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Aquí hay ciencia

Tras un cálido fin de invierno, estrategias científicamente probadas para no pasar calor

Este invierno se despide con el mercurio bien alto, ¿un anticipo de lo que nos deparará el próximo verano? Si crees que atiborrarte de helados, ducharte un par de veces al día con agua fría y vestir de blanco te ayudará a combatir el calor, más vale que le eches un vistazo a lo que la ciencia dice que funciona (y lo que no) cuando te propones bajar tu temperatura corporal.

Playa de la Malavarrosa (Valencia), el último fin de semana de febrero
Playa de la Malavarrosa (Valencia), el último fin de semana de febrero
EFE/Kai Försterling

‘Un invierno al revés en Europa’. ‘Invierno cancelado en el Viejo Continente’. Así describía la prensa internacional la situación climatológica de principios de marzo en España, Francia, Bélgica, Noruega y Reino Unido. Una descripción muy gráfica. Porque resulta que, en las mismas fechas en que el mercurio bajaba hasta -10ºC en 2018, este año en Londres veíamos calles atestadas de transeúntes en shorts y manga corta. Incluso decenas de personas tomando el sol a pecho descubierto a orillas del Támesis, a 21ºC. Es decir, treinta grados centígrados de diferencia respecto al año anterior. Y todo por culpa de un largo anticiclón.

Si el invierno se despide así, tan subidito de temperaturas, más vale irse preparando para el verano. ¿Cargando de cubitos el congelador? Nada de eso. Por paradójico que resulte, la mejor forma de combatir el calor extremo es darle un par de sorbos a una taza de té bien caliente. Según demostraron no hace mucho científicos de la Universidad de Ottawa (Canadá), consumir una bebida caliente te hace sudar la gota gorda. La respuesta es tan exagerada, que el sudor (y su evaporación) hace descender la temperatura corporal mucho más de lo que aumenta por el contacto con el líquido ardiente. Eso sí: solo funciona si el calor es seco. En ambientes excesivamente húmedos, el remedio no sirve de nada.

¿Y qué hay de los helados? ¿Son una buena alternativa? Están ricos, no cabe duda, pero refrescar no refrescan tanto como parece. Aunque podría parecer lógico pensar que introducir un alimento frío en el estómago reduce de inmediato la temperatura, ese efecto se disipa rápido. Y como es un alimento bastante calórico, la digestión que requiere acaba aumentando la temperatura corporal.

Vale, entonces, llegados a este punto, solo nos queda el consuelo la clásica ducha de agua fría, ¿verdad? Pues tampoco. Es más, ducharse con agua helada puede ser contraproducente cuando el calor aprieta. El motivo se explica en dos brochazos. Cuando la temperatura corporal sube, el único modo que tiene el cuerpo de bajarla es incrementar el flujo de sangre en la piel y romper a sudar. Si ante el sopor bajamos bruscamente la temperatura de la piel, el flujo de sangre en la superficie disminuye. Y claro, mantenemos todo ese calor que nos asfixia atrapado dentro de nuestro cuerpo. Al final, la temperatura central aumenta, que es justo lo contrario de lo que pretendíamos.

¿Ropa oscura o clara?

Otro mito a desmontar es el de la ropa blanca. En teoría, el calor se lleva mucho mejor si nos vestimos con tejidos claros. Entonces, ¿por qué los beduinos del desierto visten de negro? ¿Acaso desconocen esta regla básica? A un grupo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv (Israel) les llamo la atención el asunto y decidieron investigar. Después de darle muchas vueltas llegaron a la conclusión de que el calor que retiene la ropa negra de un beduino se disipa mucho antes de llegar a la piel. Y que, además, la ropa negra absorbe el calor del sol, cierto, pero también atrapa el calor que desprende nuestro cuerpo. Es más, hay estudios que indican que, en las palomas, las plumas blancas permiten que lleguen a la piel más radiaciones de onda corta que las plumas negras. Dicho de otro modo, al sol una paloma blanca pasa más calor que otra oscura.

Lo que sí contrarresta las temperaturas asfixiantes es llevarse a la boca un taco bien cargado de chile o un plato de curry indio. La comida picante está cargada de capsaicina, una molécula que estimula los termorreceptores de la boca. Comiendo picante, el cuerpo interpreta que hace mucho calor, y rompe a sudar rápidamente, antes incluso de que los alimentos lleguen al estómago. Y, como ya hemos repetido hasta la saciedad, sudar hace que la temperatura corporal se desplome.

La moda que viene: vestir plástico refrigerante o nanotubos de carbono

Cuando se trata de afrontar el calor, la tecnología también sale en nuestro auxilio. Hace un par de años, ingenieros de la Universidad de Stanford (Estados Unidos) crearon un material plástico ‘low-cost’ que, en contacto con la piel, hace que la temperatura descienda hasta 4ºC más que usando ropa de algodón. Lo que hace especial este tejido es que permite que se escape el calor sobrante que emite el cuerpo en forma de radiación infrarroja. Según sus creadores, usarlo en la industria textil podría reducir drásticamente el uso de aire acondicionado en espacios cerrados.

Más prometedor aún parece el último invento de Yu Huang Wang y sus colegas de la Universidad de Maryland (Estados Unidos): un tejido que te refresca o te calienta en función de la temperatura y las condiciones climáticas a las que te enfrentas. La fibra que han ideado está hecha de hilos recubiertos con nanotubos de carbono, un tipo de material conductor muy ligero. Cuando el tejido se expone a la humedad de un cuerpo que suda, las fibras se deforman y se arriman unas a otras, abriendo los poros de la tela. Al aproximarse entre sí los nanotubos de carbono, se produce un acoplamiento electromagnético que permite que la tela emita radiación infrarroja. De manera que, antes de que notemos sofoco, el calor ya se ha escapado. En ambientes fríos sucede todo lo contrario: las fibras se separan, los poros se reducen, el frío no entra y la radiación térmica queda retenida bajo la tela.

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