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Por qué una isla no puede (ni debe) acabar con el tiempo

La isla noruega de Sommar anda en ello, pero ¿realmente podrían eliminarse todo tipo de referencias temporales? ¿Vivir sin un solo reloj?

Isla de Sommar
Isla de Sommar
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“El tiempo es probablemente una de las cosas que no podemos definir (en el sentido del diccionario)”. Quien se rindió así no era alguien particularmente perezoso o poco interesado en el tema, sino Richard Feynman, el conocido y prolijo físico teórico. Sin embargo, y a pesar de no disponer de una definición (de diccionario), una isla noruega llamada Sommar ha propuesto librarse de él, eliminar los horarios y declararse como la primera zona “libre de tiempo” del mundo. Al infierno con los relojes, esos calabozos de aire.

(Este artículo no quiere caer en el 'spoiler' ni en la trampa, así que antes de seguir puede hacer un viaje temporal hasta el penúltimo párrafo y luego regresar.)

"En todo el mundo las personas sufren estrés y depresión, que están relacionadas con la sensación de no llegar a tiempo. Seremos una 'zona libre de tiempo' donde todos puedan vivir sus vidas al máximo. Nuestro objetivo es proporcionar flexibilidad 24 horas al día. Si quieres cortar el césped a las cuatro de la madrugada, hazlo", dijo Kjell Ove Hveding, impulsor de la idea, en la radio noruega 'NRK'. Porque, “para muchos de nosotros poner esto por escrito supone, simplemente, formalizar lo que hemos estado practicando durante generaciones. Cuando para la gente de la ciudad son las dos de la madrugada, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas y adolescentes nadando”. Cada persona podría aplicar su jornada laboral con flexibilidad al horario que más le interese, y la iniciativa estaría presta para ser valorada en el Parlamento noruego.

Esa estampa tiene su explicación en los ciclos de luz y oscuridad en su latitud, tan al norte. Durante 69 días entre mayo y julio viven lo que se conoce como sol de medianoche, 69 días de luz constante. Por el contrario, entre noviembre y enero viven una noche polar, una noche ininterrumpida.

Si apenas tienen referencias de luz y oscuridad, si sus ritmos no se rigen por ellas, ¿podrían eliminarse todo tipo de referencias temporales? ¿Podrían (deberían) abandonar la totalidad de sus relojes?

No parece una gran idea. Aquí, dos motivos principales:

Las consecuencias sobre la salud

Buena parte de las funciones de nuestro cuerpo están reguladas en ritmos circadianos (alrededor del día) de aproximadamente 24 horas. Nuestro 'gran reloj' es el hipotálamo, una estructura en el centro del cerebro y algo detrás de los ojos que conecta con ellos para captar la luz ambiental, el principal regulador de los ciclos. En la isla noruega, la alternancia luz/oscuridad está abolida buena parte del año, pero eso no significa que sea aconsejable el 'libertinaje horario'. Para empezar, tienen otros ocho meses donde sí hay cierta variabilidad que les convendría aprovechar. Además, hay formas de forzar los ciclos, ya sea generando oscuridad en las casas en el momento del sueño o exponiéndose a ciertas dosis de luz artificial en el 'teórico' día. Y no solo hay un reloj central, sino también múltiples relojes periféricos que se ajustan conforme a otras señales que no son las de la luz. Por ejemplo, con los horarios de las comidas. Y la regularidad es una virtud: los trabajadores por turnos tienen numerosos problemas de salud, equiparables al menos a los de los trabajadores nocturnos que viven en condiciones 'antinaturales'. No solo sufren problemas de insomnio, también tienen un riesgo mayor de obesidad, de enfermedades mentales y cardiovasculares o de varios tipos de cáncer.

“El largo desarreglo de los sentidos” suele ir mal.

La convención de la vida en un (único) universo

Aunque no haya una definición exacta del tiempo, sí que es evidente su 'necesidad'. Según Susan Sontag, “el tiempo existe para que no todo ocurra a la vez, y el espacio existe para que no todo te ocurra a ti”. Pero los habitantes de Sommar no quieren acabar con el tiempo, que inevitablemente “les sigue sucediendo”, solo con la convención de su medida. Y esa tampoco parece una buena idea. La definición de libertad parece también esquiva y su apropiación, en algunos casos, puede tornarse peligrosa.

En la arcadia sin tiempo noruega, uno debería poder ir al cine y que la película empezara al llegar. ¿De qué otra manera podría hacerse, si no hay relojes que establezcan cada sesión? Ese sería un método fantástico, pero únicamente al llegar. Después, y asumiendo la vida en comunidad, cada entrada de gente nueva a la sala supondría el reinicio de la proyección. Y una irritación creciente.

A no ser que realmente el tiempo no exista. Una de las interpretaciones de la mecánica cuántica es la de los universos múltiples, según la cual todo lo que puede suceder sucede, en un universo o en otro. En su forma más extrema, esta teoría obviaría el tiempo. Solo habría infinitos universos, estáticos en cada una de las opciones (la mayoría de ellas irritantes).

No parece ser lo que quieren en Sommar.

Un juego a seguir (y un antispoiler)

Este artículo obligatoriamente debe llegar a su fin. Ahora usted puede jugar a imaginar otras consecuencias de anular la convención del tiempo y sus horarios, sus posibles ventajas y sus inconvenientes (y los de otras convenciones). Pero antes de acabar:

Este penúltimo párrafo es el de un spoiler que, por ir prácticamente al final, deja de serlo para convertirse en información. La noticia de la isla de Sommar es falsa. Resultó ser una campaña de márquetin de un par de organismos públicos noruegos a los que se les fue de las manos. Tan de las manos que los 50.000 euros invertidos han reportado hasta el momento 13 millones de dólares en publicidad y ha sido publicada en más de 1500 medios internacionales. Ahora, Noruega ha tenido que salir a pedir disculpas y lamentar una posible pérdida de credibilidad.

Que el tiempo iba en serio, uno lo empieza a comprender más tarde.

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