Sociedad

DERECHOS SOCIALES

Orgullo necesario: aragoneses cuentan sus años de lucha por los derechos LGTB+

Se cumple medio siglo de los disturbios de Stonewall (EE. UU), que iniciaron el movimiento de gays, lesbianas y transexuales. Aragoneses de diversas generaciones recuerdan la dura lucha por los derechos y la necesidad de protegerlos

Aiden Saiz, Conchi Arnal, Juan Diego Ramos, Miryam Amaya y Pedro Roger, activistas del colectivo LGTB+
Aiden Saiz, Conchi Arnal, Juan Diego Ramos, Miryam Amaya y Pedro Roger, activistas del colectivo LGTB+
Heraldo

Escribía Luis de Castresana en su libro ‘El otro árbol de Guernica’ que la revolución comienza como una tormenta de verano. Primero cae una gota, a la que nadie hace caso, después llega el primer trueno y el agua cae en cascada. La lucha por los derechos de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales (LGTB+) empezó también con una gota, aunque la tormenta llevaba décadas fraguándose. La gota fue una redada policial la noche del 27 al 28 de junio de 1969 en la taberna Stonewall de Nueva York. El trueno, la rabia acumulada de drag queens y transexuales que plantaron cara a la Policía y protagonizaron la revuelta. La lluvia, torrencial e imparable, tuvo lugar las semanas posteriores, cuando el colectivo protagonizó, por primera vez en la historia, multitudinarias marchas para exigir la igualdad social, económica y legal.

Guardan aún el recuerdo de la represión en Aragón veteranos de la lucha por los derechos LGTB+ como Miryam Amaya Jiménez, que formó parte de la primera manifestación del colectivo en Barcelona, en 1977, o Conchi Arnal, que creó la primera asociación de lesbianas en la capital aragonesa y ha marchado durante décadas para exigir respecto e igualdad. Han tomado el testigo a lo largo de los más de 40 años de lucha en Aragón activistas como Juan Diego Ramos, en Zaragoza, o Pedro Roger, en Huesca y se ha sumado en los últimos años una generación de jóvenes muy comprometida, de la que forma parte el zaragozano Aiden Saiz.

Miryam Amaya: "Me planté y me dije que jamás me dejaría doblegar"

Miryam Amaya formó parte de la primera manifestación LGTB+ en España, en 1977 en Barcelona
Miryam Amaya formó parte de la primera manifestación LGTB+ en España, en 1977 en Barcelona
ARANZAZU NAVARRO

Miryam Amaya se define como "transexual, gitana y activista" y muestra su orgullo al recordar que"tanto en Nueva York como en Barcelona encabezamos la manifestación las transexuales. El rechazo era evidente, pero la marcha se produjo sin problemas. Había mucha prensa internacional, claro, y la orden era no intervenir. Pero al día siguiente, cuando los periodistas ya no estaban, llegaron las represalias. Todas acabamos por una razón u otra en la cárcel, todavía estaba en vigor la ley que permitía detener a los que vestían de mujer o eran sospechosos de ser homosexuales. Pero estábamos unidos y a la mañana siguiente íbamos a la vía Layetana, donde estaba la comisaría, a aplaudir y recibir a quienes habían sido detenidos". Y asegura haber estado "en todas las comisarías de la ciudad, detenida, agredida, insultada. Yo era entonces menor de edad y al principio me asustaba, hasta que me planté. Hasta que dije basta y me prometí que no me dejaría doblegar".

"Te colocaban frente a un ventilador al que echaban gas pimienta. Les divertía ver cómo te ahogabas"

Fue una noche en la que la detuvieron en Barcelona por llevar una chaqueta de lentejuelas y sombra en los ojos. "En comisaría, te colocaban frente a un ventilador al que echaban gas pimienta. Les divertía ver cómo te ahogabas. El maltrato era sistemático. Pero más dolían los insultos y aquella noche se metieron con mi raza. Que bastante tenía con ser gitana, que era la vergüenza de mi gente. Algo se movió en mi interior y me elevé. No sobreviví, me elevé y entendí que no necesitaba su aprobación ni la del resto de la sociedad. Que yo era Miryam Amaya Jiménez y siempre tendría el apoyo de los míos:mi familia, mis amigos, mi gente». Más allá de los tópicos, el entorno gitano de Amaya siempre respetó su sexualidad, "entendieron desde el principio que yo era una mujer, que no era un chico. Se dicen muchas historias de gitanos anclados en el pasado, pero mi entorno era del siglo 23 comparado con la España de la época".

El testimonio de Miryam Amaya está recogido en el libro ‘La doble transición’, de Raúl Solís, que se presentará en otoño en Zaragoza y que cuenta la historia de las únicas ocho supervivientes de aquellas primeras marchas. "Puedes figurarte lo dura que era nuestra vida si solo estamos vivas ocho de aquellas tantas luchadoras. Entonces, para un transexual no había sitio, pero ahora tampoco lo hay. Pueden aprobar leyes de matrimonio o contra la discriminación, pero la sociedad entera nos margina: a la hora de encontrar un trabajo, de alquilar una casa... Continúan las agresiones, como la del pasado 23 de mayo en un bar en Zaragoza. Ha aumentado la hipocresía, la dictadura de lo políticamente correcto".

Conchi Arnal: "Nunca he dado un paso atrás porque amar no es delito"

Conchi Arnal fundó la primera asociación de lesbianas en Aragón y es activista por los derechos de la mujer y del colectivo desde hace 40 años.
Conchi Arnal fundó la primera asociación de lesbianas en Aragón y es activista por los derechos de la mujer y del colectivo desde hace 40 años.
Raquel Labodía

Las marchas por el orgullo, como la que tuvieron lugar el pasado viernes en distintas localidades aragonesas o la semana que viene en Madrid, son más que una fiesta. Son la demostración de que aquellos que sobrevivieron sacaron fuerzas para continuar y manifestarse, orgullosos de sí mismos. Conchi Arnal, a sus 68 años, recuerda la primera marcha del colectivo en Aragón, en la Zaragoza de los ochenta. "Sería por el 87 y salimos unas 15 personas. Nada que ver con las marchas de ahora, porque por aquel entonces la homosexualidad era un estigma que podía afectar a toda tu vida. Algunos salimos a cara descubierta; otros, asustados, con temor a agresiones, llevaban la cara tapada... Pero salimos y nunca jamás nos volvimos a quedar en casa".

La lucha de Conchi Arnal por los derechos de la mujer y del colectivo LGTB+ fue recompensada el pasado año, cuando el Ayuntamiento de Zaragoza la nombró Hija Adoptiva de la ciudad. "Nací en Tánger y me crié en Alemania, donde emigraron mis padres. En Alemania me empapé de reivindicación y a los 11 años me recuerdo parando un tranvía en una manifestación contra la subida de precios del transporte. Después, me casé con un español y vinimos a vivir a Zaragoza. Era 1973. Hasta que me enamoré de una mujer y me di cuenta de quién era yo en realidad. Tal era ese amor, tan feliz me sentía, que nunca lo oculté. No podía concebir que un sentimiento tan puro tuviera que ser ocultado", recuerda. La decisión le costó un amargo divorcio y un juicio en el que perdió la custodia de sus hijos. "El juez me dijo que yo no era merecedora de ser madre, que no podía criarlos. Pero yo no di un paso atrás. Levanté la voz en ese juicio para decir que el amor es lo importante y que yo estaba enamorada de una mujer. Y que, si la ley consideraba que yo no podía tener a mis hijos, no era yo quien debía cambiar. Era la ley la que estaba equivocada».

"Si la ley consideraba que yo no podía tener a mis hijos, no era yo quien debía cambiar. Era la ley la que estaba equivocada"

Con su pareja, Conchi Arnal abrió la cafetería La Pluma, en la zona de la Magdalena, en Zaragoza. "No era un bar de gays y lesbianas, era un espacio abierto para todos. Pero en aquella época no era fácil mostrar los sentimientos. Si querías tomar de la mano a tu pareja o darle un beso solo podías hacerlo en determinados establecimientos. Nosotras quisimos que nuestro bar fuera un lugar seguro, alegre, sin ninguna connotación sórdida. Todos en el barrio nos conocían, lo que demuestra que la sociedad podía ser más abierta, que solo tenía que conocer para poder aceptar".

Pedro Roger: "En el mundo rural todavía hay mucha represión"

Pedro Roger, presidente de Hu-Entiende, apoya al colectivo en el mundo rural
Pedro Roger, presidente de Hu-Entiende, apoya al colectivo en el mundo rural
José Luis Pano

Pedro Roger, de 51 años y de Tamarite de Litera (Huesca), dice que en una gran parte de los pueblos "durante décadas todo ha sido tabú y, de alguna manera, lo sigue siendo. No se ha aceptado la sexualidad. Digamos que no les ha quedado más remedio que acostumbrarse". Hu-Entiende, colectivo LGTB+ de la provincia de Huesca del que Roger es presidente, acoge y arropa a gays, lesbianas, transexuales o intersexuales, muchos de los cuales proceden del mundo rural. "Son casos en los que chavales han sido echados de casa, otros que sufren un acoso tremendo por parte de una familia que quiere obligarles a pasar por un tratamiento psicológico o psiquiátrico. También atendemos a hombres casados que no se atreven a dar el paso, aunque su doble vida les supone una enorme carga emocional".

"Ocultar un sentimiento tan puro como es el amor desde la infancia puede traer consigo una pesada carga psicológica"

Esa doble vida pasó factura a Pedro Roger. "La sociedad te marcaba un camino correcto y otro que solo podía llevarte al abismo. Mi madre se había quedado viuda y yo me sentí de pequeño en la obligación de llevar el camino más recto posible para ahorrarle disgustos. Fue una adolescencia terrible, en la que pasé por una profunda depresión y varios intentos de suicidio. Conocí a una chica, me casé con ella a los 21 años y con 25 nació mi primera hija. Estuve así varios años, hasta que a mediados de los 90 conocí a un chico, me enamoré y conseguí al fin reunir fuerzas para aceptar la realidad". Fue un proceso largo y duro, en el que Roger se refugió en el alcohol y del que salió en 2008. "Ocultar un sentimiento tan puro como es el amor desde la infancia puede traer consigo una pesada carga psicológica. Por eso, desde Hu-Entiende llevamos a cabo una campaña en las escuelas para favorecer la visibilidad y explicar que el amor nunca debe traer consigo la vergüenza. Que tienen derecho a sentir y a ser ellos mismos».

Juan Diego Ramos: "Las leyes no bastan, no hay igualdad real"

Juan Diego Ramos, presidente de Asociación Somos LGTB+ de Zaragoza.
Juan Diego Ramos, presidente de Asociación Somos LGTB+ de Zaragoza.
Guillermo Mestre

La lucha por los derechos en Aragón ha sido lenta y todavía continúa. Tras aprobarse leyes como el matrimonio igualitario en 2004, desde la Asociación Somos LGTB+ de Aragón destacan que se ha asentado la cultura del "qué más quieren". "Parece que, porque existe una ley que permite a hombres y mujeres casarse con quien eligen, ya se han acabado el resto de problemas. Homofobia, acoso, discriminación o agresiones parecen no existir", destaca Juan Diego Ramos, presidente de la asociación zaragozana. "Desde nuestra asociación trabajamos para que la igualdad sea real y no una simple ley en un papel".

La asociación zaragozana apenas recibe apoyo económico, a pesar de dar asesoría, tramitar delitos de odio, ofrecer charlas en institutos, contar con servicios de salud, apoyo psicológico y acompañamiento. Excepto por una persona contratada a media jornada, sacan adelante todos los servicios con voluntarios. Ramos, de 40 años, recuerda lo complicado que era salir del armario (reconocer la homosexualidad) en los 90. "Sobre todo, contarlo en tu familia. Todos conocíamos a alguien a quienes habían echado de casa. Pero llegado un momento ya no nos íbamos a ocultar. No era fácil conocer a iguales, había que poner anuncios en revistas, tener algo de suerte... Por eso, el esfuerzo que hicieron los empresarios LGTB aragoneses ha de ser reconocido. Bares zaragozanos como el Paradis, el BG, Fangoria, Urano... ayudaron a crear espacios de socialización".

"Todos conocíamos a alguien a quienes habían echado de casa. Pero llegado un momento ya no nos íbamos a ocultar"

El cambio más grande, destaca Ramos, tuvo lugar a pricipios del nuevo siglo, conforme hubo mayor visibilidad, se aprobaron leyes igualitarias en España y aparecieron nuevos referentes en los medios de comunicación. "Y es de destacar esa visibilidad que tantos gays, lesbianas y transexuales llevaron a cabo y llevan ahora en su trabajo, su barrio, su día a día. La acción llama a la acción".

Aiden Saiz: "Lucharemos mientras haya agresiones y desigualdad"

Aiden Saiz, del colectivo Vision Trans, da charlas en colegios e institutos.
Aiden Saiz, del colectivo Vision Trans, da charlas en colegios e institutos.
Oliver Duch

Una visibilidad de la que, durante décadas, no ha formado parte el colectivo transexual. "Las propias Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera, transexuales que protagonizaron los disturbios de Stonewall en 1969 y que abanderaron la lucha por la igualdad de derechos fueron discriminadas en el colectivo", recuerda Aiden Saiz. A sus 19 años, forma parte de esa activa nueva generación que convoca protestas, apoya a otros colectivos y lleva a cabo charlas de concienciación en colegios e institutos. Generación que tiene muy presente la historia de Marsha y Sylvia y que recuerda que la primera fue asesinada en 1992 (la Policía cerró el caso y apenas lo investigó) y la segunda, abucheada en una marcha LGTB en 1973, cuando el colectivo "fue tomado por los hombres de raza blanca y clase media –añade Saiz–. Pero ha llegado el momento de traer a Marsha y Sylvia de vuelta, recuperar ese sentimiento de unión, de ayuda mutua. Por eso las últimas manifestaciones que llevamos a cabo desde colectivos como Vision Trans muestran la rabia, pero también la necesidad de unión".

"El orgullo fue tomado durante años por hombres blancos de clase media y se relegó al resto de minorías"

Gracias a la resiliencia de luchadoras como Miryam Amaya o Conchi Arnal, a la generosidad del colectivo, como practica Pedro Roger, a la valentía de la generación de Juan Diego Ramos, que apostó por la visibilidad, jóvenes como Aiden Saiz tienen ahora un camino, pero saben de su fragilidad. "Las primeras luchadoras fueron relegadas por ser mujeres, negras y latinas –concluye–. La sociedad solo te acepta cuando quiere, en sus términos.Pero la lucha continuará mientras una sola persona sufra el rechazo y la agresión".

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