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Operación bikini: siete aliados contra la grasa (corporal)

Los avances técnicos ayudan a remodelar la silueta, pero la dieta y el ejercicio deben ir de la mano de estos tratamientos para la pérdida de volumen.

Una sesión de lipoláser en una clínica especializada.
Una sesión de lipoláser en una clínica especializada.
Pixabay

Abril es un mes tan perfecto como cualquier otro para establecer el punto de partida de la Operación Bikini. Dicen los expertos que las buenas prácticas deportivas, alimenticias y de belleza deben observarse todo el año, pero siempre tendemos a hacer un esfuerzo extra de cara a la llegada del buen tiempo. Aunque el frente frío que se espera esta semana nos siga envolviendo en abrigos y chaquetas, pronto será la época de los vestidos, los pantalones cortos, la faldas y los bañadores. Y para cuando llegue ese momento, la tecnología, la cosmética y la dietética ofrecen todo un arsenal de productos y consejos que no está de más repasar. Aunque se debe recordar que no existen los milagros y que unos correctos hábitos alimenticios y deportivos son la base de un cuerpo saludable. Así que sí, abril es un mes tan bueno como cualquier otro para empezar a seguirlos.

Primera parada de la operación bikini, la tecnología.

Son muchos los tratamientos corporales existentes en el mercado destinados a remodelar y reafirmar la silueta, luchar contra la celulitis o mejorar el aspecto de la piel y la circulación sanguínea. Se realizan en centros especializados, aunque también existen versiones caseras de algunos aparatos de masaje, que piden a gritos una constancia que rara vez se tiene. La principal característica de todos ellos es que actúan sobre la grasa localizada y la destruyen, logrando una apariencia más firme y una reducción de volumen.

LPG, o lipomasaje, es un aparato de remodelación corporal cien por cien no invasivo, según explican Yolanda Ayuda e Isabel García, de las clínicas Láser Fusión de Zaragoza. El aparato tiene dos rodillos motorizados que el terapeuta desliza sobre las zonas a tratar para combatir la piel de naranja y remodelar la silueta. Estos rodillos, aplicados correctamente, logran romper los adipocitos, que son las células grasas, y dirigen los restos al sistema linfático para ser eliminados a través de la orina. El tratamiento logra un drenaje linfático para eliminar líquidos, mejora la circulación sanguínea, trabaja la celulitis difusa -la llamada piel de naranja- y también la grasa más enquistada o fibrada, situada a un nivel más profundo. Se puede utilizar en todo el cuerpo: brazos, glúteos, abdomen, espalda, muslos o flancos.

Criolipolisis. Este sistema fue desarrollado por científicos del Massachusetts General Hospital y de la Universidad de Harvard (Estados Unidos). Al contrario que el LPG, que se puede usar en todo el cuerpo, la criolipolisis es un tratamiento reductor más indicado para zonas localizadas. Según Ayuda y García, a este sistema le llaman la liposucción sin cirugía porque trabaja eliminando el tejido graso existente entre la piel y la musculatura. Consigue realizar una succión de todo el tejido dérmico aplicando frío hasta -7 grados, lo que provoca que la célula grasa se congele y se rompa, en lo que se denomina “suicidio celular”. El organismo reconoce entonces que esa célula está dañada y la clasifica como no apta, conflictiva y nociva, por lo que el cuerpo la elimina a través del sistema linfático. Los resultados comienzan a ser visibles a partir de los dos o tres meses tras la exposición al frío de la criolipolisis, y es necesario realizar varias sesiones para que el tratamiento sea efectivo.

Indiba. Este método, no invasivo e indoloro, produce en el cuerpo una diatermia localizada. Se trata de un calentamiento local de tejidos en una zona bajo la influencia de un campo eléctrico o magnético. Este aumento controlado de la temperatura se produce por la circulación de una corriente de alta frecuencia, que provoca un aumento de la temperatura desde el interior de las propias células. Se aplica con dos electrodos metálicos, uno de ellos se desplaza sobre la zona a tratar y el otro permanece fijo debajo de la zona a tratar. Se puede usar en todo el cuerpo, rostro incluido, y logra una reafirmación de los tejidos y destruye la grasa existente entre la piel y la zona muscular.

Introlipoterapia. Se trata de la infiltración de desoxicolato sódico, un producto que existe de forma natural en la bilis de nuestro organismo. Actúa como un lipolítico, rompiendo la barrera superficial del adipocito, que a su vez rompe su membrana, permitiendo que la grasa salga al exterior y se eliminen a través del sistema linfático. Esta técnica está recomendada para combatir la grasa localizada en zonas rebeldes, como flancos, abdomen, rodillas o cartucheras.

Carboxiterapia. Consiste en la aplicación de dióxido de carbono para que el organismo segregue catecolaminas, serotonina e histamina, todos ellos neurotransmisores que permiten la relajación del tejido subcutáneo y la dilatación vascular. El resultado es un aumento del torrente sanguíneo y, por tanto, una mayor oxigenación de la zona tratada. Como consecuencia se reduce la grasa acumulada y se logra una mayor firmeza de los tejidos.

Mesoterapia. Un clásico. El nombre proviene de la capa de la piel en la que se inyectan las sustancias, derivada del mesodermo embrionario. Consiste en tratar las zonas afectadas con microinyecciones de medicamentos, homeopatía, vitaminas, minerales o aminoácidos, que hacen posible movilizar y disolver la grasa localizada, de forma que el cuerpo la elimine posteriormente a través de la orina. Así se logra una reducción progresiva del volumen de esa zona en concreto, ya que los productos inyectados actúan directamente en el tejido adiposo, haciendo posible liberar el exceso de grasa y otras toxinas del organismo.

Cavitación. Al igual que en la crioliposilis, logra que la célula grasa se rompa ya que el aparato emite una frecuencia de ultrasonidos que logra una vibración máxima en la célula que hace que esta explote y pase a un estado líquido más fácil de eliminar. Cuando se rompe, los restos pasan al sistema linfático, y parte de esos residuos se eliminan por orina. Como contraindicación, es necesario explicar que otra parte de estos restos pasa al torrente sanguíneo, lo que puede aumentar el nivel de triglicéridos en sangre y elevar el colesterol.

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