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Mosca negra y mosquito tigre: prepárense para un verano problemático

La proliferación de ambos insectos amenaza con amargar el estío a los habitantes de amplias zonas de Aragón

Trabajos para la prevención de la mosca negra en el Ebro, a su paso por Zaragoza
Trabajos para la prevención de la mosca negra en el Ebro, a su paso por Zaragoza
Oliver Duch

Desde hace un tiempo, el verano lleva aparejada la aparición en gran parte de Aragón de dos inoportunos invitados: la mosca negra y el mosquito tigre. Los quebraderos de cabeza que producen van cada año a más, y este periodo estival no va a ser una excepción. En el caso del simúlido, los expertos alertan de unos meses especialmente problemáticos por varios factores.

Hoy por hoy, la mayor preocupación viene de la mosca negra. Se trata de un insecto que empezó a crear los primeros problemas en Cataluña en 1993 y que poco a poco ha ido extendiéndose Ebro arriba. En el Bajo Cinca, por ejemplo, las quejas son intensas desde hace más de diez años. En 2007 se encontraron los primeros ejemplares en el meandro de Ranillas, en Zaragoza. Con el cambio de década proliferaron ya tanto por la capital aragonesa como por los municipios del entorno. Desde entonces se han convertido casi en un problema de salud pública.

Aunque es muy raro que su mordedura desemboque en una hospitalización, la mosca negra -también conocida como simúlido y que mide entre dos y cinco milímetros- genera muchas molestias a sus víctimas, más en el caso de los alérgicos, y contribuye a colapsar los servicios de Urgencia en los meses de verano. Además, sus características la convierten en un incordio de primera: puede desplazarse hasta 15 o 20 kilómetros, entra en las casas y no solo ‘actúa’ en el amanecer y el atardecer, como los mosquitos. No pica, sino que rasga la piel.

Javier Lucientes, profesor de Patología Animal de la Universidad de Zaragoza, admite que va a ser “un verano malo” en cuanto a la mosca negra se refiere. “Ya está causando bastante molestias. Este año no ha habido grandes riadas, que limpian las algas de los ríos y mueven las piedras del fondos, donde se asientan las larvas. La primera generación surgió hace un mes, pero era relativamente pequeña; se trataba de las que habían sobrevivido al invierno. Sus hijos saldrán los próximos días y generarán muchos problemas. Además, como no se pongan medidas, quizás en julio surja otro pico importante”, alerta Lucientes.

Ahí puede haber un factor clave: en estos momentos apenas el Ayuntamiento de Zaragoza y algún municipio esporádico del entorno -también en Monegros y en el Cinca Medio- han tomado medidas para frenar la expansión de la mosca negra. “Nos hemos dormido un poco en los laureles. El control es factible, pero es muy técnico y costoso, y tiene que estar coordinado”, abunda el experto en Patología Animal.

Frente al pico actual de los simúlidos ya no hay nada que hacer, pero sí ante próximas proliferaciones. Continúa Lucientes: “Habría que coordinar algo. Al menos para evitar que más de 20.000 personas acaben pasando por Urgencias; es mucho más económico impulsar un tratamiento preventivo que tener que pagar las molestias. Y eso que hablamos de personas, porque no te digo en animales: llega a matar ovejas”.

¿Qué hacer para evitar su intimidante mordedura? Alberto Alcolea, jefe de servicio de Seguridad Ambiental del Gobierno de Aragón, reconoce que es “muy complicado” esquivar a la mosca negra. “Hay que intentar no realizar actividades en las zonas afectadas y, llegado el caso, llevar prendas que cubran todo el cuerpo. El repelente sí que sirve, para los dos. Son efectivos, pero no son cómodos, sobre todo en el caso de los niños”, valora.

En todo caso, hay que asumir que los simúlidos están para quedarse, y más debido al cambio de las condiciones climáticas que se registran en la actualidad. “Los inviernos son más cálidos, con lo que los ríos tienen unas temperaturas medias más aceptables para la mosca negra; les permite sobrevivir más tiempo y desarrollarse mejor. También influye que se ha alterado la composición de la fauna del río: los peces pequeños que se alimentaban entre otras cosas de insectos han desaparecido”, desgrana Javier Lucientes.

Pero eso no es todo: “El río lleva unas aguas menos contaminadas químicamente, pero con más nutrientes, con lo que las algas crecen más. Además, no llueve lo suficiente luego hay menos riadas, con lo que no se mueven las algas y las piedras, lo cual ha favorecido que este invierno no haya habido tanta mortalidad de larvas de mosca negra”. Para acabar, sintetiza: “Los escenarios futuros son negativos para nosotros y muy halagüeños para la mosca negra”.

El mosquito tigre, para más tarde

El caso del mosquito tigre tiene otras particularidades. Este insecto precisa de aguas estancadas para reproducirse y eclosiona más adelante. En su caso la DGA impulsa un convenio para vigilar su existencia en 24 municipios, cifra a la que se van a sumar este año otros cuatro, según señala Alcolea: Valderrobles y Calanda en Teruel, y Tamarite y Albalate de Cinca en Huesca.

Se trata de un díptero procedente del sudeste de Asia que se ha extendido por el mundo viajando en los neumáticos usados. Es más reciente: en agosto de 2004 fue detectado por primera vez en Cataluña y se está expandiendo año a año. Su picadura es muy dolorosa y puede llegar a transmitir enfermedades peligrosas, como el dengue. “Imagino que volverá a estar presente en los mismos sitios que el año pasado y a lo mejor alguna población aislada más”, dice Lucientes.

Características del mosquito tigre
Características del mosquito tigre
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La vigilancia del Gobierno de Aragón se centra en la zona que linda con Cataluña y la Comunidad Valenciana: Fraga, Monzón, Binéfar, Barbastro… “De forma puntual se encontró el año pasado en Alcañiz, Mora de Rubielos, Caspe y Mequinenza”, precisa el docente. También está presente en Zaragoza capital y sus alrededores. “Hemos empezado ya los trabajos en los cuatro nuevos municipios, mientras que en el caso de las localidades en las que se realiza un seguimiento el periodo de vigilancia va del 1 de agosto al 30 de octubre”, explica Alcolea.

El mosquito tigre no viaja tanto como la mosca: “Su radio de acción es mucho más limitado, a 100 o 200 metros de donde ha eclosionado”, dice el responsable de la DGA, quien señala que es importante evitar puntos muy concretos con agua estancada, como “zonas encharcadas, los platos de las macetas, los ceniceros, determinados juguetes o jarras con agua”. Alcolea, quien recuerda que en la web del Gobierno de Aragón hay colgada información sobre cómo actuar para prevenir, apela a la “responsabilidad individual”: “Entre todos podemos limitar su expansión”.

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