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Sociedad

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La escuela ideal. Cuando educar es una experiencia memorable

Cada día son más los docentes que nutren la llamada Red de Innovación Educativa y Social (RIES). Son los ‘adolescentes rebeldes’ de la educación aragonesa y están empeñados en cambiar el modelo educativo porque dicen que el que hay no les gusta.

Alumnos felices y motivados para aprender en valores y que toman las riendas de su propio aprendizaje, en un ambiente de inclusión plena y real.
Alumnos felices y motivados para aprender en valores y que toman las riendas de su propio aprendizaje, en un ambiente de inclusión plena y real.
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Dicen que lo que hay no les gusta, que quieren cambiarlo; que su papel es un poco como el de los ‘adolescentes rebeldes’ de la educación; que están cansadas de trabajar de forma aislada, como islas y escondidas, agazapadas, dentro del aula... Y también dicen que, aunque todo esto suene a utopía, no lo es, porque su paso es firme y, entre todas -la mayoría son mujeres-, van asentando el camino que les conduce, sin prisas pero sin pausa, hacia un modelo que educa a todos, porque todos tenemos derecho a ser educados de manera integral, sacando de cada uno de sus alumnos -que son el centro de este universo- lo mejor que llevan dentro, educando en valores y compartiendo emociones. Para que tengan ganas de aprender, para que sean felices en la escuela y tomen las riendas de su propio aprendizaje, en un ambiente de inclusión plena y real. En definitiva: hacer de la enseñanza una experiencia memorable, aprendiendo codo con codo con sus alumnos.

Para dejar de ser islas

Y así, con este ímpetu renovador, nació hace tres años la Red de Innovación Educativa y Social (RIES), de la que hoy -comenzaron muy poquitas- se nutren una treintena de docentes aragoneses de todos los niveles educativos, orientadores, terapeutas, maestras del centro de menores, familias y, si todo sigue su ritmo, hasta alumnos. Su cuartel general está en el CIFE Juan de Lanuza de Zaragoza; allí se juntan una vez al mes, para coger aire fresco y recargar ‘baterías’, para compartir ideas y experiencias pedagógicas que funcionan con éxito en otras aulas y que, luego, ponen en práctica cada uno en la suya. Y dejan de sentirse islas. Aunque su sueño, el de verdad, es que la Administración, tal vez en un futuro no muy lejano, les conceda un Centro Educativo Integrado, desde infantil hasta bachillerato y FP, en el que puedan desarrollar su proyecto educativo: "Un centro piloto de innovación, que sea como una bandera, como un faro para todos aquellos otros centros que quieran cambiar su modelo educativo", afirma Carmen Florentín.

Carmen, profesora de Lengua y Literatura en el IES Picarral de Zaragoza "es la que ha ido plantando la semillita del RIES en todas las demás", dice Rosa María Gregorio, maestra de un centro de menores; "porque en RIES, estamos todas las caras de la educación", añade.

"Si no sabemos transmitir el amor por aprender..., algo estamos haciendo mal"

Las nuevas metodologías

Clara Paniego, profesora de Filosofía en el IES Luis Buñuel, piensa que todas estas nuevas metodologías, la mayoría deudoras de la pedagogía del siglo XX y ahora tan en boga, "están muy bien", pero que tenemos que saber "adaptarlas a nuestros alumnos y a nuestro contexto"; que hay que conocerlas, experimentar, pero que, desde luego, "no son la panacea". El trasfondo, lo importante, dice Clara, es que tenemos a una personita delante y que cada una es un mundo, tiene unas vivencias, unas experiencias, un sentir en su vida. "Y hay que saber conjugar todo eso, porque nuestra labor es guiarles, hacer que sean capaces, por sí mismos, de alcanzar esa competencia tan bonita de aprender a aprender". Y esa nueva metodología, si no hemos reflexionado, si no la hemos experimentado, "no sirve".

Carmen Florentín las define "como el traje con el que cada día entras en clase, que sabes que te funciona". Pero "los valores de RIES, más que el traje, son lo que llevas por dentro". "Es el trabajo interior del profesor -continúa-, la autoeducación, saber que somos su modelo, una forma de ser y de estar". "Es más importante para un alumno el cómo entras tú en el aula, cómo le miras, cómo le preguntas cómo está, que el sujeto y el predicado o las matemáticas. Si tú le preguntas cómo está, pero de verdad, después, se creerá lo del sujeto y el predicado".

El objetivo es el desarrollo global de la persona, el autoconocimiento, la gestión de las emociones, la cooperación y superación personal
El objetivo es el desarrollo global de la persona, el autoconocimiento, la gestión de las emociones, la cooperación y superación personal
Freepik

Para Carmen, si no hay un vínculo entre las personas no aprendemos; "si no hay amor entre nosotros no aprendemo". "Porque solo aprendemos lo que amamos -añade Clara Paniego-. Y, si no sabemos transmitir ese amor por el aprendizaje, es que no estamos haciendo bien nuestro papel de educadores". "Todo esto puede sonar muy ñoño", interviene Carmen; "pero lo hemos comprobado. Llevamos ya unos años en la docencia -ella 15-; y lo que antes era un pálpito, una intuición, ahora sabes que es verdad. Y esa es la utopía: amar a todos tus alumnos -al chungo, al difícil, al sabiondo…-. ¡Os quiero a todos! -exclama-. Y ‘telita’, el trabajo que tienes que hacer, todos los días, cada mañana, antes de entrar en el aula, para estar así de motivada".

"En Aragón hay muy buenos docentes, pero necesitamos que despierten"

Asignaturas, sí, pero... de otra manera

En su modelo educativo, que, por supuesto, respeta el aspecto curricular, las asignaturas no son compartimentos estancos que ni se rozan. Al contrario, quieren que todo fluya y que el alumnado tenga una formación "holística, completa y no de cachitos y sin relación". Y han planteado un horario "por franjas", en el que cambia la forma de dar los contenidos que, ahora, sí conectan. Por ejemplo: el día arrancaría con una tutoría "real", en la que los chavales expresen cómo se sienten para empezar cargados con ilusión por aprender; otra franja iría dirigida "al pensar": "Venga, vamos a esforzarnos, vamos a comprender -dice Carmen, como si hablara a sus alumnos-; y, desde este punto de vista -continúa-, puedes abordar todas las materias; una tercera franja, definida por "el hacer", para trabajar la parte física, el movimiento, los talleres, el teatro, la música; y otra más creativa, en la que los alumnos saquen de sí lo más humano. "Y, en vez de un taller de literatura -aclara Carmen Florentín-, voy a dar un taller de creatividad, en el que estamos varios profesores trabajando con los chicos: el de plástica, el de literatura, el de música, el de francés…". En otras palabras: «asignaturas, sí, pero de otra manera».

Evidentemente, hablan de clases donde la ratio la marca el número de alumnos que el docente puede atender; con horarios flexibles, porque una clase no tiene por qué durar una hora o tener un único profesor. "Podemos coger un texto -explican- y enriquecerlo con las aportaciones de varios docentes, desde distintas perspectivas, por ejemplo-". Hablan de aulas donde los espacios son diferentes y en las que los alumnos "no tienen por qué estar haciendo todos lo mismo y a la vez", matiza Rosa, y defienden que los docentes han de adaptarse a las necesidades de cada alumno, de manera personalizada, lo que no implica bajar el listón de exigencia.

La dictadura de las notas

RIES es "flexibilidad en todo", incluso en la manera de evaluar, que ahora "es terminal y sumativa: tienes un 7 y punto -afirma Carmen-. Y la abordamos a través de la coevaluación -la nota la ponemos con el alumno- y aprendiendo de los errores". Porque, a partir del error, el niño "se va a fijar en lo que ha fallado y no lo repetirá". Pero, "si penalizamos el error, no quieres volver a ver eso en lo que has fallado y, además, lo sientes como una losa, con culpa. ¿Y quién quiere aprender así, sintiéndose culpable?". "Solo cuando seamos capaces de superar esa dictadura de las calificaciones -concluye Florentín- dejaremos de penalizar y el alumno aprenderá porque sí, por el puro placer de aprender".

Iniciativas que marcan la diferencia

El proyecto marcha. Ya han estado en contacto con el Departamento de Educación del Gobierno de Aragón y su propuesta -la Red de Innovación Educativa y Social (RIES)- ha despertado el entusiasmo y la pasión de muchos docentes, sobre todo, a raíz del último Congreso Internacional de Innovación Educativa, que se celebró en Zaragoza el pasado mes de septiembre.

Y continúan trabajando con más ilusión, si cabe, que cuando empezaron y preparándose, como equipo, para cuando llegue el gran momento: "Yo vaticino que, cuando nosotras estemos preparadas, el Departamento de Educación nos dirá: Tomad, este centro es para vosotras". Y se han ido de viaje a conocer otros centros educativos que funcionan de otra manera, como el Sins Cardener (Barcelona) o el Cartima de Málaga. También están en contacto con el movimiento asturiano, fruto de la iniciativa del propio Gobierno del Principado, que ha pedido a una comisión formada por docentes de diferentes centros un proyecto de innovación educativa. "Van a crear unos institutos con unos espacios impresionantes, adaptados a las propuestas del profesorado. Están diseñando su centro ideal, apoyados por la Administración", explican las docentes, que, además, insisten en que «no hace falta salir al extranjero para ver; en España hay muy buenas iniciativas pedagógicas y aquí, en Aragón, también, como la escuela de Sahún, del CRA Alta Ribagorza, que es una preciosidad".

Pero, de momento, RIES sigue su camino, "dando pasitos", para sustituir los timbres, las sirenas y las verjas por jardines y fuentes; para terminar con las amonestaciones, los castigos y las salas de expulsados en colegios e institutos. Porque los docentes son mediadores, guías, modelo y ejemplo para sus alumnos y para toda la sociedad, pero no de jueces.

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