Sociedad

Tercer Milenio

Aquellos maravillosos inventores

George Westinghouse Jr. Un viaje en tren con destino a la primera central hidroeléctrica

Hoy mismo resulta difícil imaginarse nuestro día a día sin algunas de las numerosas y variadas innovaciones que aportó Westinghouse, como los frenos que hicieron más seguro el transporte ferroviario y, sobre todo, el impulso al uso de la corriente alterna.

Dos trabajadores junto a un alternador Westinghouse en la central de Ames, en Colorado, en una imagen de 1891
Dos trabajadores junto a un alternador Westinghouse en la central de Ames, en Colorado, en una imagen de 1891

Inventor y empresario tan prolífico como visionario; George Westinghouse Jr. (6 octubre 1846, Nueva York-12 de marzo de 1914, Nueva York) ha sido señalado como uno de los principales impulsores de la increíble y vertiginosa transformación que experimentó EE. UU. a caballo entre el siglo XIX y el XX y que llevó al país a pasar de ser una sociedad eminentemente agrícola a una potencia industrial. Aunque, probablemente, el mayor reconocimiento a su figura es que, ya inmersos en pleno siglo XXI resulta difícil imaginarse nuestro día a día sin algunas de las numerosas y variadas innovaciones, inventos y contribuciones efectuadas por Westinghouse.

La trayectoria de Westinghouse estuvo marcada desde el principio por la figura de su padre. George Sr. fue un resuelto granjero que, tras aprender de forma autodidacta carpintería y mecánica, estableció una tienda de reparación de maquinaria agrícola donde también modificaba y fabricaba nuevos equipos para mejorar la eficacia de las labores agropecuarias, llegando a patentar siete de estos nuevos ingenios o modificaciones. De tal suerte que el negoció rápidamente prosperó, lo que le permitió dotar a su familia de una confortable estabilidad económica.

Fue en el verano de 1859 cuando su hijo George Jr., que hasta ese momento había demostrado poca disposición para los estudios y al que sus profesores consideraban un vago redomado y un caso perdido, empezó a trabajar en la tienda paterna. Allí, su padre la asignó las tareas más ingratas y básicas, como barrer y fregar los suelos del establecimiento. A pesar de ello, George Jr. encontró tiempo y ganas para desarrollar un nuevo motor rotatorio que patentaba con solo 15 años. El primer gran indicio de lo que estaba por venir. Sin embargo, este logro no alteró el estricto planteamiento de George Sr. para con su hijo. De hecho, según relatan diversas fuentes, un día y tras dar permiso a todos los demás empleados para que se fuesen a sus casas, al joven George le impuso la tarea de cortar una enorme pila de tuberías de metal en fragmentos de igual longitud, sin ningún objetivo en concreto. Un extenuante trabajo que le podría haber llevado varias semanas pero que George Jr. resolvió en unas pocas horas al idear un ingenioso sistema que empleaba un torno accionado a vapor.

No es de extrañar que, cuando en 1861 se declaró la Guerra Civil americana, el joven George corriese a alistarse en el bando unionista, aun a pesar de no tener la edad mínima. Cuando se descubrió el engaño fue enviado de nuevo a su casa y al taller paterno, donde tuvo que aguantar otros dos años hasta que, en 1863, ya con los 17 cumplidos, por fin pudo enrolarse en las fuerzas de la Unión. Y, un año más tarde, su solicitud de ser incorporado a la Marina como ingeniero asistente era atendida gracias a su capacidad y talento como mecánico. No obstante, al finalizar el conflicto no le quedó más remedio que retornar al hogar y, a regañadientes, atender a los deseos de su padre para retomar los estudios. Apenas aguantó tres meses antes de abandonar la escuela, independizarse e iniciar su carrera como inventor.

Un nuevo sistema de frenado automático

Y el primer campo en el que volcó su atención fue el ferroviario. Durante su época en el ejército había podido constatar la importancia y el papel crítico que jugaba el transporte por tren en América y en la consecución del plan nacional aprobado para la industrialización del país. Así, en 1867 inventaba y patentaba un sistema que permitía devolver los trenes descarrilados a las vías; y también un nuevo interruptor o intercambiador ferroviario más fiable y resistente. Pero su primer gran invento, que iba a catalizar el resto de su carrera, llegó al siguiente año, al desarrollar un nuevo sistema de frenado automático con frenos de aire comprimido, que patentaba el 13 de abril de 1869, y que suponía una revolución. Hasta ese momento, los trenes frenaban de forma manual. A bordo de cada convoy viajaban uno o varios encargados de frenado que, a la señal del maquinista, procedían a activar los frenos de cada vagón, saltando de uno a otro, para accionar la correspondiente manivela o palanca. Un sistema del todo ineficaz, ya que el procedimiento debía iniciarse varias decenas de kilómetros antes de llegar al punto de destino –el concepto de frenado de emergencia era ciencia ficción-; y no pocas veces los frenadores no se percataban del aviso del maquinista. Además, la de encargado de frenos era una profesión de riesgo que se cobraba unos cinco mil operarios al año

Lo que hizo Westinghouse fue diseñar un sistema de conducciones que conectaba un tanque de aire comprimido central con los frenos de cada vagón y que podía operar el propio maquinista desde su cabina. De tal forma que, cuando el maquinista frenaba, los frenos se activaban de forma automática. Mejor aún, el aire comprimido no empujaba los frenos, sino que los mantenía 'separados', de modo que, en el caso de producirse una fuga, los frenos se bloqueaban por defecto y el tren se detenía, en lugar de perderse su control.

Años después, Westinghouse aplicaría este mismo principio a los primeros coches, ideando un amortiguador de aire comprimido que minimizaba los efectos de los baches y las irregulares pistas por las que se circulaba y hacía la conducción más suave, confortable y segura. En la actualidad muchos vehículos montan suspensiones de aire comprimido inspiradas en dicho sistema.

Tras inventar el nuevo sistema de frenado, Westinghouse tuvo una idea aún más brillante: crear la primera de sus compañías: la Westinghouse Air Brake Company, dedicada a su fabricación y comercialización.

Tras desarrollar los sistemas para que el tráfico ferroviario fuese más seguro y rápido, Westinghouse centró sus esfuerzos en perfeccionar los sistemas de control remoto de los señalizadores y los intercambiadores de vías. Algo que logró adquiriendo las patentes de algunos sistemas, que sumó a sus propias ideas e invenciones. Y de nuevo, en 1881, creaba la Union Signal and Switch Company para fabricar estos dispositivos y montarlos en los trenes y redes viarias de todo el país.

Finalmente, en 1893 el Congreso de EE. UU. aprobaba el acta que imponía el uso del sistema de frenado de Westinghouse en todos los ferrocarriles. Lo que constituía un seguro para la creciente fortuna amasada por el inventor y empresario. No en vano, el sector ferroviario fue el principal impulsor de su fortuna merced a los más de 300 inventos patentados en el mismo. Sin embargo, no fue, ni mucho menos, el único campo que concitó su atención, interés y atrajo su visión empresarial.

De hecho, ya en 1883 aplicó su conocimiento y experiencia sobre los fluidos comprimidos para inventar un tipo de válvula para las conducciones de gas de natural que reducía la presión a la que éste era liberado. En el plazo de apenas dos años, obtenía 38 patentes para equipamiento de tuberías, con las que iba a convertir al gas natural -y su bombeo desde grandes estaciones a través de tuberías- en una fuente de energía segura para los hogares.

Fue mientras trabajaba en los sistemas de control remoto ferroviario cuando Westinghouse se convenció de que la corriente alterna (AC) era mucho más funcional que la corriente continua o directa (DC), ya que permitía transmitir señales a mucha mayor distancia. Pero aún tenía que convencer al resto del mundo de que la AC no era peligrosa, tal como afirmaba el otro gran gurú tecnológico de la época en América, Thomas Alva Edison. A partir de entonces Westinghouse volcó todos sus esfuerzos y recursos en el aún por explorar y explotar mercado de la energía eléctrica y más en concreto de la corriente alterna.

La primera central hidroeléctrica 

El primer paso, en 1882, fue adquirir las patentes de los generadores y transformadores de corriente alterna ideados por Lucien Gauland y John D. Gibbs; para, tras estudiarlos en detalle, mejorarlos y hacerlos evolucionar. Dos años después, en 1884, creaba la Westinghouse Electric Company, una corporación que incorporaba sus restantes compañías; dedicada fundamentalmente a fabricar y comercializar todo tipo de equipamientos y aparatos eléctricos accionados por corriente alterna y que se iba a convertir en el buque insignia de su imperio. Sin embargo, aún iba a necesitar otros cinco años para perfeccionar un dispositivo que permitiese emplear la corriente alterna en los hogares y de forma segura. Un ambicioso objetivo para el cual no reparó en gastos y esfuerzos: contrató a los más destacados inventores y científicos del momento, encabezados por Nikola Tesla, para construir el equipo necesario. 

Generadores de la primera central hidroeléctrica de corriente alterna a gran escala del mundo, creada en 1895 en las cataratas del Niágara
Generadores de la primera central hidroeléctrica de corriente alterna a gran escala del mundo, creada en 1895 en las cataratas del Niágara

La culminación a todo ello llegó con la puesta en marcha de la primera central hidroeléctrica del mundo, que aprovechaba la ingente energía liberada por la caída del agua en las cataratas del Niágara para producir la electricidad con la que alimentar, de forma segura, todos los sistemas y hogares de la ciudad de Buffalo, a 35 km de distancia, en lo que suponía un récord de distancia entre la fuente y el destinatario.

Durante ese periodo la Westinghouse Electric Company libró una dura batalla con la otra gran corporación eléctrica del momento, la General Electric Company de Edison por el control del suministro eléctrico. Hasta que, en 1896, ambas compañías alcanzaban un acuerdo histórico por el cual la General Electric adquiría el derecho para aplicar muchas de las patentes de su competidora. En los albores del nuevo siglo, la corporación de Westinghouse se contaba entre las más importantes de Norteamérica, con más de 50.000 empleados. Hasta que el denominado pánico financiero de 1907, una tremenda crisis financiera que afectó a toda la nación, llevó a la Westinghouse Electric Company a la bancarrota. Un seísmo que dejó una profunda huella en su fundador, quien por entonces contaba ya 62 años y que le llevó a tomar la decisión de desvincularse de la corporación en 1911. Aunque no la abandonó a su suerte. Así, durante los siguientes tres años, hasta el momento de su fallecimiento, repartió sus esfuerzos entre el servicio público y reflotar la compañía.

Miguel Barral Técnico del Muncyt

Esta sección se realiza en colaboración con el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología

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