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Hoy no es un día cualquiera

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    Hoy, Día Mundial contra el Trabajo Infantil, UNICEF da a conocer cifras aterradoras: 121 millones de niños en todo el mundo seguirán siendo víctimas del trabajo infantil en 2025, de ellos 52 millones en trabajos peligrosos.

    Este día, 12 de junio, no debería ser un día cualquiera. Debe ser un día para concienciarnos acerca de la existencia de 168 millones de niños y niñas que son víctimas del trabajo infantil. Para sensibilizarnos ante estas cifras y aunar esfuerzos para erradicar esta realidad. Desde 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) lanzó el Día Mundial contra el Trabajo Infantil.

    En 2015, los dirigentes mundiales adoptaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que incluían un renovado compromiso para acabar con el trabajo infantil. En particular, la Meta 8.7 hace un llamamiento a la comunidad internacional para "adoptar medidas inmediatas y eficaces para erradicar el trabajo forzoso, poner fin a las formas contemporáneas de esclavitud y la trata de seres humanos, y asegurar la prohibición y eliminación de las peores formas de trabajo infantil, incluidos el reclutamiento y la utilización de niños soldados, y, para 2025, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas". Millones de niños de todo el mundo se dedican a algún tipo de trabajo peligroso o en el que son explotados, por lo general a expensas de su salud y de su educación y, sobre todo, de su bienestar general y desarrollo.

    Las cifras por sectores nos ofrecen una cruda realidad, pues se comprueba que 7 de cada 10 niños en situación de trabajo infantil pertenecen al sector de la agricultura. Al leerlas, lo primero que pienso es que estos niños deberían trabajar en sus sueños y no en el campo. Más de 7 millones de niños en el mismo grupo de edad se dedican al trabajo doméstico, que se realiza mayoritariamente por niñas.

    "Cuando era pequeña, iba vendiendo por las calles. Cuando iba a trabajar, los hombres me pedían que me acostara con ellos". Así comienza el testimonio de Hadiza, de 15 años y que vive en Níger. Sus padres murieron y ella y su hermano se fueron a vivir con su abuela. Entonces, tuvo que ejercer de vendedora ambulante hasta que comenzó a trabajar como criada para un hombre, sus tres esposas y sus veinte hijos. Estos trabajadores domésticos son los que se encuentran entre los más explotados y maltratados por una serie de razones, como la discriminación, la exclusión de las leyes laborales, el aislamiento, y su naturaleza oculta. Es evidente que estos niños son los que tienen mayor riesgo, debido a su corta edad, la falta de conocimiento de sus derechos, la separación de su familia y la dependencia de su empleador. Hoy, Teruel puede contemplar esta realidad en la Exposición de Ana Palacios ‘Niños esclavos. La puerta de atrás’, que se inaugura en el Museo Provincial. Es fruto de tres años de investigación, cuatro viajes a Togo, Benín y Gabón, cinco meses compartiendo vida. A través de su mirada conocemos historias de vida, historias de maltrato, pero también de esperanza. Conocer y reconocer para así poder asumir nuestra pequeña parte de responsabilidad.

    Este año 2019, la OIT celebra cien años promoviendo la justicia social y el trabajo decente. Es pues un buen día para examinar los avances logrados a lo largo de los cien años de apoyo de la OIT a los países para luchar contra el trabajo infantil. La conclusión es evidente, pues deben seguir presionando a los gobiernos para cumplir con los compromisos adquiridos. Porque, aunque desde el año 2000 el número de niños que trabajan en condiciones peligrosas se ha reducido en más de un 50%, lo cierto es que en los últimos años la caída es más lenta. Y una vez más, la clave es la escolarización de estos niños, pues sin esta no hay futuro ni capacidad de progreso. Hoy es un día para sensibilizarnos, para hacer una llamada a través de los medios de comunicación de que existe un problema sin resolver y, por tanto, que los ciudadanos conozcamos mejor la problemática y exijamos a nuestros representantes que actúen. Es un día para que todos concluyamos que la explotación de la infancia constituye el mal más espantoso e insoportable para el alma humana y que una labor seria en materia de legislación social empieza siempre con la protección de la infancia.

    "Me llamo Kalala. Tenía 5 años cuando comencé a trabajar en las minas de diamantes". Como él, millones de niños siguen intentando ver una salida, trabajando en las peores condiciones, siendo explotados. ¿Sigues pensando que solo son una cifra?

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