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Sociedad

Tercer Milenio

¿Por qué me pasa?

Por qué me rasco incontrolablemente la piel cuando me pica (a pesar de que solo empeora las cosas)

Los científicos investigan los secretos del picor y de cómo reaccionamos ante él.

Muchas veces rascarnos solo agrava la intensidad del picor
Muchas veces rascarnos solo agrava la intensidad del picor
Renee Grayson

Comer y rascar, todo es empezar, sentencia el refranero. Tanto si el desencadenante es un brote alérgico como si el picor lo origina un mosquito clavándonos despiadadamente su aguijón. Con una pega importante, y es que muchas veces rascarnos solo agrava la intensidad del picor. Incluso puede dañarnos la piel. Investigadores de la Academia de Ciencias de China han descubierto dónde reside el mecanismo cerebral que nos hace cometer este error garrafal.

La culpa, según sacaban a la luz en la revista 'Nature' el año pasado, la tiene un pequeño grupo de neuronas situadas en las profundidades del cerebro, en una región llamada sustancia gris periacueductal. Que también participa en la modulación del dolor y en los instantes en que nos quedamos literalmente paralizados por el miedo. En teoría estas neuronas hacen que nuestros dedos rasquen como posesos porque, hiriendo ligeramente la piel, fomentan respuestas inmunes que pueden ayudarnos a eliminar a las sustancias agresoras. Sin embargo, en la mayoría de los casos acaba convirtiéndose en la pescadilla que se muerde la cola. Y el picor crece y crece.

Yan-Gang Sun y sus colegas han demostrado que cuando nos rascamos para intentar combatir la picazón se activan ciertas neuronas que producen un neurotransmisor llamado glutamato y un neuropéptido llamado taquiquina 1. Si la producción de taquinina 1 se bloquea, el incontrolable deseo de rascar se atenúa hasta casi desaparecer. Sun atisba ya en estos resultados la primera piedra para un futuro y definitivo tratamiento contra los picores.

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