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La fama de Madrid

Carlos Arniches, Tomás Bretón, Francisco Sancha,Joaquín Xaudaró...grandes nombres que hicieron de Madrid lo que es y que no eran de allí.

‘Quitando moños’, una ilustración de Xaudaró de 1912.
‘Quitando moños’, una ilustración de Xaudaró de 1912.
HA.

Madrid, la flamante Villa y Corre de los españoles, tiene unas señas de identidad inconfundibles. La manera de hablar y de comportarse sus habitantes, sus aficiones, su gastronomía, su música y mil detalles más definen exactamente su tipismo. Pero a este respecto queremos destacar una circunstancia en verdad curiosa. Y es que muchas de las personas que más contribuyeron a conformar esta imagen no eran nacidas en Madrid.

En lo que se refiere al mensaje, el principal responsable de este llamativo casticismo verbal fue el autor teatral, sainetero para más señas, Carlos Arniches (Alicante, 1866- Madrid, 1943) . Las expresiones hiperbólicas y el gracejo de los personajes de sus novelas y zarzuelas (‘El santo de la Isidra’, ‘El pobre de Valbuena’, ‘La fiesta de San Antón’…) hicieron fortuna, prendieron en el pueblo y hoy perviven como ejemplo indiscutible del madrileñismo ("Yo soy de Madrid, ¿o no ‘me’ se nota?")

El importante capítulo gastronómico lo escriben a diario desde sus acreditados fogones unas cuantas tabernas de reconocido prestigio. Todas ellas tocan todos los palos de la cocina típica madrileña, si bien cada una con su ‘especialidad de la casa’. Son ellas: ‘La Bola’ de remota ascendencia onubense (¿1870?) (cocido de tres vuelcos); ‘Casa Ciriaco’, fundada en 1923 por Ciriaco Muñoz, gallego él (gallina en pepitoria); y ‘Casa Lucio’, fundada por Lucio Blázquez, nacido en Serranillos (Ávila) en 1933 (huevos rotos). Todos estos guisos, pero en ambientes más ‘finolis’, los ofrece también el famoso monumento culinario que es ‘Lhardy’, histórico establecimiento con marcada influencia en las sociedades madrileña y española. Fue fundado en 1839 por el restaurador-repostero francés Emile Huguenin Lhardy (Montbéliard, 1808- Madrid, 1887).

Si nos fijamos en la música, Ruperto Chapí (1851-1909) es el autor de esa joya del género chico titulada ‘La revoltosa’, modelo de majeza madrileña, cuyo inmortal preludio ha sido calificado como ‘la sinfonía de Madrid’. Chapí era natural de Villena, Alicante. En la misma línea está Tomás Bretón (1850-1909), autor nada menos que de esa otra zarzuela que inmortalizó el costumbrismo de Madrid y que se llama ‘La verbena de la paloma’ considerada todo un símbolo de sí mismo por el pueblo madrileño. Tomás Bretón nació en Salamanca. Otro ejemplo representativo del más puro casticismo madrileño fue Olga Ramos (1918-2005), la mujer que mejor supo manejar el típico mantón de Manila bailando el chotis (madrileñismo derivado a su vez del escocés ‘schottisch’(danza social centroeuropea a la que en Viena se quiso atribuir origen en un baile escocés). Doña Olga nació en Badajoz (Extremadura).

El lápiz de Sancha

La clase más humilde de la sociedad madrileña (cocheros, mozos de cuerda, menestrales, criadas, soldados rasos, verduleras, guardias municipales...) fue magistralmente retratada por el lápiz del prestigioso pintor y dibujante Francisco Sancha (1874-1936), cuyo peculiar estilo convirtió a toda esa ‘gente’ en una espléndida galería de tipos de sabor inconfundible. Sancha nació en Málaga.

Esta sociedad tuvo incluso su mascota en el gracioso perrito creado entonces por Xaudaró, icono presente (de goma, tela, de celuloide…) en muchos hogares de la época. Joaquín Xaudaró (1873-1933) fue un famoso caricaturista de la no menos famosa revista ‘Blanco y Negro’, fundada en Madrid en unión del periódico ‘ABC’ por Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio (1861-1929).

Ambos, Torcuato y Xaudaró, fueron insignes foranos, sendas luminarias que de la mano supieron renovar y convertirse en elementos imprescindibles del paisaje periodístico de la ciudad. Al primero –al decir de Unamuno– "le nacieron en Sevilla". El segundo vio la primera luz en Vigan (Filipinas).

Y así podríamos seguir citando artistas preclaros que, sin haber nacido en Madrid, contribuyeron a crear la peculiar personalidad de la ciudad del Manzanares ("el más madrileño de los ríos").

Pero la existencia de todo este universo de fecunda creatividad, en el que vemos implicados tantos y tan variados talentos, ¿cómo se explica? Sólo de una manera, reconociendo que Madrid ha sido siempre –sigue siendo– acogedor y muy hospitalarios con sus visitantes, haciendo que éstos se sientan a su vez a gusto y den lo mejor de sí mismos para forjar la fama imperecedera de la ciudad que le abrió lo brazos sin reservas.

(Jaime Esaín es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) con sede en París. "Bautizado en la Iglesia de San Antonio de la Florida (Madrid) genialmente decorada por otro visitante ilustre de Madrid, no madrileño: Francisco de Goya").

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