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Los Jesuitas se despiden con “tristeza y gratitud” de Huesca tras cuatro siglos

La reestructuración de la Compañía de Jesús provoca que asuman nuevos destinos en Zaragoza y Gandía. La Diócesis se hará cargo de la iglesia de San Vicente el Real.

Foto de archivo del obispo Julián Ruiz oficiando una eucaristía en la iglesia de San Vicente, que estaba cedida a los Jesuitas desde 1610
Foto del obispo Julián Ruiz oficiando una eucaristía en San Vicente, cedida a los Jesuitas desde 1610.
R. G.

La Compañía de Jesús deja Huesca después de más de cuatro siglos de presencia. Una despedida que se plasmó el pasado domingo 30 de junio en una ceremonia que tuvo lugar en la iglesia de San Vicente el Real y en la que se expresó la gratitud de la Diócesis y los oscenses hacia una labor que en los últimos años habían asumido los sacerdotes Fernando de Lasala, Millán Arroyo, Carlos María Sancho y Luis Añorbe. La falta de vocaciones que tomen el relevo, pues la Compañía de Jesús les ha encomendado nuevos destinos en Zaragoza y Gandía (Valencia), hace que asuman esta vacante dos sacerdotes de la Diócesis, Daniel Turmo como rector y José Ramón Villobas, que mantendrán viva la tarea pastoral de los Jesuitas.

La Compañía llegó a Huesca en 1606, apenas 70 años después de su fundación, y su presencia ha sido constante pese a algunos paréntesis: una pragmática de expulsión firmada por el rey Carlos III en 1767 que corroboró después el Papa en el resto del mundo. Tras la vuelta, a finales del siglo XIX, y hasta ahora solo hubo otro periodo de parón durante la Segunda República. Durante este periodo han centralizado buena parte de su labor en el edificio de la calle de Sancho Abarca, que seguirá siendo un punto de encuentro de grupos y asociaciones cristianas.

Desde 2012, Fernando de Lasala ha sido el responsable de la comunidad en Huesca y asume la marcha con una mezcla de “tristeza y gratitud” por los años de labor. “La querencia de la Compañía de Jesús hacia Huesca está clara y es histórica”, ha explicado. “Hay un momento en que se piden refuerzos y nos dicen que no los hay y que nos tendrán que ayudar otros sacerdotes de otras comunidades. Nos pusimos a buscar y no aparecieron los subsidios necesarios, así que los superiores decidieron que no había otra salida”, ha añadido De Lasala.

Desde que a finales del año pasado, las muestras de afecto recibidas han sido constantes, “de personas ancianas y no tanto que nos recuerdan con mucho cariño. Son momentos tristes y difíciles, la acogida ha sido perseverante por parte de todos los oscenses. Cuando no hay fuerzas hay que saberse retirar, lo que es todo un arte”. Fernando de Lasala recuerda con cariño el aprendizaje que se lleva: “Soy un acérrimo defensor de la religiosidad popular, del alma de un pueblo que ha de ser escuchada. La gente llena la iglesia de sentido y eso hay que saberlo ponderar”.

Considera De Lasala que “Dios no nos deja solos, y el nuevo rector, Daniel Turmo, es una persona joven a la que hay que desear mucha perseverancia y salud. Eso depende muchísimo de los oscenses. Le hemos dejado la iglesia como la recibimos y ahí queda seguir el camino de la religiosidad del pueblo”.

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