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Olga Lázaro: “La agresividad con nuestros hijos solo provoca más agresividad”

La psicopedagoga de la asociación de familias adoptantes de Aragón, asegura que se debe evitar perder el control con los hijos y que hay que tener claro que "los referentes los damos los padres".

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La facultad que asiste a los padres para poder corregir a sus hijos tiene como “límite infranqueable” la integridad física y moral de los mismos.
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Una mujer pontevedresa ha sido condenada a dos meses de cárcel por propinar dos bofetadas a su hijo. El motivo: una discusión que comenzó porque el niño, de diez años, se negaba a ducharse. No obstante, la mujer no tendrá que entrar a la cárcel sino que podrá realizar trabajos en beneficio de la comunidad o, en su defecto, podrá cumplir los dos meses en régimen de arresto domiciliario. Además, la condenada tendrá prohibido durante seis meses acercarse a más de 200 metros del menor. A raíz de esta polémica decisión de la Audiencia de Pontevedra han surgido numerosos comentarios en las redes sociales que se posicionan tanto en contra como a favor de la condena y que opinan sobre cómo debería ser una crianza adecuada. En este sentido, Olga Lázaro, vicepresidenta y psicopedagoga de la Asociación de Familias Adoptantes de Aragón (AFADA), tiene claro que “la agresividad con nuestros hijos solo provoca más agresividad”. Es por eso que, continua Lázaro, “debemos ser conscientes de que los referentes los damos los padres”.

Así, la psicopedagoga considera que las bofetadas que propinó a su hijo la madre gallega responden a una clara “pérdida de control” por parte de ella. Algo que se debe tratar de evitar a toda costa delante de los pequeños porque, además, “no podemos pedirles que se comporten como los padres no nos comportamos”. Aún así, asegura, es muy necesario que los niños estén sujetos a normas y disciplina, pero la violencia no es la forma correcta de imponerse. Según Lázaro, aunque criar a un hijo es un trabajo duro y continuo, en el que nunca se descansa, no se puede perder el control y utilizar la violencia como recurso: “Hay que educar a los niños de manera firme pero respetuosa desde el minuto cero, para evitar estos ataques de rebeldía cuando ya es más mayor y mucho más difícil de controlar”.

En eso coincide el tribunal pues el fallo recoge que “la reprensión ante una eventual desobediencia del menor nunca puede justificar el uso de la violencia que (la madre) ejerció, ni admite, bajo ninguna óptica, considerar esa actuación orientada a su beneficio”. La sentencia ya había sido emitida en julio del pasado año por el Juzgado de lo Penal número 4 de Pontevedra pero fue recurrida por la mujer alegando que su actuación debía “entenderse amparada dentro de su derecho de corrección”. Sin embargo, los magistrados han ratificado ahora que el comportamiento de la madre es constitutivo de un delito de maltrato en el ámbito de violencia doméstica.

El tribunal recuerda, asimismo, que la facultad que asiste a los padres para poder corregir a sus hijos tiene como “límite infranqueable” la integridad física y moral de los mismos.

Ante un conflicto así, añade Lázaro, en el que una discusión entre un padre y un hijo está subiendo de tono, lo mejor es separarse, relajarse y tratar de resolverlo cuando se esté más calmado. “No se puede educar desde la crispación, los ambientes crispados afectan a todos los miembros de la familia y a la larga crea consecuencias en el menor”, sentencia la psicopedagoga.

Por todo ello, lo más importante es tener buenas relaciones y respetarse los unos a los otros. Además, Lázaro añade una serie de advertencias para tratar de evitar que se produzcan conflictos de este calibre. En primer lugar hay que “descubrir cuáles son nuestros puntos fuertes y débiles en lo que a la crianza se refiere para poder mejorar lo que sea necesario”. Además, es necesario que se establezca una unidad de criterios con la pareja y seguirla de manera consecuente.

En el caso de la mujer pontevedresa, Lázaro considera probable que no fuera la primera vez que ocurría un problema así con el niño, sino que la convivencia podría estar deteriorada desde tiempo atrás. La educación no es fácil, dice, pero, ante todo, debe primar el respeto: “Si no conseguimos ser respetuosos no conseguiremos educar bien a nuestros hijos”.

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