiculizar. Sin decir: ‘Yo soy el ‘divulgator’, lo mío es dogma y te lo cuento’, porque la ciencia es revisable". Peláez criticó que "el mundo de la divulgación se haya empeñado en llevar la ciencia a quienes no les interesa, como testigos de Jehová a la hora de la siesta, porque nos estamos olvidando de la gente a la que le gustan los eventos científicos".

Acercándose a los dos millones de suscriptores en su canal ‘Quantum fracture’, el físico José Luis Crespo constató que los más jóvenes ya no buscan en Google sino en Youtube, donde cada comunicador es, "de alguna manera, un medio de comunicación". Y, "ya que existe un canal con dos millones de seguidores que dice que pi es igual a 3, hay que combatir fuego con fuego". En su caso, vive de ser ‘youtuber’ desde hace dos años y está a punto de contratar a otra persona.

Para Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona, el problema de los nuevos formatos es que "banalizan más al ser más instantáneos y que información y opinión se mezclan sin avisar", por lo que prefiere mayor densidad de contenido. Marián García, ‘Boticaria García’, señaló que cada cual tiene su nicho y su público, aunque "hoy la gente está en Instagram, que es una red muy absorbente y perversa y donde hay mucho postureo". En su opinión, básicamente "las personas se creen a otras personas", más que a un perfil institucional.

El triunfo del mono popular

Tomando prestadas palabras de Gabriel Celaya, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga declamó en la conferencia de clausura que "la ciencia es un arma cargada de futuro" porque "no hay nada más poderoso que una idea. Y la ciencia produce ideas que transforman el mundo". Cada descubrimiento plantea infinitas posibilidades y la sociedad decide cuáles abre. "No hay ciencia inocente, en el sentido de neutro o apolítico –aseguró–, ya que todo descubrimiento tiene consecuencias: que se lo digan a Francis Mojica cuando descubrió el mecanismo CRISPR que hoy puede usarse para modificar el genoma humano".

El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, durante su charla
El paleontólogo Juan Luis Arsuaga, durante su charla
Universidad de Burgos

Arsuaga planteó que la paleontología tampoco es ajena al debate político, de las ideas, pues, al estudiar lo que ocurrió hace millones de años, se pregunta también sobre el futuro de la humanidad.

Con los acordes de ‘Así habló Zaratustra’, de Richard Strauss, como fondo, ese mono que blande un hueso en la primera escena de la película ‘2001. Una odisea en el espacio’ se convierte "no solo en cazador, sino en un asesino". En estos momentos, una exposición del Museo de la Evolución Humana de Burgos pone en paralelo la película y cuanto ocurría el azaroso año de su estreno: 1968. La película justamente mostraba una teoría científica de moda entonces: que la evolución humana comenzó cuando nuestros antepasados aprendieron a matar a sus presas y a matarse entre sí.

Aquel 1968, la guerra del Vietnam vivía la ofensiva del Tet y eran asesinados Robert F. Kennedy y Martin Luther King. Acontecimientos que, a los jóvenes estudiantes como era entonces Arsuaga, "nos hacían pensar que los seres humanos no tenemos remedio". Eso refleja la primera escena de la peli: que "la violencia está en el origen, que es constitutiva del ser humano". Y, como entre ciencia y público hay mediadores –por ejemplo una película o una música–, enlazó con teorías científicas como la del ‘killer ape’, el mono asesino, de Raymond Dart, "que atribuye a esta agresividad la clave de que nos convirtiéramos en la especie dominante, incluso plantea que fue el uso de armas de hueso lo que hizo que nos pusiéramos de pie. Haber cogido el camino de caza, de la violencia, sería el motor de la evolución humana, de todo lo que nos diferencia de los grandes simios".

¿Superhombres? 

Millones de años después, le sorprende ver que haya quien asuma que, en el futuro, habrá dos tipos de seres humanos: la modificación genética dará lugar a superhombres, individuos superiores que podrán competir con las máquinas, mientras el resto de la humanidad queda destinado a la irrelevancia. "Pensábamos que, tras los horrores del nazismo, habíamos aceptado al hombre como es – dice–, pero ahora se venden por millones libros que preconizan el ser humano modificado genéticamente, como ‘Sapiens’ y ‘Homo Deus’, de Yuval Noah Harari". Estas ideas de coger las riendas de la evolución humana le suenan a eugenesia. Además, "¿quién define ese ser humano mejor?", se pregunta. "No tenemos un ideal de ser humano hacia el que dirigir esas modificaciones". Y alertó del peligro de esas "sociedades planificadas, con un programa que se impone, en lo biológico y lo cultural. La mejora genética es para veterinarios, para que las vacas produzcan más leche".

Hoy, continuó, "no creemos en la teoría del mono asesino, sino en el cerebro social. Somos el resultado de la competición social. Que gana no tanto el mono asesino, sino el mono popular, quien tiene más amigos que enemigos, quien es querido y tiene muchos hijos. Descendemos de antepasados muy sociables".

En 1968, mandamos astronautas a explorar la Luna y nos descubrimos a nosotros mismos: desde allí, la Tierra se ve como nuestra casa común, sin fronteras
En 1968, mandamos astronautas a explorar la Luna y nos descubrimos a nosotros mismos: desde allí, la Tierra se ve como nuestra casa común, sin fronteras
NASA / William Anders

Y aquel calendario del 68 pasó otra página y vimos la foto de la Tierra ‘amaneciendo’ sobre el horizonte lunar, tomada por William Anders el día de Nochebuena, durante la misión del Apolo 8 a la Luna. "En medio de todas aquellas noticias de asesinatos y guerras que nos hicieron pensar que la nuestra era una especie enferma –recordó Arsuaga–, ese clic histórico transformaba nuestra visión del mundo y de nosotros mismos. Creó la conciencia planetaria, al ver nuestro planeta como nuestra casa común, sin fronteras, y nos dio esperanza en un planeta y una humanidad mejores".

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