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Proyectos que aúnan ciencia ciudadana y salud

Son ya muchas las personas que trabajan en proyectos de ciencia ciudadana haciendo posible que la investigación avance en aspectos relacionados con la salud y el medio ambiente.

La salud interesa a todos
La ciencia ciudadana hace posible la colaboración activa de muchas personas -científicos y científicas ciudadanas- en investigación médica
Pixabay

¿Hay algo más importante que la salud? Para muchas personas no... y para la mayoría de la gente es, al menos, uno de los aspectos más importantes de la vida. Además, no solamente nos importa la salud propia, sino la de nuestras familias y, en general, aunque no nos afecten directamente: epidemias, intoxicaciones, enfermedades endémicas, genéticas, infecciosas, enfermedades raras, lesiones causadas por catástrofes naturales…, la lista puede alargarse, como todos sabemos. En nuestras latitudes podemos acudir a los especialistas - en centros de salud, hospitales...-, quienes proporcionan remedio, o al menos alivio, a nuestras dolencias. Junto a ello, reclamamos las necesarias políticas que hagan posible un sistema sanitario robusto, así como el fomento de la salud pública por distintas vías: educación, infraestructuras, protección ambiental ...

Y quizá somos conscientes del inmenso trabajo científico y tecnológico que hay detrás de cada diagnóstico y de cada tratamiento… Alguna vez, quizá, pensamos con admiración y gratitud -virtudes sociales que cohesionan las sociedades humanas- en las personas y grupos de investigación, desconocidos para la mayoría de nosotros, que hacen posible la mejoría de nuestra salud. Y cuando nos encontramos con algún problema que todavía no tiene solución, deseamos que ‘alguien’ descubra ‘algo’...

En ciencia ciudadana las cosas no son muy diferentes. Cada vez hay más proyectos y más ciudadanos -en este caso fuera de la academia o de las instituciones- interactuando con la ciencia no solo como beneficiarios sino como coprotagonistas de la investigación: informando, aportando su experiencia y sus conocimientos -sobre síntomas, entornos, problemas comunitarios-, aportando datos, o interpretándolos. Y, como en la ciencia profesional, la mayoría de nosotros desconocemos que son decenas, o cientos, o miles de personas quienes trabajan en proyectos de ciencia ciudadana haciendo posible que la investigación avance, en particular en aspectos relacionados con la salud y el medio ambiente.

Por eso, desde el Observatorio de la ciencia ciudadana en España, proyecto de Ibercivis realizado en colaboración con la FECYT-Ministerio de Ciencia, Universidades e Innovación, hemos querido dedicar la campaña temática de octubre al tema ‘ciencia ciudadana y salud’. Entre otras actividades, el pasado lunes 7 de octubre tuvo lugar un coloquio 'online' (un #CitSciChatEs) sobre este tema. El objetivo: dar a conocer algunos de los proyectos que aúnan ‘ciencia ciudadana y salud’ y debatir acerca de sus resultados, posibles obstáculos, y beneficios tanto científicos como sociales.

Los panelistas que participaron en esta sesión fueron: María Grau Magaña, médico especialista en Medicina Preventiva y doctora en Salud Pública, investigadora en el IMIM, quien trabaja actualmente en el Proyecto Compass de ciencia ciudadana, a través del cual evalúan la usabilidad de una app para controlar los factores de riesgo cardiovascular. En su proyecto se conecta ciencia y educación, en particular en enseñanza primaria, haciendo converger objetivos diversos y necesariamente complementarios. Concepción de Linares representó a Planttes, proyecto de ciencia ciudadana que informa sobre plantas alergénicas y su estado fenológico: a través de una app el ciudadano ayuda a crear un mapa del nivel de riesgo de alergia (flor cerrada: riesgo inminente, flor abierta: máximo riesgo, con fruto: no hay riesgo). Alejandro Sánchez de Miguel, astrofísico, líder del proyecto de alcance nacional e internacional ‘Cities at night’ investiga, junto a miles de ciudadanos la contaminación lumínica, a través de la clasificación de fotografías (cerca de medio millón) tomadas desde la estación espacial internacional que la NASA  pone a disposición pública. Esta clasificación permite crear mapas de contaminación lumínica en distintas áreas y ciudades del mundo y obtener correlaciones con diversos parámetros ambientales y de salud humana. Mari Carmen Ibáñez, desde Ibercivis y en colaboración con IPE-CSIC, coordina el proyecto nacional 'Vigilantes del aire', replicando y escalando el estudio AirBezen de la Universidad de Amberes realizado en 2014, y que fue ya adaptado en 2017 en Zaragoza, como 'Vigilantes del cierzo'. El objetivo del proyecto es determinar la calidad del aire que respiramos, barrio por barrio y calle por calle, usando plantas de fresas como mini-estaciones medioambientales. Tanto ‘Cities at night’ como ‘Vigilantes del aire’ cuentan este año con la colaboración de FECYT-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. La quinta panelista fue Carmen Serrano, periodista de ciencia, especialmente en temas de salud en Tercer Milenio y Diario Médico, y gran conocedora de la ciencia ciudadana, colaborando con Ibercivis en esta misma sección y en reuniones nacionales de expertos.

Una conclusión es clara: la ciencia ciudadana hace posible la colaboración activa de muchas personas -científicos y científicas ciudadanas- en investigación médica. La variedad de proyectos es enorme, las capacidades requeridas también, los resultados ya se miden en publicaciones científicas y en beneficios sociales. Quizá solo falta potenciar más y más esta metodología. En ello estamos.

Maite Pelacho trabaja en la Fundación Ibercivis y realiza su investigación doctoral en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

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