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Proyecto europeo

Residuos tan valiosos que se pueden comer

Demasiados desperdicios alimentarios van a parar al vertedero junto a otros residuos orgánicos. El proyecto europeo Valuewaste está dispuesto a cerrar el círculo y recuperar las proteínas y otros nutrientes que, convenientemente tratados, formen parte de nuevo de alimentos para personas y animales o fertilizantes y nutrientes agrícolas. Reúne a socios de seis países y su presupuesto supera los 10 millones de euros.

Planta de separación de residuos de Cañada Hermosa en Murcia.
Planta de separación de residuos de Cañada Hermosa en Murcia.

Cada ciudadano europeo produce en promedio unos 200 kg de residuos orgánicos municipales al año. Eso significa que, en la Unión Europea, según datos de Eurostat, se producen anualmente entre 118 y 138 millones de toneladas de residuos orgánicos. Los actuales sistemas de gestión que existen en Europa –vertederos, incineración y compostaje– están diseñados como sistemas unidireccionales en los que se pierden materiales y recursos, ya que no se reincorporan a los ciclos económicos. El valor comercial anual de los materiales enviados a los vertederos está cuantificado: unos 5.250 millones de euros.

Los residuos orgánicos son fuente de materias primas con alto valor, como proteínas alimenticias y otros nutrientes

Recuperar al máximo los recursos de los residuos orgánicos generados en ciudades y pueblos es el principal objetivo del proyecto Valuewaste, en el que participa el Instituto Tecnológico de Aragón junto a otros 16 socios. Salvador Izquierdo, responsable de la Línea Tecnológica de Simulación Multifísica de Itainnova, explica que "los residuos orgánicos son fuente de materias primas con alto valor. En concreto son fuente de proteínas alimenticias y de nutrientes. Podemos ver los núcleos de población como una mina de la que extraer estos productos de valor".

No estamos acostumbrados a ver así los residuos orgánicos de nuestra basura, pero "partiendo de las proteínas y nutrientes que se extraen directamente de la materia prima, podemos obtener alimentos tanto para personas como para animales, nutrientes y fertilizantes". En nuestras ciudades, reciclamos plástico, vidrio, papel, pilas..., sin embargo, no es tan común el reciclado de residuos orgánicos. El motivo es que, indica Izquierdo, "son residuos que, tratados a gran escala, requieren procesos más complejos (por ejemplo, involucrando al ciudadano) y tecnologías más avanzadas para su reutilización".

Garantizar la seguridad alimentaria de estos productos es una de las metas de Valuewaste que, además, se propone "demostrar la viabilidad técnica y económica de tres cadenas de valor distintas para la valorización de residuos orgánicos, explorar el uso en el mercado de los productos obtenidos a partir de los residuos, recopilar información que sirva para generar políticas en torno a la revalorización de materia orgánica y generar nuevos modelos de negocio en el marco de la economía circular".

Alimentos para personas y animales, nutrientes y fertilizantes

De los residuos orgánicos urbanos se pueden extraer proteínas y nutrientes. Partiendo de ellos, "podemos obtener alimentos tanto para personas como para animales, así como nutrientes y fertilizantes", señala Salvador Izquierdo, responsable en Itainnova del proyecto Valuewaste.

¿Qué productos derivados de residuos biológicos podrían llegar al mercado? Por ejemplo, "proteínas –y también grasas, ácidos nucleicos, péptidos...– como ingredientes de alimentos", Valuewaste "evaluará los efectos nutricionales y de salud en las dietas de salmónidos y camarones en piscifactorías". Además, el fósforo y el nitrógeno "se recuperarán en forma de estruvita y sulfato de amoniaco para ser utilizados como fertilizantes en forma de gránulos y, con sales de potasio agregadas, mejorar su rendimiento". Pero la aplicación más llamativa es que proteínas, grasas (como ácidos grasos omega-6), ácidos nucleicos y derivados de ingredientes alimentarios desechados volverán a formar parte de "productos de panadería, nutrición deportiva, cárnicos, lácteos y alimentos para bebés".

El proyecto Valuewaste propone tres cadenas de valor:

-Una planta piloto de bacterias capaces de digerir el metano que, alimentadas por biometano, producirá cada año 80 toneladas de biomasa para ser fraccionada en cuatro productos principales: proteínas, péptidos, grasas y ácidos nucleicos.

-Una planta piloto de cría de mosca soldado negra, que producirá anualmente 15 toneladas de larvas secas, lo que significa alrededor de 6 toneladas de harina con un alto contenido de proteínas.

-Una planta piloto de recuperación de nutrientes del licor tras la deshidratación del digestato, con una producción final de 0,12 kg de estruvita y 1 kg de sulfato de amonio cada hora.

Las experiencias piloto de Valuewaste se llevarán a cabo en Murcia y Kalundborg (Dinamarca). En la planta de separación de residuos de Cañada Hermosa en Murcia se instalarán dos de las tres líneas de valorización.

Este proyecto, coordinado por el Centro de Tecnología para la Energía y el Medio Ambiente y con un presupuesto de más de 10 millones de euros del programa Horizonte 2020, lleva seis meses en marcha. Las plantas de cada una de las tres tecnologías que se evalúan en el proyecto ya están diseñadas a escala precomercial. Asimismo, se está analizando la situación regulatoria respecto a la comercialización de los productos derivados de estas tecnologías.

Izquierdo es consciente de que una parte fundamental es "que los ciudadanos conozcamos, en primer lugar, qué se hace con nuestros residuos y el impacto en el medio ambiente que tiene el tratamiento de los mismos. Después llegará la implicación ciudadana, a través de hábitos de consumo y en el procesado de los residuos". La concienciación ciudadana es esencial para el éxito de los desarrollos tecnológicos que se realicen.

Economía circular

La transición hacia una economía circular, donde más productos y materiales se enviarán de vuelta al ciclo económico y se mantendrán en él durante el mayor tiempo posible, constituye un paso clave hacia un desarrollo sostenible con una economía baja en carbono, eficiente en recursos y competitiva. Reintroducir en la cadena de valor productos que han llegado al final de su vida útil no solo evita los costes ambientales y económicos asociados con la extracción innecesaria de materias primas, sino que también reduce la costes ambientales y económicos asociados a la eliminación de residuos.

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