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Sociedad

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Octavio Salazar: "La cuarta ola feminista es potente pero con contradicciones”

Cordobés, escritor, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba y miembro de redes feministas.

CONTRAPORTADA. Hotel Don Yo. Entrevista de contraportada a Octavio Salazar/ 27-03-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]
Octavio Salazar impartió una conferencia en Zaragoza.
Guillermo Mestre

Habló en Zaragoza de ‘Ni machotes ni princesas. Educando para la equivalencia’. ¿No utiliza el término igualdad a propósito?

El término equivalencia me gusta usarlo desde que se lo leí a la feminista Marcela Lagarde, que habla de la equivalencia de los seres humanos. Me parece más completo que el de igualdad, que puede interpretarse como una asimilación, mujeres que tienen que seguir los patrones masculinos para ser iguales a los hombres. Ser equivalentes no significa que tengamos que ser idénticos.

¿Por qué es tan crítico con los nuevos modelos de masculinidades?

Soy crítico con la idea de darnos un prestigio añadido a los hombres simplemente por cumplir como padres la responsabilidad que nos corresponde. Un hombre no merece un premio por cuidar y ocuparse de sus hijos.

Supongo que no le gustó el cartel de la vuelta de Pablo Iglesias al ruedo político.

Tremendo. Se magnificó a un líder simplemente porque había estado cumpliendo con su parte del permiso de paternidad. Luego pidió disculpas, pero a ninguna política que ha vuelto de una maternidad la hemos recibido con una banda de música.

Los padres se involucran con la crianza, pero pocos sacrifican su trabajo para ser cuidadores.

Sigue presente el modelo de pacto entre hombres y mujeres por el que a ellas se les encomiendan las tareas del cuidado. El sistema de trabajo ayuda a perpetuarlo, porque las mujeres son las peor pagadas y las que se emplean a tiempo parcial. El mal desarrollo del Estado social también contribuye. No está generalizada la educación gratuita de 0 a 3 años y la Ley de Dependencia falla por falta de recursos. A nosotros tampoco se nos ha socializado para el cuidado.

¿La solución puede ser tan sencilla como comprarle a un niño una muñeca y un cochecito?

Es un buen comienzo. A las niñas les regalamos una muñeca con el mandato claro de que tiene que cuidarla. Al niño le animamos a jugar fuera de casa y a que haga actividades dinámicas y hasta violentas. No desarrollamos en él capacidades como la empatía, la dulzura y la ternura.

Su último libro es ‘#WeToo. Brújula para jóvenes feministas’. ¿Cómo anda la juventud en cuanto a feminismo?

Estamos viviendo un momento de mucha ambivalencia. La cuarta ola feminista es muy potente pero tiene sus contradicciones. Las chicas están cada vez más convencidas de que el feminismo es una propuesta a la que tienen que agarrarse, pero luego en sus relaciones afectivas y sexuales reproducen comportamientos muy machistas.

¿Y ellos?

Los varones están perdidos, desubicados, no saben dónde situarse en este nuevo escenario. Muchos están desconcertados y reaccionan a la defensiva de manera machista. Se sienten atacados y defienden una posición de macho dominante. La mayor parte de los referentes que siguen teniendo son de hombres tradicionales, sobre todo en el fútbol y las series que consumen.

Algún referente de hombre feminista habrá.

Es complicadísimo, pero de repente te encuentras con personajes famosos que tienen algún gesto que resulta feminista. El año pasado Pau Gasol escribió una carta apoyando a las entrenadoras de la NBA. Yo pongo como ejemplo a Nadal. Le ganó a Roger Federer un partido y el suizo se puso a llorar. Nadal tuvo con él una actitud cariñosa, tierna y empática delante de las cámaras muy rara de ver. El escritor Roy Galán también tiene clara su apuesta por el feminismo. Otro caso es el cantante Alfred García, que contó en su paso por ‘OT’ sus problemas psicológicos y se comprometió con una campaña de hombres por la igualdad con un vídeo que a los minutos tenía millones de seguidores. Ahora faltaría que saliera un futbolista gay en España, sería clave.

Un árbitro sí se declaró homosexual.

En mi último libro cuento la historia del árbitro de Cádiz, pero lo tuvo que dejar por las presiones que recibía en el campo. El fútbol y el deporte en general se resisten.

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